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La sombra del viajero: Presencia de Nietzsche en la filosofía de Carlos Astrada.

Carlos Astrada da a la imprenta su libro Nietzsche, profeta de una edad trágica hacia fines de 1945. Biografía intelectual, exposición de los núcleos conceptuales del pensamiento nietzscheano e interpretación de explícitas proyecciones ético políticas, el ensayo astradiano se inscribe bajo los múltiples registros que atravesaban la vida de su autor, de la cátedra universitaria y la pluma académica a la tribuna política y el ensayo de intervención pública.

Dieciséis años después ve la luz una segunda edición de la obra astradiana. A los mínimos ajustes de estilo se suma una
serie de importantes modificaciones: varios párrafos añadidos y un número nada desdeñable de supresiones, dos capítulos nuevos en la mitad del libro y un extenso capítulo final. El cambio de título y la moderación en el tono de algunos pasajes expresan la torsión que Astrada ha dado a su pensamiento: Nietzsche, profeta de una edad trágica se convierte, en 1961, en Nietzsche y la crisis del irracionalismo.

El interés de Astrada por Nietzsche no principia en 1945. Tampoco en 1943, cuando le dedica un artículo y una disertación radiofónica a su figura y a aspectos de su pensamiento —“Nietzsche, filósofo de la vida” y “Ruptura con el platonismo”, respectivamente, que incluimos en el presente volumen a modo de apéndices—, ni en 1939, cuando pronuncia un ciclo de tres conferencias bajo el título de “Presencia y significado de Nietzsche”. Los primeros rastros de Nietzsche en la obra astradiana hay que buscarlos antes, en los escritos pertenecientes a su período juvenil, «vitalista» (1). En ese momento inaugural, Nietzsche es más una secreta inspiración que un objeto de estudio preciso, a diferencia de lo que ocurrirá hacia la década de 1940. Presencia escurridiza, entonces, que en pocas ocasiones obsequia al estudioso contemporáneo el lujo del nombre pronunciado, y que aparece mediada por otros autores, que la lectura astradiana emparenta con motivo de una serie de problemas metafísicos y ético-políticos: Max Stirner y Jean-Marie Guyau —cultores de la potencia y el despliegue de la vida, sin importar si el pensamiento del primero se resolvía en la apoteosis egoísta del Único y el del segundo en la búsqueda de una convivencia universal que pedía armonía, solidaridad y amor como modos de expandir la vitalidad—; Søren Kierkegaard y Miguel de Unamuno —quienes han intuido el hondo misterio del Absoluto y la trágica trama de la existencia, que descansa sobre un fondo de dolor insobornable, y que rechazan, como Nietzsche, todo sistema filosófico, toda posibilidad de apresar la singularidad de la vida en las seguras mallas del concepto—; Georges Sorel —quien destacó la importancia del «mito» en la conformación de un grupo humano, y cuya filosofía política apuntaba a incentivar un heroísmo capaz de subvertir el sentido declinante y decadente de una civilización dominada por la hipóstasis de la razón—; Georg Simmel y José Ortega y Gasset — lectores de Nietzsche ellos mismos, que plantearon, en la senda del filósofo de Röcken, la dialéctica, irresoluble para uno y con posibilidades de redención para el otro, entre la «vida» y sus «formas».

El joven Astrada despliega una concepción del ser humano cuyos rasgos distintivos son la finitud y la inmanencia radicales, una filosofía para la cual las manifestaciones de las potencias creativas del hombre están por entero atravesadas por la historicidad. El centro orbital de su pensamiento lo constituye la categoría de «vida»: las distintas «formas» u objetivaciones culturales —filosofía, ciencia, arte, religión, ética, política— son productos de la vida, en ellos se plasma y a ellos irriga mientras le son favorables para su desenvolvimiento. Astrada reconoce que trascender las formas que le son contemporáneas, a las que considera ya caducas, implica trascender el modo de producción capitalista y el modo de vida que éste ha configurado. Ello supone, al mismo tiempo, «vitalizar» la cultura, volver a colocar las diversas formas culturales al servicio de la vida. El culto a la «vida», la «voluntad» y el «impulso vital» redunda en esta época en una celebración de lo moviente, de la creación, de las posibilidades siempre abiertas que brinda la acción (2). Más que la búsqueda del nombre Nietzsche, o incluso de nociones a él asociadas —que no faltan, ni el uno ni las otras: el diagnóstico de la «muerte de Dios» y la postulación de un «sentido de la tierra» a conquistar; el «renacimiento del mito» y la «tragedia» como los signos de una nueva época que se abre paso; el «filisteísmo» de los devotos de la «diosa Razón»; la patria como «tierra de los hijos»; la zarathustriana apelación al «instante» en que la vida, henchida de sí, se plenifica en la aspiración del retorno—, lo que debe destacarse al mentar la presencia nietzscheana en la obra temprana de Carlos Astrada es una suerte de figura «rectora» que traza una orientación y tono general, la sombra de un viajero que lo acompaña a lo largo de toda su singladura juvenil y de la cual ya no se desprenderá durante el resto de su trayectoria intelectual (3).

En su madurez, influido por el Heidegger de Ser y tiempo, Astrada realiza un pasaje a la filosofía «existencial». Ello lo conduce a una indagación profundamente personal, que recorta sus perfiles sobre su trayectoria previa. El «existencialismo» astradiano tiene un marcado acento en sus proyecciones prácticas, ético-políticas, y está volcado por entero sobre la vida histórico-fáctica, las concretas condiciones materiales en que el ser humano se halla inserto y su relación con el mundo natural —a partir de la ciencia y sus aplicaciones técnicas. Será fundamental el temprano acercamiento que Astrada realiza entre Heidegger y Karl Marx —a partir de la historicidad, la unidad gnoseológica y ontológica de sujeto y objeto, la dimensión colectiva de lo humano y la primaria orientación práctico-teleológica del Dasein como ser-en-el-mundo— y entre Heidegger y Hans Freyer —a partir del análisis, en clave de sociología filosóficamente fundada, de las «estructuras ónticas» que configuran el mundo contemporáneo: el Estado, la técnica y la economía capitalistas. En la reconstrucción astradiana de las modificaciones en la sensibilidad del hombre contemporáneo que posibilitaron la aparición de la filosofía existencial —a la que reconoce como la «filosofía de nuestra época»—, Nietzsche tiene, junto a Kierkegaard y Schelling, un papel anticipatorio y «precursor». Se comprende así la idea general que estructura Nietzsche, profeta de una edad trágica, escrito al promediar su etapa madura: en Nietzsche pueden encontrarse los anuncios más radicales de un pensamiento prospectivo que coloca al ser humano concreto como principio y fin de toda acción y toda cultura.

En su período tardío, finalmente, Astrada morigera su entusiasmo por la figura de Nietzsche. Destaca las limitaciones del «irracionalismo» frente al proyecto de la Razón dialéctica, que reconoce en Hegel y Marx sus encumbrados exponentes. Enjuicia críticamente el individualismo nietzscheano, de matriz aristocrática, y enfatiza la necesidad de pensar la emancipación en clave colectiva y popular (4). No obstante, y a diferencia de otras visiones marxistas de la época, Astrada lee como un verdadero dialéctico: Nietzsche es una estación ineludible en el pensamiento occidental. Su contribución decisiva y profunda a la conciencia contemporánea radica en la vigorosa crítica de todos los valores —filosóficos, morales, religiosos— que deprecian la vida e impiden el acrecentamiento de las posibilidades del ser humano. Tal es el sentido general de Nietzsche y la crisis del irracionalismo, la reedición de su obra sobre el filósofo de Röcken. El imperativo nietzscheano de «permanecer fieles a la tierra» es el principal aspecto asimilable de una filosofía afirmativa, que irriga la cosmovisión astradiana final: el humanismo activista de la libertad inspirado por Hegel y Marx.

NOTAS

1. Existe un consenso general en torno a la existencia de tres períodos en la obra astradiana. El primero de ellos, «vitalista», se extendería entre los años 1916 y 1927, esto es, desde el primer texto conocido del autor, “Unamuno y el cientificismo argentino” (1916) hasta su viaje a Alemania a raíz de la obtención de una beca por el ensayo “El problema epistemológico en la filosofía actual” (1927). En su estadía europea, hasta 1931, se produce el encuentro determinante con el pensamiento de Martin Heidegger, que ese mismo año publica Sein und Zeit [Ser y tiempo], su obra señera, y a cuyos cursos Astrada asiste. Se abre con ello un período maduro, caracterizado por un pasaje hacia la fenomenología y la «filosofía existencial». Su libro La revolución existencialista (1952), finalmente, oficia de bisagra entre los períodos maduro y tardío. Este último —que se extiende hasta su muerte, en 1970— se caracteriza por un viraje hacia la dialéctica hegelo-marxiana, que Astrada intenta poner en diálogo productivo con su formación previa. Para una introducción insoslayable y ya clásica a la vida y obra de Carlos Astrada, véase: David, Guillermo. Carlos Astrada. La filosofía argentina, Buenos Aires, El cielo por Asalto, 2004.

2. He trazado una interpretación de las principales líneas del pensamiento juvenil astradiano en: “Carlos Astrada. Del ideal anarquista al nacionalismo revolucionario (Estudio Preliminar), en Astrada, Carlos, Escritos Escogidos. Artículos, manifiestos, textos polémicos. Volumen l (1916-1943) (comp. Prestía, Martín) [en prensa].

3. Así lo reconocen sus principales intérpretes: mientras que Alfredo Llanos ha podido afirmar que “el ingrediente nietzscheano en la filosofía de Astrada es de importancia capital […] y le ha servido para fortalecer algunos rasgos distintivos de su obra”, David propone, en un sentido similar, que “en su constituirse como filósofo la frecuentación crítica de la obra de Nietzsche fue dotándolo de una mirada penetrante, de criba e impugnación de la metafísica y la moral occidentales, que, desde su dominio de los saberes propios del más levantado ademán académico, le posibilitará adoptar una posición raigalmente autónoma, libre”. Véase: Llanos, Alfredo. Carlos Astrada, Buenos Aires, Ediciones Temporalidad, 1994, p. 12; y David, Guillermo. Carlos Astrada. La filosofía argentina, p. 142.

4. Véase: Astrada, Carlos. “La escatología del eterno retorno de lo igual: Nietzsche”. En El marxismo y las escatologías, Buenos Aires, Procyon, 1957, pp. 93-116.

Yemen: La peor catástrofe humanitaria del siglo XXI.

La República de Yemen, situada al sudoeste de la península arábiga, limita con Arabia Saudita al norte, con Omán al este, con el golfo de Adén y el mar Arábigo al sur y con el mar Rojo al oeste. Es el país árabe más pobre y, por si eso fuera poco, es el escenario de una cruenta guerra civil e internacional que ha causado uno de los peores desastres humanitarios de la historia. La guerra ha provocado más de 110.000 muertos y 3,6 millones de desplazados. El 80% de sus 30 millones de habitantes sobrevive gracias asistencia humanitaria internacional. La hambruna amenaza a gran parte de la población: según la Agencia de la ONU para los Refugiados, más de 7,4 millones de personas necesitan asistencia nutricional, incluidos 2,1 millón de niños y 1,2 millones de mujeres embarazadas o lactantes que sufren desnutrición moderada o severa. A esta situación hay que sumar una epidemia de cólera, el dengue y el COVID-19. ¿Pero cómo es que se llegó a una catástrofe de tal magnitud? Para responder esta pregunta debemos hacer un poco de historia.

Una historia convulsa

La desintegración del Imperio Otomano luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial derivó en la independencia del Reino de Yemen en el norte del país bajo un gobierno hereditario teocrático en manos del imanato zaidí y en la constitución de un protectorado británico en el sur. En 1962 estalla una guerra civil en el reino del norte cuando las fuerzas republicanas y nacionalistas árabes cercanas a la línea del líder egipcio Gamal Abdel Nasser derrocan al imán Mohamed al Badr. Egipto y la URSS apoyaron a los republicanos, mientras que Arabia Saudita, Jordania y EEUU apoyaron a los monárquicos. Nasser envió más de 70.000 soldados a Yemen del Norte y su compromiso en este conflicto terminó afectando el desempeño de las Fuerzas Armadas egipcias en la Guerra de los Seis Días de 1967. La guerra culminó en 1970 con la victoria republicana y la proclamación de la República Árabe de Yemen. 

Mientras en el sur se desarrollaba una guerra de guerrillas para expulsar a los colonialistas británicos que finalmente se retiraron en 1967. Como consecuencia de ello llegó al poder el Partido Socialista de Yemen y se proclamó la República Democrática Popular de Yemen de carácter marxista-leninista y alineada con la URSS, la República Popular China y el resto de países del bloque socialista.

A diferencia de lo que ocurría en Alemania, Corea o Vietnam, las relaciones entre ambos Yemen fueron relativamente amistosas; habiendo incluso varias tentativas de unificación. Durante la década de 1980 hubo importantes avances en ese sentido y la caída de la URSS aceleró el proceso de unificación que culminó con la unidad de ambos países en 1990. No obstante esto, enseguida estallaron las diferencias pues los acuerdos firmados no fueron cumplidos por el Norte, la reforma agraria fue desmontada y el laicismo acordado no fue implementado. En 1994 el Sur se subleva e intenta la secesión desatándose una breve pero cruenta guerra civil que culmina con la victoria del Norte. El analista Iñaki Urrestarazu considera que se trató más bien de una “invasión en toda regla del Sur por parte del Norte para liquidar todos los vestigios del socialismo, con importantes matanzas de militares y civiles, expulsando a miles de funcionarios y militares de sus puestos de trabajo y privatizando de nuevo las tierras”. El mismo autor señala que el líder del Norte Ali Abdullah Saleh “para poder salir victorioso de esta contienda tuvo que echar mano de todas las fuerzas reaccionarias de la región, como Arabia Saudita, y las fuerzas imperialistas con EEUU a la cabeza, y tuvo que reactivar el yihadismo integrista nacional e internacional forjado en la guerra de Afganistán”. Saleh, que era presidente de Yemen del Norte desde 1978, fue electo como primer mandatario del Yemen unificado en 1999 y utilizó su poder para consolidar un régimen autocrático monopolizando el gobierno durante los años venideros con el apoyo de EEUU y Arabia Saudita.

En 2004 hace su aparición el movimiento insurgente chiíta zaidí Ansar Allah (partidarios de Dios), también conocidos como Hutíes por el nombre de su líder fundador, el clérigo Husein Badrudin al-Huthi. En ese año los Hutíes se levantan en armas contra el régimen de Saleh acusándolo de aplicar una política de discriminación hacia los zaidíes y de ser un lacayo de Israel y los Estados Unidos. A fines de 2004 las fuerzas de Saleh mataron a al-Huthi. Ansar Allah continuó con la lucha armada hasta que en 2010 se llegó a un cese al fuego. Los Hutíes tienen su base territorial y social en la provincia norteña de Saada, que limita con Arabia Saudita.

La guerra actual

En 2011, al calor de la llamada “Primavera Árabe”, se produjeron en Yemen importantes protestas y movilizaciones pidiendo el fin de la represión, de la corrupción y de la pobreza y la salida del poder de Saleh. El 3 de junio de ese año, fuerzas rebeldes tribales atacan el Palacio Presidencial. Al día siguiente, 4 de junio, Saleh se trasladó a Arabia Saudita para recibir tratamiento médico por sus graves heridas; quedando encargado de la presidencia el vicepresidente Abd al-Rab Mansur al-Hadi. Finalmente en noviembre de 2011 se llega a un acuerdo entre la oposición y el gobierno por el que Saleh abandona la presidencia a cambio de garantías de inmunidad para él y sus colaboradores. Hadi asume entonces como presidente. En febrero de 2012, Abd al-Rab Mansur al-Hadi resultó elegido presidente en unas elecciones en las que fue el único candidato y en las que contó con el apoyo tanto del partido del régimen, el Congreso General del Pueblo, como de la mayoría de los partidos de oposición. Los Hutíes boicotearon las elecciones y no se incorporaron al nuevo gobierno de concentración. No obstante ello, aceptaron tomar parte en la Conferencia de Diálogo Nacional apoyada por Naciones Unidas. Pero mantuvieron sus milicias armadas, se convirtieron de hecho en el gobierno de Saada e incluso expandieron el territorio bajo su control. A su vez los enfrentamientos entre los Hutíes y sectores islamistas sunnitas del Ejército continuaron.

En septiembre de 2014 los Hutíes se apoderaron de Saana, la capital de Yemen, dejando a Hadi como presidente nominal pero sin poder real. En enero de 2015 surgieron nuevos enfrentamientos y Ansar Allah puso a Hadi y al gobierno bajo arresto domiciliario, ante lo cual Hadi dimitió. El 6 de febrero los Hutíes establecieron un Consejo Revolucionario presidido por su líder Abd al Malik al-Huthi, hermano de Husein Badrudin al-Huthi. Un mes después Hadi escapó a Adén, la antigua capital de Yemen del Sur, y en un discurso televisado declaró que la toma del poder por los Hutíes era ilegítima y que seguía siendo el presidente constitucional del país. En marzo Ansar Allah inicia una ofensiva y toma Taiz, la tercera ciudad de Yemen, y llega a las afueras de Adén. El día 25 Hadi huye hacia Arabia Saudita y solicita la intervención militar de éste país.

El 26 de marzo de 2015, Arabia Saudita y los demás estados que forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo (Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y Kuwait) inician la Operación “Tormenta Decisiva” mediante bombardeos aéreos contra Ansar Allah. A su vez, forman parte de la coalición internacional Egipto, Jordania, Sudán, Marruecos y Senegal. Los argumentos que utilizan los saudíes y sus aliados para intervenir en Yemen se basan en el principio de defensa propia del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y en la Carta de la Liga Árabe para defenderse de la agresión Hutí y de la amenaza de Al Qaeda y del Estado Islámico. Sostienen que las milicias Hutíes no respondieron a las advertencias del Consejo de Cooperación del Golfo, los Estados árabes y el Consejo de Seguridad, que violaron el derecho internacional y que acumulan armamento pesado en las fronteras de Arabia Saudí.

Las verdaderas razones políticas y estratégicas para la intervención militar son muy distintas. En primer lugar Riad considera que los Hutíes son apoyados por Irán, su principal rival regional, y en tal sentido constituirían una amenaza militar en sus propias fronteras. Además, existe el temor a que un régimen de Ansar Allah impulse el levantamiento de la minoría zaidí del Reino, concentrada en la región de Najrán, lindera con las gobernaciones yemeníes de Saada. Por otra parte, se encuentran las razones geopolíticas, a saber: el control del estrecho de Bab-el Mandeb. Dicho estrecho es una vía natural de navegación que separa Asia de África a través del mar Rojo y el golfo de Adén y conecta el mar Rojo con el mar Mediterráneo a través del canal de Suez. Constituye un cuello de botella estratégico para el tráfico de petróleo proveniente del Golfo Pérsico. Se calcula que el 10% del petróleo transportado por agua pasa por allí. Se estima que en 2018 pasaron por el estrecho 6,2 millones de barriles por día. Resulta evidente pues la importancia que este paso marítimo tiene para los sauditas y también para las potencias occidentales. De hecho EEUU, Gran Bretaña y Francia han estado colaborando con la campaña militar liderada por Arabia Saudita mediante ingentes ventas de armamentos, apoyo logístico e información de inteligencia. Tratan de evitar que Yemen y la costa oriental del estrecho de Bab el-Manded caigan bajo el control de los Hutíes, un movimiento de talante anti-occidental y antiimperialista.

Otros actores intervinientes

Además de los Hutíes y de la coalición liderada por Arabia Saudita, en el conflicto de Yemen intervienen otros actores. En primer lugar, hay que señalar al Consejo de Transición del Sur, un movimiento separatista que busca la independencia de Yemen del Sur y tiene el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos. En un primer momento este grupo combatía del lado de Hadi contra Ansar Allah pero a medida que los intereses de los sauditas y los emiratíes se fueron divorciando también pasaron a combatir contra el presidente. Abu Dhabi ha utilizado esta guerra para expandir su poder geopolítico en la región y establecer bases militares en el Cuerno de África pero teme a la mala imagen internacional provocada por los bombardeos indiscriminados y la catástrofe humanitaria generada. También los Emiratos Árabes Unidos se han alarmado por la escalada de tensión con Irán y buscan concentrarse en su propia seguridad. Sin embargo, los emiratíes han conseguido su objetivo: asegurarse una zona de influencia en la costa sur y occidental de la península Arábiga a través de las milicias que han entrenado y financiado en el sur de Yemen (entre ellas el Consejo de Transición del Sur). Abu Dhabi está interesado en los puertos de ese país, las rutas marítimas y las islas (en especial, Socotra, a la entrada del golfo de Adén). En cambio Riad no ve con buenos ojos al movimiento separatista del sur y su objetivo estratégico sigue siendo la restauración en el poder de Hadi.

Otro actor importante en este conflicto es el partido islamista Al-Islah, rama yemení de la organización salafista Hermanos Musulmanes. Es un respaldo de vital importancia para las fuerzas de Hadi pues constituye el segundo partido del país y cuenta con un importante apoyo entre la población sunnita.

A su vez actúan también en el escenario yemení Al Qaeda y el Estado Islámico. La primera es conocida como Al Qaeda en la Península Arábiga o Ansar al-Sharia. Se trata de la filial más violenta de la organización y gracias al caos reinante en Yemen ha logrado hacerse con el control de algunos territorios, principalmente en la región de Hadramaut (centro del país). El grupo yihadista combate contra todos los demás actores intervinientes en el conflicto. Desde 2009  Estados Unidos realiza una campaña de ataques con drones contra sus miembros. Por su parte, Estado Islámico ha visto en el colapso estatal de Yemen un contexto ideal para expandir su radio de operaciones y crear aquí nuevas provincias para su pretendido Califato. Busca a convertir la guerra civil en curso en un conflicto sectario de sunníes contra chiíes mediante atentados salvajes e indiscriminados contra los Hutíes.

Finalmente hay que mencionar a las fuerzas leales al ex presidente Saleh. A pesar de haber sido acérrimos rivales, los Hutíes y Saleh sellaron una alianza contra Hadi. Gracias a ello la insurgencia zaidí logró ocupar la capital del país y derrocar al presidente. Fueron las fuerzas del Ejército yemení que se mantuvieron leales a Saleh las que les abrieron las puertas de Saana. Pero en 2017 Saleh estaba en tratativas con Arabia Saudita para volver a cambiar de bando y los Hutíes lo asesinaron. No obstante ello una parte del Ejército se mantuvo como aliado de la guerrilla zaidí.

Conclusión

En marzo de 2015 comenzó la operación militar de una coalición de países árabes y musulmanes liderados por Arabia Saudí para restaurar en el poder al presidente del país, Abd al-Rab Mansur al-Hadi, al que la coalición de Hutíes y seguidores del ex presidente Saleh forzó a dimitir. Lo que parecía iba a ser una intervención fácil y rápida, dada la abrumadora superioridad militar saudita, ha desembocado en una caótica guerra que involucra múltiples actores, en un desastre humanitario sin precedentes y en un dolor de cabeza para Riad pues su tropas han sufrido cuantiosas bajas debido a la habilidades guerrilleras de Ansar Allah que se han visto potenciadas por lo montañoso y escarpado del territorio del norte yemení. Los Hutíes se han convertido en una pesadilla para Arabia Saudita por los constantes ataques a sus bases militares, el lanzamiento de misiles sobre su territorio y los ataques con drones a refinerías e instalaciones petrolíferas y aeropuertos.

Con el paso del tiempo las dificultades militares causaron tensiones en la coalición internacional provocando la salida de varios miembros y la necesidad de reemplazar sus soldados con tropas mercenarias. Tensiones que han alcanzado a Arabia Saudí y a Emiratos Árabes Unidos motivadas por diferencias tanto en la estrategia como en los objetivos a conseguir en esta guerra. Para Riad resulta esencial acabar con un movimiento insurgente cercano a Irán que amenaza con expandirse a sus regiones meridionales. En cambio para los emiratíes los Hutíes representan una amenaza mucho menor pues no comparten fronteras con Yemen. A su vez Emiratos Árabes Unidos apoya al Consejo de Transición del Sur para que este logre la independencia de Yemen del Sur y le permita controlar la entrada del mar Rojo y el puerto de Adén.

Por otro lado, el cambio de gobierno en los Estados Unidos (principal aliado y proveedor de armamentos de Riad) significa un nuevo problema para los sauditas. Trump había apoyado sin miramientos a la monarquía y su intervención en Yemen y, además, se había retirado unilateralmente de acuerdo nuclear firmado con la República Islámica de Irán durante la presidencia de Obama. Pero la reciente llegada de Biden a la Casa Blanca cambió la situación. La intención de la nueva administración estadounidense es volver al acuerdo y avanzar a una cierta distención con Irán para estabilizar Medio Oriente y concentrarse en la contención de China. En este sentido el nuevo presidente norteamericano sacó a los Hutíes de la lista de organizaciones terroristas donde habían sido colocados por Trump unos días antes de que terminara su mandato y es partidario de limitar la ayuda militar a Arabia Saudita a lo estrictamente defensivo.

No obstante estos movimientos diplomáticos la guerra sigue día a día y no parece tener visos de terminar en lo inmediato. El final del sufrimiento no está cerca, lamentablemente.

Braden o Perón: La campaña electoral más importante de la historia Argentina.

El libro publicado por Ediciones IFAP y Editorial Columna, cuyo título completo es «Braden o Perón». «El Libro Azul» y «El Libro Azul y Blanco». Los documentos que marcaron la campaña electoral más importante de la historia argentina, reúne dos textos fundamentales para la historia del país en general y del peronismo en particular: el Libro azul, elaborado por el Departamento de Estado de EE.UU. a instancias de su embajador en Buenos Aires, Spruille Braden, donde se acusa a Perón de estar involucrado con el nazismo, y la respuesta de Perón, titulada Libro Azul y Blanco, donde el por entonces joven coronel Perón va a rebatir esas acusaciones.

Los diarios opositores al peronismo reprodujeron en ocasión de su publicación únicamente los párrafos más rimbombantes del documento, donde las acusaciones de nazismo sobre Perón eran más agresivas y espectaculares, pero nunca se había traducido y publicado en su totalidad para el público argentino, por lo cual los lectores del mismo se encontrarán con un material en su mayor parte inédito en español.

La respuesta de Perón va a quedar plasmada en el “Libro Azul y Blanco”, donde él también va a presentar una serie de documentos que van a servir para responder a las acusaciones de Braden. Los lectores podrán acceder a un importante anexo documental, con una serie de recortes de diario, cables de prensa e informes diplomáticos, que se reproducen de forma facsímil y que fueron agregados por el entonces candidato presidencial para sustentar sus argumentos y rebatir las acusaciones recibidas.

A modo de síntesis podemos afirmar que este libro propone dos líneas de lectura: para el que nunca leyó a Perón, busca invitarlo a leerlo, facilitándole su lectura; y para aquellos que ya están acostumbrados a sus textos, ofrecerles un documento inédito en castellano gracias a la traducción completa, por primera vez para esta edición, en un formidable trabajo que estuvo a cargo de Martín Prestía, el valor agregado que ofrece la introducción a cargo de Rannan Rein y una exhaustiva investigación plasmada en notas a pie de página y comentarios a cargo de Jonás Chaia De Bellis.

AntiViral. De estilos y deidades.

Creo haber escuchado alguna vez una lacónica sentencia que rezaba, palabras más, palabras menos: “los creadores hábiles transforman la obsesión en estilo”. Hay una remota posibilidad de que lo haya inventado, aunque es difícil: no creo ser tan ocurrente.

Tal vez un poco exagerada, es cierto, pero difícil sería no estar de acuerdo. En la flexibilidad de lo que entendemos por estilo radicará la potencia y fructuosidad de la aseveración.

Así, el estilo de un creador puede encontrarse en la formalidad, el modo en que se acerca a la construcción de las ficciones que acomete (literatura, música o cine, de lo cual se ocupa esta nota) como también puede hallarse en los temas, en los centros semánticos (de significado, de lo que se pretende decir) que pueblan su obra, incluso en aquellas piezas que no parecerían poder contenerlos.

Por lo general, el estilo más acabado tiende a ser una sumatoria de ambos aspectos: el cómo filmamos (o escribimos, o componemos) y el qué filmamos van de la mano para componer aquello que puede entenderse también como la marca de autor o, más específicamente, su identidad.

¿Qué pasa cuando el estilo no sólo es elección, sino también una herencia? Las herencias, lo sabemos, se eligen. ¿Qué ocurre cuando el vástago de un creador decide seguir los pasos de su progenitor, buscando transitar las mismas aguas? Esa guía podría conducirnos a través de las obras de los Sofia y Roman Coppola, Jason Reitman, Jonas Cuaron y quien nos ocupa en esta humilde nota: Brandon Cronenberg.

¿Será la obra del Cronenmberg chico una continuación estilística y tal vez degradada, de la de su padre o encontrará en sus filmes el espacio para ser original y estampar su propia firma?

Hijo del siempre interesante (a veces muy a su pesar) director canadiense David Cronenberg, Brandon tuvo su muy aplaudido debut cinematográfico en el 2012 con AntiViral.

Sin entrar en el terreno del spoiler inútil, la sinopsis de la película es de una simpleza pasmosa: en un futuro cercano (muy cercano), en el que la llamada “cultura de la celebridad” ha llegado a su estadio máximo, a un summum casi impensable, la gente puede ir a unas clínicas muy boutique a hacerse infectar con las enfermedades que han aquejado a su ídolo/a de turno.

Es decir, por un modesto desembolso podemos sentir en carne propia (ya volveremos sobre esto) los efectos del HPV, herpes, virus estomacal o todo tipo de gripe (el 2012 quedó viejo más rápido de lo que esperábamos) que afecten a nuestra celebridad favorita y “conectar” con ella a un nivel biológico.

Bien podríamos afirmar que, a nivel argumental, este film seguiría la genealogía planteada por el mismo David (reparamos en la palabra “carne”, ¿verdad?). Intentemos separar la paja del trigo.

En primer lugar, este metraje no tiene empacho en utilizar (y podríamos decir: re-utilizar, en el sentido de despojo o degradación del material) la idea ya planteada por David (y las películas del movimiento conocido como “la nueva carne”) de que en sus narrativas deberíamos de ver al cuerpo, a la carne, como recipiente de significado.

Mejor dicho, deberíamos reflexionar en la carne como el marco, el tamiz,  la perspectiva de lectura a través de la cual encontramos, o exploramos, o experimentamos el significado. En otras palabras, todo pasa por nuestro cuerpo y nuestra carne, que está en decaimiento.

A partir de allí, el buen David abre una plétora de temas, a saber: los extremos y peligros de la biología y su experimentación (The Fly, Scanners), el cuerpo como camino al placer a la vez inescapable e insuficiente (Slither, Crash) y, tal vez, el que más nos interese aquí, aquel que percibe a la carne como receptáculo imperfecto de alguna forma del alma humana (o un alma en dos cuerpos, como se propone la película Dead Ringers con un multiplicado Jeremy Irons).

Será en esta lectura de filiación casi teológica donde encontraremos la conexión (y, a la vez, innovación), pues Brandon verá y propondrá al cuerpo como modo de acceder a la divinidad.

Y aquí es donde podemos comenzar a hablar específicamente de AntiViral pues, donde papá Cronenberg parece tener una predilección por las formas de la tecnología en evolución que nos rodea en todo momento, este metraje parece tomar un camino más “espiritual”. Así, si bien existen máquinas en esta fábula (máquinas que empacan, manipulan y finalmente patentan una enfermedad) las reflexiones de la película parecen moverse en una dirección que podríamos calificar de teológica o religiosa.

Lo que nos lleva a una primera interrogación: ¿mediante qué cuerpos aspiramos a conectar con lo divino?

En el mundo de AntiViral las celebridades están representadas a escala divina; por supuesto no en lo que pueden hacer o en su genealogía (nada de semi-dioses por aquí) sino desde la perspectiva de su ubicuidad y la multiplicidad de sentidos que conjuramos en su propia existencia. Aquello que percibimos en su ser biológico.

Como síntoma de una Gestalt que necesita algo de donde aferrarse para encontrar el sentido, en la película (por ahora, solo en la película…) la presencia semántica se pluraliza en ese cuerpo que sale en las noticias, en la PC, en el feed de nuestra “red social” preferida y que es, a la vez, lo que anhelamos, lo que nos falta y aquello a lo que tal vez podremos aspirar.

Ese cuerpo célebre es, o mejor dicho, se construye, como repositorio de varios sentidos… un hueco que llenamos a gusto y piacere. Alguna vez pusimos a la humanidad como todo en ese lugar, otra, a Dios; ahora es el turno de una amalgama pervertida entre ambos.

Y ahora sí, volviendo a la película, será lógico que el modo en el cual nuestro protagonista “vende” la enfermedad a los clientes tiene, con su repetición, con su cadencia, con los momentos las pausas y el objetivo final (compartir, conectar, vincularse) puntos en común con algunas de las formas verbales de la liturgia (un salmo, un rezo, un cántico ritual), sobre todo, aquellas de cariz occidental.

Lo que nos lleva a una segunda reflexión que posee como núcleo, también la conexión con la teología y sus representaciones y que, en este caso, tiene que ver con la ceremonia (o el ritual, si algún ateo está leyendo esta nota en particular) y cómo, en este film, la comunión, el rito (que también es receptáculo de significado) se encuentra lógicamente pervertido, descentrado por los modos formales y por el tema en cuestión.

Así como muy evidentemente había hecho su padre en Crash (con la representación ceremonial de los antiguos accidentes que se llevaron la vida de… sí, acertaron, numerosas celebridades), el Cronenberg joven propone que, en este mundo sediento de vínculo, toda forma del mismo será un reverso oscuro y degradado de las formas mayormente religiosas que conocemos y, como esta divinidad es construida, (y, por así decirlo, “de segunda mano”) los modos de acceder a aquellos también son espejos deformados de ritos y ceremonias ya conocidos.

La comunión será a través de una falla en ese cuerpo divino (o divinizado mediáticamente) pues es a través del “hueco” que permite el virus (recordemos: para que un virus funcione debe de sobrepasar nuestras defensas… sepan leer la metáfora) que se permite, a su vez, nuestra “entrada”, nuestra conexión con la estrella. Dicho de otro modo, es una falla, una grieta en el sistema biológico de esa divinidad manufacturada la que posibilita el tan deseado vínculo. 

Más aún: siguiendo con la idea de la degradación, el cuerpo se ha transformando en mercancía (bueno, Dios también, pero esa es una discusión para unos centenios, si les sobran) no solo patogénicamente sino que, en una no-metáfora mucho más burda, en este mundo existen “carnicerías de famosos” donde por unos cuantos morlacos uno puede comprar medio kilo de milanesa de Kardashian (o cualquier sea la celebridad de turno por estos tiempos… ¿Fede Bal?) para agasajarse. Así, en lugar de la metafórica hostia de la liturgia cristiana, aquí nos podemos comer la carne clonada de nuestros nuevos dioses con un buen vino… o algo que se le parezca.

Para resumir un poco este pantallazo temático del film de Cronenberg hijo: en AntiViral nuestro acercamiento a la divinidad se da a partir de las secreciones del cuerpo, de su decaimiento a manos de un virus o de versiones degradadas (lastimadas, heridas, cercenadas) de las representaciones de esa carne tan anhelada (sí, me pagan cada vez que escribo carne en este artículo).

En relación al terreno formal de la cinta (en el cual, a mi entender, podemos hallar la mayor diferencia entre ambos Cronenberg), cabría señalar dos dimensiones. La primera tiene que ver con el modo en que Brandon utiliza la cámara, ponderando los planos simétricos y una elección de colores pensada específicamente para generar contraste entre la rueda temática y la representación de la misma. Así, con ambientes que navegan entre el blanco y el negro (resaltados por una estética Art Noveau minimalista en la construcción de la mayoría de los sets), las explosiones de color (generalmente el rojo… obvio) y los cambios de ambientación (por otros más sórdidos y oscuros) sirven para reforzar la idea de que este mundo que parece sobrio y controlado casi al punto de lo inhumano, esconde una enfermedad purulenta por debajo… En esa misma línea, la segunda dimensión se refiere a la muy evidente unión entre uno de los aspectos temáticos mencionados más arriba y un aspecto eminentemente formal, pues visualmente encontramos una glamourización (divinización, quisiéramos decir aquí) del cuerpo enfermo, una suerte de intuición “aurática” muy efectiva en el modo de enfoque y de presentación. En criollo: sabemos que las celebridades no son dioses, pero hay algo en las escenas en que se los muestra que recuerda a la pátina de una pintura religiosa… una rendición renacentista del suplicio en los tiempos de la cultura Instagram.

Es en estas reversiones (o revisiones) formales llevadas adelante por Brandon Cronenberg que encontraremos las marcas de personalidad, de forma autoral, de estilo propio; su “firma” que, combinada con una lectura novedosa de la obsesión heredada nos lleva a considerar a una nueva e interesante voz, en un paisaje cinematográfico cada vez más árido.

La Primavera Árabe, una década después.

En los últimos días de diciembre de 2020 se cumplieron diez años del hecho que marcó el comienzo de lo que semanas después comenzaría a conocerse –entre otras denominaciones- como la “Primavera Árabe”. Cuando el joven tunecino Mohamed Bouazizi se inmoló frente al Palacio de Gobierno, el 17 de diciembre de 2010, desató mucho más que una protesta contra la corrupción gubernamental. 

Tras su muerte, el 4 de enero de 2011, las movilizaciones sociales en Túnez generaron que en menos de dos semanas su presidente, Zine el Abidine Ben Alí, dimitiera y se exiliara, terminando con un gobierno que llevaba ya más de veinte años. Pero esto no terminó allí: a lo largo del SOANA, acrónimo utilizado para abordar el Sudoeste Asiático y el Norte de África –vulgar y equívocamente denominado como África Árabe y Medio Oriente-, las manifestaciones y protestas se desplegaron, poniendo en evidencia que la situación en Túnez no era la excepción, sino más bien la regla. 

En Egipto las protestas terminaron también con el gobierno de Mubarak, y en Libia Gadafi fue asesinado tras varios meses de combates. En Siria la guerra civil aún persiste. Pero en el resto del SOANA, los vientos de cambio que esta primavera había levantado rápidamente se apagaron. Diez años después, las problemáticas que aquejaban a las sociedades del bloque regional subsisten, incluso con mayor intensidad. Veamos algunas.

Dependencia política y económica

Entre la Conferencia de Berlín (1884-1885) y el Acuerdo de Sykes-Picot (1916) se definieron para esta región mucho más que sus límites políticos: también se establecieron sus roles dentro del sistema internacional, orientando sus modelos productivos hacia un extractivismo proveedor de las materias primas –principalmente hidrocarburos- que sus colonizadores requerían.

Medio siglo después, los procesos independentistas vieron nacer a unos flamantes estados africanos y asiáticos que traían consigo promesas de igualdad y desarrollo al tiempo que trataban de diferenciarse de los dos grandes bloques en los cuales el mundo había quedado dividido tras la Segunda Guerra Mundial. La Conferencia de Bandung de 1955 fue una clara declaración de intenciones.

Sin embargo, las independencias pasaron a ser en poco tiempo una mera formalidad diplomática, puesto que la continuidad de los acuerdos económicos, las alianzas estratégicas y los conflictos intraestatales configuraron una situación en la que el vínculo pesaba más que la ideología. La llegada de la Primavera Árabe –poco tiempo después de la crisis capitalista del 2008- puso de manifiesto que la participación de las potencias extranjeras en los asuntos de Estado de los países del SOANA era más una necesidad que un inconveniente; y que la financiación a través del endeudamiento a cambio de la imposición de condiciones había desmantelado de forma irremediable los ya frágiles aparatos estatales.

Gobiernos prebendarios y cleptócratas

Los gobiernos que habían propuesto formas alternativas de desarrollo encarnadas por el panarabismo, el socialismo y la reivindicación de las identidades nacionales –cuyo mejor ejemplo fue Gamal Abdel Nasser en Egipto- fueron con el tiempo mutando en su accionar.

El establecimiento paulatino de gobiernos dictatoriales en la región –apoyados, claro está, por las potencias extranjeras- selló el destino de gran parte de los Estados del SOANA: gobiernos nepotistas, caracterizados por ser unipartidistas, prebendarios y cleptócratas, terminaron por configurar Estados bifurcados, con un desarrollo dual en el cual las elites gobernantes acaparaban tanto las ganancias de la producción económica como las coimas y sobornos que los actores transnacionales pagaban para tener exclusividad en determinadas áreas y explotaciones; mientras que el grueso de la población subsistía con poco más que lo estrictamente necesario, sin margen de movilidad social. Estos estados, vampirizados al máximo de las posibilidades, poco tenían para generar aquellas alternativas de desarrollo ideadas por los participantes de Bandung.

Sociedades postergadas

A la segregación espacial generada por este desarrollo dual la acompaña otro fenómeno: la polarización social construida a través de este modelo estatal de exclusión. Para una región cuyo crecimiento poblacional hace que la mayor parte de sus habitantes sean jóvenes, la continua postergación de un gran porcentaje de su sociedad es una problemática compleja, que con la crisis institucional generada a partir de las movilizaciones populares en 2011 tuvo como agregado dos efectos secundarios: el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos y el agravamiento del fenómeno migratorio. 

Sin posibilidades reales, pobreza y marginalidad son características indivisibles para el grueso de las sociedades del SOANA, algo que refleja una situación que cada día se hace más tangible en el resto del mundo: la creciente concentración de capitales en pocas manos, y la consecuente “centrifugación” de personas hacia una exclusión del mercado laboral –formal e informal- y del entramado social mismo sin reinserción en el horizonte. 

Diez años después

Tras la esperanza que desató la primavera, sobre la región se extendió un frío invierno de resignación. Una década después de iniciados los levantamientos populares, la situación general de la región poco ha cambiado: algunos nombres en los principales cargos, una o dos instancias de elecciones “democráticas” y después, el mismo panorama de siempre.

Alain Badiou hablaba –poco después de los atentados en Francia en 2015- de las nuevas prácticas imperialistas: formas novedosas de asegurar la explotación de recursos naturales sin tener que tutelar ni negociar con estados, sino a través del establecimiento de zonas de saqueo no estatizadas: un proceso que iniciaba con la desestabilización de los países a través de métodos directos e indirectos –desde el endeudamiento hasta la financiación de guerrillas- y que finalizaba con el desmantelamiento de los aparatos estatales, quedando el territorio fragmentado en múltiples y pequeñas unidades territoriales controladas por facciones, algo muy similar a lo ocurrido con Irak y, desde el surgimiento de la Primavera Árabe, con Libia. 

Sobre la inexistencia del estado, la facilidad para la obtención de recursos estaba asegurada. Quizás una década sea escasa para obtener conclusiones. Aun así, es necesario contemplar la posibilidad de entender los levantamientos de 2010 como una movilización de cambio genuina que fue sutilmente aprovechada para resignificar y profundizar las dinámicas colonialistas.

Extractivismo urbano, segregación espacial y exclusión social: La ciudad como un campo de batalla.

Las áreas urbanas son el resultado de un proceso histórico de producción social del espacio que se ha transformado y adaptado en función del contexto dominante. Desde sus primeras manifestaciones preindustriales hasta su explosión definitiva a partir del siglo XIX, el crecimiento de los espacios urbanos se convirtió en un indicador en continuo ascenso a nivel global.

En esta misma línea, a partir de las Revoluciones Industriales –con mayor énfasis en la segunda-, este proceso de expansión de las áreas urbanas estuvo vinculado inseparablemente a la idea del progreso, marcando un quiebre y una dualidad epistemológica y geográfica entre “lo urbano” y “lo rural” cuya vigencia es apreciable hasta nuestros días.

Sin embargo, el devenir de “lo urbano”, el desarrollo de las ciudades –que muchas veces nos es presentado como algo naturalizado, fetichizado- no ha estado exento de vaivenes, cuestionamientos y críticas tanto en lo que respecta a su organización territorial como en lo que al bienestar de sus habitantes. La inevitable inserción del factor económico y la llegada de los enfoques críticos a partir de la década de los 70´s, situación coyuntural que había dejado en claro que tras la llegada del neoliberalismo ni la gloria ni la opulencia de las economías y las sociedades podían expandirse sin generar desigualdades, puso sobre la mesa la urgente necesidad de comenzar a repensar y redefinir los espacios urbanos.

Un problema aún más complejo

Hace casi ya cincuenta años, en 1974 para ser específico, Manuel Castells publicaba su libro titulado “La Cuestión Urbana”, en el que ponía de manifiesto todas las contradicciones y las pujas de poder y política que se distribuían dentro de los espacios urbanos. Para el autor, en estos espacios se desarrollaba una dinámica particular, propia de lo urbano, que involucraba entre otras cuestiones a la idea de comunidad y a la posibilidad de conflicto, ordenadas -claro está- por una estructura de clases que opera como motor principal de la producción y reproducción de esta conflictividad dentro de un contexto político y económico signado por una creciente centrifugación de la masa trabajadora, en beneficio de unos actores ahora transnacionales que incrementaban exponencialmente su capital.

En el lapso que nos trae hasta la actualidad, esta cuestión urbana se ha ido profundizando gracias al desembarco de otras dinámicas de tipo económico, vinculadas tradicionalmente a las lógicas productivas de la agricultura, la ganadería, la minería y la explotación hidrocarburífera. De esta manera, el culto al consumo que el capitalismo neoliberal promueve no solo aceleró la extracción de materias primas para satisfacer las necesidades globales, sino que también generó el desarrollo de otro extractivismo, de tipo urbano, para el cual no hay ningún tipo de regulación ni control estatal.

Ese extractivismo urbano (del cual les dejo un texto aquí), trajo consigo una modificación sustancial del perfil de las grandes ciudades: la explosión de la construcción vertical, la gentrificación, la renovación urbana y la marketinización se convirtieron en procesos que simultáneamente se desplegaron sobre los espacios urbanos con un único objetivo, que es el de maximizar las ganancias sobre un espacio que hacía tiempo ya había llegado al límite de sus posibilidades.

Ciudad, ¿para quiénes?

El reciente proyecto del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que implica la rezonificación de los predios de Costa Salguero y Punta Carrasco para habilitar la construcción de torres sobre la costanera norte del Río de la Plata desató una discusión que puso en evidencia una cuestión que lleva tiempo escondiéndose detrás de frágiles maquillajes: ¿para quiénes está pensada la ciudad?

Solapada con la inexperiencia del contexto pandémico en materia de políticas, la promoción de este proyecto deja en claro que si existe una planificación en la ciudad (y esto no es patrimonio exclusivo de Buenos Aires sino de todas las grandes urbes), la única posible dentro de los espacios urbanos está destinada a los beneficios económicos de los grandes actores del mercado inmobiliario. En el camino queda el problema de regular el acceso a la vivienda –hoy imposible- los alquileres, la accesibilidad a los servicios básicos como el agua potable –que se volvió notorio, urgente pero irresoluto al inicio de la cuarentena en las áreas más pobres de la ciudad-, la apropiación de los espacios públicos por parte de los locales y franquicias, la educación, la salud pública, la contaminación y muchos otros más. En el marco de esta nueva cuestión social, la cuestión urbana deja en claro que al momento de pensar alternativas hace falta incluir al espacio como objeto de análisis y planificación, como soporte vital y como garantía para que las áreas urbanas no terminen siendo un reducto inviable de contaminación y hacinamiento tal como Engels –les dejo el texto aquí– supo reflejar en aquella temprana Manchester industrial de 1845.

Medio siglo después, los problemas que David Harvey, Henri Lefebvre o Manuel Castells -solo por mencionar algunos- evidenciaron no sólo no desaparecieron, sino que con la profundización de los mecanismos del capitalismo neoliberal globalizado se agudizaron, generando brechas socioeconómicas y territoriales irreparables, las cuales estallaron con la llegada de la pandemia y hasta el momento no han presentado alternativa o solución en el horizonte próximo. Esta Cuestión Urbana, devenida en cuestión socioespacial es hoy una urgencia que debe ser trabajada y que excede un simple análisis económico.

Enrique Santos Discépolo: Un obrero de la palabra.

2021, año del 120º aniversario del nacimiento de Enrique Santos Discépolo y 70º de su partida física. Digo física porque él fue esencialmente un ser metafísico que supo como pocos absorber e interpretar el dolor del mundo para plasmarlo luego en una obra inconmensurable, hoy bastante olvidada y aún postergada en su justa valoración. Dramaturgo, actor, cineasta, director, compositor y poeta. En todas estas disciplinas se destacó en mayor o menor medida. Pero fueron sin duda las de poeta y compositor sus facetas más ricas. Se lo suele recordar como una persona sufrida y deprimida, haciendo foco en la última etapa de su vida, la de Mordisquito, la de su ferviente militancia política y los ataques que recibió tanto física como verbalmente a causa de sus posiciones políticas durante los años del peronismo. Mucho se ha hablado sobre los boicots que sufrió y la enorme tristeza que lo llevó a la muerte. También se suele relacionar a ese hombre sufrido con su obra. Pero casualmente en esos años Discépolo no se dedicó a componer ni escribir tangos. Se dedicó al cine, el teatro y a la radio. La relación entre su tristeza personal y el dolor de sus personajes no es autobiográfica, al menos en lo que a sus últimos años respecta. Como tampoco existe relación biográfica entre él y sus tangos bufos como: Justo el 31, Chorra, Victoria o Esta noche me emborracho

Enrique Santos Discépolo fue un creador magistral, capaz de sintetizar en tangos de tres minutos historias de amor y redención, de horror y oscuridad, de fe y desesperanza, ironía y comedia. Pero esto no quiere decir que sus letras correspondieran directamente a sus estados de ánimo, ni a sus vivencias. Es innegable que en los personajes que creaba aportaba su cuota de pensamiento, de escepticismo, como así también muchas veces de esperanza. Pero no era un poeta que aguardaba a las musas para sentarse a escribir. Fue un obrero de la palabra. Se sabe que demoró dos años en escribir la letra de Uno, una de sus composiciones más aclamadas. Pero para poder entender mejor de dónde surge este modo tan terrible de escribir y representar a estos personajes, es necesario remontarnos al grotesco criollo, género teatral creado por su hermano y tutor, Armando Discépolo, reconocido dramaturgo. 

El grotesco criollo parte por influencia directa del grotesco italiano creado por el dramaturgo y novelista, premio Nobel en literatura: Luigi Pirandello. Este género se caracterizó por la exageración de sus personajes, —muy apoyados en la lógica de La Comedia del Arte, se destacó por mezclar la tragedia con la comedia y lo absurdo con una profunda carga de existencialismo en sus tramas y en la psicología de sus protagonistas. Pirandello se inspiraba en personas reales de su Sicilia natal para escribir sus obras, individuos comunes y corrientes, como así también características de su entorno y de su tiempo. Esto mismo fue lo que hizo Enrique Santos Discépolo. Fue desde esa misma premisa de la cual partió para crear sus tangos. Todo lo que él volcaba en sus letras provenía de su propia manera de ver el mundo y las personas y personajes que habitaban aquella Buenos Aires de los años 20 y 30. Si bien no fue el único ni el primero en llevar los modos teatrales a las letras del tango —vale citar a Alberto Vacarezza o Roberto Cayol, quienes venían del mundo del sainete—, la hazaña discepoleana consistió principalmente en contar aquellas historias desde la primera persona y dotar a sus personajes de una psicología tan elaborada dramáticamente como ningún otro letrista de la música popular lo logró alguna vez. Algo similar haría desde la literatura el admirado Roberto Arlt, por eso no es casual encontrar similitudes entre personajes de ambos, como los de Erdosain de Los Siete Locos y el protagonista del tango Confesión de Discépolo. Luego encontramos el condimento final de Enrique, que era el estar dotado de una enorme sensibilidad, la cual le permitía transmitir el dolor de aquellos personajes como si él mismo lo estuviera viviendo. No hay frase que sintetice mejor este concepto que la que le dedicara su gran amigo Homero Manzi en el tango que le dedicó junto a Aníbal Troilo poco antes de que Enrique falleciera: 

                  Te duele como propia la cicatriz ajena” (Discepolín, 1951)

Esta frase —que es nada más y nada menos que el elogio a una virtud lo pinta de cuerpo entero. Un artista al cual los dramas humanos no le eran indiferentes. Un hombre de profundos valores morales y espirituales que expresaba su bronca por la injusticia, la traición, la corrupción política y moral de su época. Pero lo hacía con ironía, riéndose muchas veces de lo ridícula de la vida misma, de lo fatal e irremediable de la existencia. Pero él no fue un mero existencialista, en su obra hay un lugar privilegiado también para la redención. Sus personajes siempre buscan ser salvados, se preguntan dónde está Dios, se pelean con Dios, quieren creer en él, no abandonan la fe y hasta el peor de los canallas de sus tangos es tratado con piedad. Estamos hablando de un artista popular que se atrevió a introducir la dramaturgia, el pensamiento y la espiritualidad a un género musical popular de orígenes humildes y logró que millones cantaran sus canciones y silbaran sus melodías. Porque, como si fuera poco, compuso la música de la gran mayoría de sus piezas. Además de poseer un gran talento poético, también lo tuvo para crear las melodías indicadas que acompañaran aquellos versos. 

Desde estas modestas líneas los invito a celebrar a Enrique Santos Discépolo y a redescubrir su tan preciada obra con este, tal vez uno de sus tangos más poderosos: Infamia. En la voz del gran Edmundo Rivero, acompañado por la orquesta del célebre pianista y compositor Héctor Stamponi. 

Infamia (1941)

Música y Letra: Enrique Santos Discépolo

La gente, que es brutal cuando se ensaña,
la gente, que es feroz cuando hace un mal,
buscó para hacer títeres en su guiñol,
la imagen de tu amor y mi esperanza…
A mí, ¿qué me importaba tu pasado…?
si tu alma entraba pura a un porvenir.Dichoso abrí los brazos a tu afán y con mi amor
salimos, de payasos, a vivir.

Fue inútil gritar
que querías ser buena.
Fue estúpido aullar
la promesa de tu redención…
La gente es brutal
y odia siempre al que sueña,
lo burla y con risas despeña
su intento mejor…
Tu historia y mi honor
desnudaos en la feria,
bailaron su danza de horror,
sin compasión…

Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal.
Por eso me dejaste sin decirlo, ¡amor!…
y fuiste a hundirte al fin en tu destino.
Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.
Anoche te mataste ya del todo y mi emoción
te llora en tu descanso… ¡Corazón!

Quisiera que Dios
amparara tu sueño,
muñeca de amor
que no pudo alcanzar su ilusión.
Yo quise hacer más
pero sólo fue un ansia.
¡Que tu alma perdone a mi vida
su esfuerzo mejor!
De blanco al morir,
llegará tu esperanza,
vestida de novia ante Dios…
como soñó.

(Fuente: https://www.todotango.com/musica/tema/160/Infamia/

Siria: 10 años de guerra.

Un poco de historia

El territorio de lo que hoy es la República Árabe Siria posee una historia de más de 16.000 años. A mitad de camino entre Europa, Asia y África ha constituido desde tiempos inmemoriales un estratégico cruce de rutas comerciales y de inmigración. Por esta zona han pasado decenas de civilizaciones: los primeros pueblos mesopotámicos que dieron origen a la escritura y a los asentamientos urbanos más antiguos de los que se tiene noticia (Mari, Ebla y Ugarit), los acadios, los asirios, los egipcios, los hititas, los persas, los griegos, los macedonios, los romanos, los bizantinos, los árabes, los cruzados, los turcos; entre otros.  Esto ha redundado en que, si bien se trata de un país mayoritariamente árabe y musulmán sunnita, Siria cuente con una importante diversidad étnica (kurdos, turcomanos, armenios, asirios, yazidíes) y religiosa (musulmanes chiítas, alauitas, drusos, cristianos de las más variadas iglesias, etc) 

Desde el siglo XVI Siria fue ocupada por el Imperio Otomano hasta que la derrota de éste en la Primera Guerra Mundial implicó, en virtud del Acuerdo Sykes-Picot, el reparto de sus territorios entre Gran Bretaña y Francia. Lo que hoy son Palestina-Israel, Jordania e Irak quedaron en manos británicas. Siria y Líbano fueron para los colonialistas franceses. En 1946 estos últimos se retiraron y los sirios lograron su independencia definitiva.

Entre 1958 y 1961, al calor del auge de las ideas del nacionalismo panarabista, Siria y el Egipto de Gamal Abdel Nasser conformaran las República Árabe Unida. A partir de 1963 la política siria estará dominada por el Partido Baas Árabe Socialista o Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baas en árabe significa justamente renacimiento o resurrección).  Los postulados de este movimiento político son: la unidad de la nación árabe, el antiimperialismo, el antisionismo y la defensa de la causa palestina, el laicismo y el socialismo. En 1972 el Presidente Hafez al Assad impulsa la creación del Frente Nacional Progresista para abrir la participación en el gobierno a otros partidos que acepten el liderazgo del Baas y los principios del socialismo y nacionalismo árabes. En el marco de la Guerra Fría Siria se constituirá en el principal aliado árabe del campo socialista liderado por la URSS. El modelo socio-económico baasista se fundamenta en la reforma agraria y el control estatal de los sectores estratégicos de la economía.

Todas estas políticas desatarán el odio de los sectores más reaccionarios del país y del mundo árabe y, por supuesto también, del imperialismo occidental. La oposición interna será liderada por los “Hermanos Musulmanes”, agrupación retrógrada y fundamentalista de origen egipcio con estrechos contactos con los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses. Al respecto la página web laicismo.org realiza una interesante semblanza de esta organización: a pesar de la retórica de su sentimiento anticolonial contra los británicos, desean el patronazgo del rey Farouk, que dirigía Egipto como títere bajo un régimen colonial dominado por los ingleses. La financiación de esta monarquía hacia estos islamistas comienza ya en 1940. El rey Farouk vio a los Hermanos como útiles para controlar el poder del mayor partido político en el país -el partido secular y nacionalista Wafd- y a los comunistas. Para 1942 los británicos ya habían comenzado de forma definitiva a financiar a la Hermandad. El dinero se canalizaba a través del gobierno egipcio. Este importante acercamiento permitió a los colonizadores buscar divisiones en la misma organización musulmana, como lo harían también contra los otros partidos y el mismo rey utilizando a los HM. Los imperios actúan sobre sus colonias dividiendo a las fuerzas y población del país, en este aspecto esta organización, los Hermanos Musulmanes, se mostraron especialmente útiles. Ya entonces también los veían como muy valiosos para disponer de «tropas de choque» y de «comandos suicidas» en tiempos de disturbios. Los colonizadores europeos y los estadounidenses hoy en día siguen con la mismo táctica militar, utilizando también a los HM y organizaciones próximas, como así han hecho en Siria y Libia, e hicieron en Yugoslavia de nuevo a final del siglo XX en Bosnia.” A su vez, con relación a la actuación de este grupo en Siria, el sociólogo español José Antonio Egido señala que “Los Hermanos Musulmanes declararon una guerra a muerte contra la República siria laica, socialista y antiimperialista. Guerra reactivada a partir de 2011 con consecuencias catastróficas. El 16 de junio de 1979 miembros de los “Hermanos” asesinan a sangre fría a 83 cadetes alauís de la Escuela de Artillería de Alepo. Tratan de asesinar al Presidente Hafez al Assad en julio de 1980 en la ciudad de Hama como también habían intentado asesinar en dos ocasiones al Presidente egipcio Nasser. En febrero de 1982 se levantan también en Hama para tomar el poder. Asesinan a 300 personas entre cuadros locales del Baas y ciudadanos alauís hasta ser aplastados sin contemplaciones por el Ejército. Los mismos “Hermanos” repiten a muchísima escala sus crímenes contra el pueblo desde el 2011 con el apoyo de los servicios especiales de EE.UU, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudí, Jordania, Turquía y Qatar”. 

El inicio de la guerra

El discurso deshistorizado y descontextualizado de los medios de comunicación occidentales respecto del conflicto bélico en Siria se ha afanado en ocultar sus causas reales (dialéctica de clases y de estados) y en presentar la guerra como un enfrentamiento sectario religioso (chiítas-alauitas vs. sunnitas) o como un “levantamiento democrático” contra la “dictadura” del Presidente Bashar al Assad.

La realidad es muy distinta. Es cierto que entre enero y marzo de 2011 se produjeron una serie de protestas motivadas en gran parte por la crisis socio-económica provocada por una intensa sequía que hizo estragos en un país donde el sector agrícola es uno de los pilares de la economía. Ahora bien, como señala Antonio Torres: La inmensa mayoría del país y sus principales ciudades, Damasco y Alepo, no solo permanecieron ajenas a estas manifestaciones de protesta contra el gobierno, salvo excepciones poco significativas, sino que fueron escenario de grandes manifestaciones de apoyo al presidente Al Assad”. 

Lo que ocurrió en marzo de 2011 es que los sectores reaccionarios e integristas (respaldados por los imperialistas occidentales, las satrapías árabes del Golfo Pérsico y Turquía) aprovecharon un contexto marcado por la crisis económica, las protestas y la convulsión generada en la región por la llamada “Primavera Árabe” para lanzarse al asalto violento del poder. En efecto, en aquella fecha comienza la guerra de agresión terrorista contra la República Árabe Siria: “El primer episodio violento tuvo lugar en la ciudad sureña de Daraa en marzo de 2011 cerca de la frontera jordana…Grupos armados asaltaron la sede local del Baas y provocaron disturbios con un saldo de 42 muertos reconocidos por el gobierno…Posteriormente en la localidad de Jesser Al Shougour de 42 mil habitantes, grupos armados de palos y cuchillos asaltaron la sede del servicio de Correos, edificios de las fuerzas de seguridad y la sede del Baas causando la muerte de 82 policías que fueron lanzados al río Orontes tras ser salvajemente mutilados…En la ciudad de Hama siguió en agosto otro levantamiento en el que radicales provistos de armas automáticas y lanzagranadas RPG causaron problemas y obligaron al Ejército Árabe Sirio a intervenir. En Homs el 19 de abril de 2011 el coronel de la policía Abdo Al Khoder al Talaoui es bárbaramente asesinado junto a sus dos hijos y su sobrino…Para finales de 2011 los terroristas son capaces de ocupar el barrio de Homs llamado Bab Amro donde instalan su dictadura contra el pueblo al grito muy revelador de su ideología criminal de “¡Los cristianos a Beirut y los alauís a la tumba!”.

Es así como se inició una guerra que ya lleva 10 años y ha implicado la destrucción de la infraestructura del país, más de 300.000 muertos y 5.000.000 de desplazados y refugiados.

Los grupos terroristas

La miríada de grupos yihadistas y fundamentalistas que asolan Siria desde 2011 tienen como base ideológica el salafismo, es decir, la corriente más oscurantista y retrógrada del islam.  La palabra “salafismo” tiene su origen en la expresión árabe al salaf al salih (“los antepasados devotos”), en referencia a las tres primeras generaciones de musulmanes. Esta corriente defiende una interpretación literalista, textual, rigorista y reaccionaria de las escrituras y enseñanzas de Mahoma. Por su parte, el salafismo político es la versión militante de esta corriente religiosa y se inspira en los principio de los “Hermanos Musulmanes” que ven en la acción política el camino para la instauración de un régimen acorde con su visión del islam. A su vez, el salafismo yihadista es el movimiento terrorista que busca la implantación de un Estado islámico o Califato mediante la violencia y la guerra.

Arabia Saudita (principal aliado occidental en la región, junto al régimen israelí) constituye el respaldo ideológico y financiero de estos grupos. Se trata de una monarquía absoluta, misógina y reaccionaria basada justamente en los principios de una corriente del salafismo llamada wahabismo. Con los ingentes ingresos petroleros el régimen saudí ha venido financiando generosamente con cientos de millones de dólares al  wahabismo salafista para crear escuelas, mezquitas, periódicos y reclutar grupos terroristas a lo largo y ancho de todo el mundo musulmán. Grupos que han sido utilizados por la satrapía saudita y sus patrones norteamericanos para destruir gobiernos y países de línea independiente. Es así que estas hordas de criminales fueron lanzadas primero contra la República Democrática de Afganistán en la década de 1980, en la década de 1990 en Bosnia contra la República Federativa Socialista de Yugoslavia, en 1998-1999 en Kosovo contra la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro), en el mismo período contra la Federación Rusa en Chechenia y el Cáucaso norte y en 2011 contra la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista liderada por Muamar el Gadafi (a quien terminaron asesinando brutalmente) y contra la República Árabe Siria.

El más conocido de estos grupos que ha actuado en la guerra de Siria es el “Estado Islámico de Irak y el Levante” (ISIS por sus siglas en inglés o Daesh en árabe). Financiado por Arabia Saudita y Qatar, se ha caracterizado por la brutalidad de sus métodos: decapitaciones públicas, crucifixiones, ahogamientos, mutilaciones, linchamientos, fusilamientos masivos, violaciones, etc. Otra banda criminal de similares características es el “Frente Al Nusra”, filial en Siria de “Al Qaeda”. El “Movimiento Nour al-Din al-Zenki” es otro de los grupos islamistas, financiado por Arabia Saudita y la CIA. Entre 2014 y 2017 Estados Unidos le entregó misiles antitanque BGM-71 TOW. En Siria también actúa “El Ejército del Islam o Yeish al-Islam”, anteriormente llamado “Liwa al-Islam”, también conocido como la “Brigada del Islam”. Es responsable del atentado en Damasco de julio de 2012, en el que murieron el Ministro de Defensa Dawoud Rajiha, el Viceministro de Defensa Asef Shawkat y el Asistente del Vicepresidente Hassan Turkmani. En diciembre de 2013 (junto a “Al Nusra”) cometieron una masacre contra civiles cristianos, drusos, alauitas e ismailíes en la ciudad de Adra. Por su parte, existe otro grupo terrorista llamado “Ejército Sirio Libre”, formado por desertores del Ejército Árabe Sirio y mercenarios. Es el brazo armado del “Consejo Nacional Sirio” (coalición opositora con sede en Estambul) y tiene el apoyo de Turquía, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Supuestamente moderado y “laico”, ha participado en numerosas ocasiones en acciones armadas junto a las bandas islamistas.

Estos son sólo los grupos más importantes, pero existen muchos más. Integrados en gran parte por terroristas y mercenarios extranjeros: se han llegado a contabilizar 87 nacionalidades diferentes, aunque el país que más yihadistas aporta es Arabia Saudita. En 2013 había en Siria cerca de 248.000 matarifes salafistas.

La cuestión kurda

Los kurdos son un pueblo de origen indoiranio que no posee un estado propio y se encuentra repartido entre los estados de Turquía, Irak, Siria e Irán. Su idioma es el kurdo y son mayoritariamente musulmanes sunnitas. La población kurda de Siria se ha concentrado históricamente en Hasaka, Afrin y algunos barrios de Damasco y Alepo. Gran parte de los kurdos presentes en Siria tienen un origen inmigratorio: son el producto de las diversas olas de refugiados y exiliados que han huído de Turquía por la represión y las matanzas llevadas a cabo por el Estado turco. 

En 1978 se crea el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía. Se trata de una guerrilla que originariamente adhiere al marxismo-leninismo y que emprende la lucha armada contra el régimen turco con la finalidad de lograr un Estado kurdo independiente y socialista. Hasta el año 2000 Siria apoyó política y militarmente al PKK. Iñaki Urrestarazu señala que “Bases del PKK fueron instaladas en el valle de la Bekaa libanés bajo control del gobierno sirio, mientras que Damasco estuvo protegiendo y alojando  al líder del PKK Öcalan desde 1980 hasta 1998. El norte de Siria se convirtió en centro de operaciones y en uno de los mayores viveros del PKK con la complicidad del gobierno de Assad, permitiendo que los kurdos pudieran optar entre hacer  el servicio militar en Siria o luchar en el PKK en Turquía”. En 1998 el gobierno sirio cesa este apoyo debido a las presiones y amenazas militares de Turquía.

Al iniciarse la guerra contra la Siria baasista en 2011 los kurdos se declaran “neutrales”. El Ejército Árabe Sirio se retira de los enclaves con una importante población kurda en el norte del país (Afrin, Kobane y Hasaka) para poder defender las grandes ciudades y confía la defensa de estos enclaves a las milicias kurdas: las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo). Estas organizaciones han luchado contra el ISIS, destacándose en la batalla de Kobane (septiembre de 2014-marzo de 2015).

En 2015 las YPG comienzan a recibir apoyo y asesoramiento militar de los Estados Unidos. La entrada de Rusia en el conflicto en septiembre de ese año decide a los estadounidenses a dar ese paso como una alternativa complementaria a los yihadistas en sus planes de balcanizar Siria y debilitar y derrocar a su gobierno. El ya citado analista español Iñaki Urrestarazu señala que  “La entrada en acción de Rusia, empujó a los EEUU a plantearse la creación en octubre del mismo año, tras la batalla de Kobane, de una alternativa complementaria al ISIS, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Las FDS compuestas básicamente por kurdos de YPG incorporan yihadistas del ESL para crear un combinado con apariencia más universal, más siria, menos kurda,  y poder ir sustituyendo al ISIS en el Este del Éufrates, objetivo territorial marcado por los EEUU para las FDS,  para cumplir las mismas funciones que el ISIS, pero con una cara menos bárbara, con una cara incluso “progresista”.

A partir de aquí las YPG y las FDS con apoyo militar estadounidense irán ocupando territorios y permitiendo la instalación de bases de las fuerzas armadas de Estados Unidos al este del río Eufrates con el fin de privar al gobierno de Damasco de recursos energéticos y agrícolas y balcanizar el país. Es decir, estas milicias kurdas pasaron a actuar como mercenarios al servicio de los imperialistas norteamericanos.

Israel y Turquía

Israel y Siria se han enfrentado en tres guerras (1948,1967 y 1973) y tuvieron en los últimos 70 años innumerables choques, escaramuzas y enfrentamientos menores. El Estado sionista ocupa ilegalmente desde 1967 los territorios sirios de los Altos del Golán. Entre ambos países no se ha firmado un acuerdo de paz y no existen relaciones diplomáticas. Siria no reconoce la existencia del Estado de Israel. Además, el gobierno de Damasco constituye un bastión del nacionalismo árabe, un apoyo inquebrantable a las resistencias palestinas y libanesa y el principal aliado de la República Islámica de Irán.

Por todo ello, la eventual caída del gobierno del Baas sirio y su reemplazo por los lacayos islamistas de la OTAN o la destrucción y balcanización del la República Árabe Siria constituirían triunfos de primera magnitud para el régimen israelí y consolidarían aún más su hegemonía e impunidad en la región. En virtud de esto, a pesar de declararse neutral en la guerra que sufre Siria desde 2011, el Estado de Israel ha realizado incontables ataques aéreos contra el Ejército Árabe Sirio y sus aliados iraníes y libaneses. Además, el gobierno israelí ha prestado ayuda económica, militar, logística y médica a los terroristas que atacan Siria.

Por su parte, Turquía (país miembro de la OTAN) ha efectuado una constante injerencia en el conflicto sirio. El Presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su “Partido de la Justicia y el Desarrollo” adhieren a una orientación islamista y son muy cercanos a los “Hermanos Musulmanes”. A su vez, Erdogan emprendió en los últimos años una política exterior cada vez más agresiva basada en los presupuestos del neo-otomanismo, es decir, la búsqueda de extender la influencia de Turquía en los países y regiones que antiguamente formaban parte del Imperio Otomano.  En función de todo esto, el gobierno turco se involucró desde el comienzo de la guerra contra Siria apoyando a los “rebeldes”. Por ejemplo, el grupo “Ejército Sirio Libre” ha recibido entrenamiento y apoyo militar desde y en territorio turco. También el régimen de Erdogan se dedica a reclutar, alojar, entrenar, armar y transportar miles de mercenarios para que combatan en Siria. A su vez, el ejército turco ha permitido el tránsito a través de la frontera de integrantes del ISIS y el tráfico de petróleo que dicha organización terrorista realiza para financiar sus actividades criminales. Además, Turquía brinda asistencia militar, logística y económica al “Frente Al Nusra”.

Como si todo esto fuera poco, desde 2016 Ankara ha lanzado cinco operaciones militares en distintas localidades del norte de Siria con la finalidad de desalojar de la frontera a las milicias kurdas de las YPG (cercanas al PKK) y crear una “zona de seguridad”. Actualmente las fuerzas turcas ocupan aproximadamente el 5% del territorio sirio. El territorio controlado por Turquía en Siria abarca las ciudades de Afrinal-BabAzazDabiqJarabulus y Rajo y los puestos de observación en la provincia de Idlib.

Los aliados de Siria: Irán, Hezbollah y Rusia

Desde el comienzo de la guerra la República Islámica de Irán ha proporcionado apoyo financiero, técnico y militar a Siria para repeler la agresión terrorista. El respaldo militar incluye el despliegue de asesores y de tropas en el terreno. Estas tropas pertenecen principalmente al “Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica”, que constituye una rama de élite de las Fuerzas Armadas iraníes creada para defender el sistema islámico poco después de la Revolución de 1979. También se encarga de las operaciones militares en el extranjero a través de su “Fuerza Quds”. Esta fuerza ha tenido una destacada actuación en Siria luchando y derrotando a los terroristas de ISIS y otros grupos yihadistas. Su jefe, el General Qasem Soleimani, fue vilmente asesinado por los Estados Unidos el 3 de enero de 2020 en Bagdad. Fue la venganza de la camarilla gobernante estadounidense por su liderazgo y heroica actuación apoyando a la Siria baasista y contribuyendo de manera esencial a la derrota de ISIS.

Hezbollah es un partido-milicia libanés chiíta de carácter antisionista y antiimperialista fundado en 1982 como respuesta a la invasión israelí del Líbano e inspirado por la Revolución islámica iraní. Es uno de los partidos políticos más importante del pequeño país árabe y cuenta con representación parlamentaria y con varios ministros en el gobierno libanés. A su vez tiene un importante brazo armado que incluso ha llegado a humillar a Israel en la guerra del Líbano de 2006. Hezbollah es un histórico y fiel aliado de Siria e Irán.

Desde el 2012 Hezbollah ha intervenido en la guerra de Siria apoyando a las fuerzas gubernamentales enviando a sus milicianos a luchar en el terreno junto a las fuerzas sirias e iraníes contra las hordas yihadistas. Cientos de sus militantes han caído en combate durante el conflicto.

Por su parte, Rusia es un tradicional aliado de la República Árabe Siria, alianza que viene de la época soviética. Hafez al Assad, Presidente sirio entre 1971 y 2000 y padre del actual, era un militar de la aviación que había recibido adiestramiento y educación en la Unión Soviética. La URSS apoyó diplomática y militarmente a Siria en sus guerras contra Israel. En 1971 sirios y soviéticos firmaron un acuerdo por el que estos últimos podían utilizar como base naval para su Armada el puerto de la ciudad siria de Tartús. Esta base fue heredada por Rusia luego de la disolución de la URSS y posee una importancia estratégica para la potencia euroasiática pues es su única base en el Mar Mediterráneo y un activo importante a la hora de proyectar poder en el Medio Oriente.

Rusia es un aliado vital para Siria. Es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y dicha posición le ha permitido vetar las resoluciones anti-sirias patrocinadas por las principales potencias occidentales. Además tras la experiencia de la guerra civil libia, donde las resoluciones de la ONU fueron sobrepasadas por el accionar de la OTAN, el gobierno ruso decidió proteger la soberanía siria. Moscú ya no está dispuesto a permanecer impasible cuando un aliado histórico es destruido por los imperialistas occidentales. Asimismo la Federación Rusa ve en la guerra terrorista contra Siria una amenaza contra su propia seguridad pues en el país árabe hay un gran número de terroristas yihadistas de nacionalidad rusa (generalmente originarios de las regiones de Chechenia y Daguestán), lo cual representa un peligro para las regiones rusas de población musulmana. Se debe tener en cuenta que aún permanecen activas pequeñas células terroristas en el Cáucaso norte como rescoldo de la guerra de Chechenia.

En este sentido y a petición del gobierno sirio, Rusia inició su intervención militar anti-terrorista el 30 de septiembre de 2015. Esta operación consiste básicamente en una campaña de bombardeos aéreos contra las fuerzas terroristas y ha sido invaluable para Siria pues ha permitido que las fuerzas patriotas pasen a la ofensiva y recuperen el territorio perdido: al iniciarse la actuación militar rusa gran parte del país había caído en manos de los diversos grupos yihadistas y en la actualidad el gobierno legítimo controla la mayoría del territorio y prácticamente ha ganado la guerra.

Conclusión

Entre 1989 y 1991 cayó el muro de Berlín y desaparecieron la URSS y el campo socialista que ésta lideraba. EEUU alcanzó el paroxismo de su poder: el mundo bipolar posterior a la Segunda Guerra Mundial había trocado en unipolar. Los estadounidenses gozaban de un poder sin límites ni contrapesos para hacer y deshacer a su gusto. Enseguida pusieron manos a la obra: efectuaron la “Operación Tormenta del Desierto” contra el Irak baasista de Saddam Hussein, liquidaron la República Federativa Socialista de Yugoslavia, expandieron la OTAN hacia las fronteras de Rusia incorporando países que habían formado parte del Pacto de Varsovia y ex repúblicas soviéticas, en 1999 bombardearon Serbia para desgajar la región de Kosovo y construir allí un “estado” títere que albergue la mayor base militar estadounidense en territorio extranjero, en 2002 invadieron Afganistán, en 2003 arrasaron Irak violando olímpicamente la legalidad internacional y en 2011 bombardearon Libia y ayudaron al derrocamiento y asesinato de Muamar el Gadafi. También en 2011 los imperialistas occidentales, los reaccionarios árabes, Turquía e Israel lanzaron la agresión contra la República Árabe Siria. Ya en 2002 éste país había sido colocado en el “eje del mal” por George W. Bush. Después de invadir Irak y destruir Libia, le tocaba el turno al gobierno baasista, antiimperialista y panarabista del Presidente Bashar al Assad. Su liquidación implicaba barrer con el último escollo existente para el control total de Medio Oriente y preparar el terreno para atacar a la República Islámica de Irán. Pero el mundo ya no era el de la década de 1990: China había emergido como nueva superpotencia económica, tecnológica y militar y Rusia se había recuperado de la debacle que implicó la disolución de la URSS. Es decir, a esta altura el mundo se encontraba a las puertas de una reorganización del Sistema Internacional, pues había surgido un grupo de potencias emergentes que buscaba lograr una nueva distribución de poder para poner fin a la hegemonía occidental encabezada por los Estados Unidos. Esta es la razón profunda por la que los agresores de Siria están siendo derrotados, además de la resistencia heroica de su pueblo. En su impotencia y ya que no pueden vencer militarmente se han propuesto ahogar económicamente al país y privarlo de los recursos necesarios para su reconstrucción mediante sanciones financieras y el saqueo de sus pozos petroleros al este del Éufrates. No pueden aceptar que el orden mundial está cambiando y que la impunidad de la que gozaron desde la caída de la URSS se desvanece. Un nuevo mundo está naciendo en Siria: un mundo multipolar.

TeNeT: Ser y pérdida.

  

Pocos directores tienen sus obsesiones tan a flor de piel como Christopher Nolan.

Ya desde su film presentación —que no el primero—, Memento, seguido por la remake de la película Insomnia, y apoyado por la taquillera tríada que significó The Prestige, Inception e Interstellar, Nolan se caracteriza por poner en jaque las estructuras narratológicas básicas, los puntos de apoyo ya pautados y la pretendida linealidad que cimienta nuestra experiencia a través de un trabajo de deconstrucción de las coordenadas del espacio y, fundamentalmente, el tiempo.

Por supuesto, no se trata del único director con un interés particular por la estructuración de los devenires transitorios del relato. Ahí está Tarantino y sus pletóricos flashbacks. También Woody Allen, quien le debe mucho crédito de la seminal Annie Hall al editor de la misma, quien aseveraba que no había mucha historia allí, pero que “barajando el mazo” podía darse una alquimia única. En las manos de Nolan, sin embargo, el tiempo deja de ser una herramienta para generar interés, sorpresa o misterio —como es habitual—, para recuperar una suerte de subjetividad propia de la experiencia humana —no percibimos el tiempo linealmente, lo sabemos, solo lo ordenamos así para hacerlo inteligible— y transformarse en un artefacto maleable y cambiante a partir de los filtros de la experiencia, la memoria o el deseo.

Por eso TeNeT parecía la película ideal para poner toda la carne al asador y demostrar sus habilidades. Con un plot a medio camino entre la sci-fi y el relato de espías —que ya había transitado con mucho éxito en Inception—, la idea del ataque de un futuro en ruinas sobre un pasado que es el responsable del mismo —cataclismo mediante a piacere— a través de la “inversión” de la temporalidad subjetiva, tanto de objetos como de personas —¡que las cosas van pa’trás, hombre!—, TeNeT era fértil no solo para explorar la formalidad de la dirección del buen Chris, sino también para promover la reflexión en torno a esos temas.

Sin embargo, falla… y, creo yo, acá está lo interesante de este artículo, la falla no está donde la mayoría cree encontrarla, sino en el corazón emocional de la obra.

Para que se entienda, se ha planteado a Nolan como un director frío, tal vez demasiado enamorado del artificio a la hora de contar una historia. Sin embargo, nuestra clave de lectura es que la pericia, la forma de estructurar sus historias a través de la no-linealidad, los saltos entre temporalidades y la disrupción del devenir, por así decirlo, son un síntoma, una demostración extrema y metafórica de un proceso muy humano, a saber: la pérdida.

La pérdida de nuestro centro emocional destruye nuestra capacidad de ordenar la narrativa de nuestra vida, ya sea en uno u otro aspecto, transformando nuestra experiencia en caos. Para Nolan, la pérdida “hecha carne” en las personas que nos rodean, en las personas que amamos, es el motor de la disgregación de los pilares que sostienen nuestros procesos cognitivos en la concatenación de eventos que configuran nuestra narrativa personal; o, más exactamente, la narrativa personal de todos sus personajes.

Sin mencionar la tríada obvia de la que hablé más arriba, incluso películas que no le pertenecen íntegramente como la ya indicada Insomnia o las de la franquicia de Batman —sobre todo la primera— poseen flashbacks que se relacionan con una pérdida que “marca” a los personajes y “descalabra” su mundo. Para Nolan, sin la persona querida, todo lo que queda es un caos de memorias, recuerdos y sueños que, según Borges, son mitad recuerdo y mitad olvido; un rompecabezas que tenemos que armar.

Esto tiene una doble función a la hora de entender el relato. En primer lugar, la pérdida es una emoción fácilmente identificable —todos hemos perdido a alguien— que hace que, aún presentada con trazos gruesos —las esposas e hijos que se pierden en las narrativas de Nolan son poco más que arquetipos funcionales— de algún modo entendamos y apoyemos a los personajes. En segundo lugar, nos hace creer que existe un pasado más allá de los bordes de la película: estos personajes han vivido, han tenido relaciones profundas y, sobre todo, han errado, haciendo que podamos sentir, sopesar y entender su “gravitas”, su peso en cada uno de los flashbacks. En cada uno de los recuerdos que vemos, intuimos la presencia de muchos más…

Lo que nos lleva de nuevo a TeNeT, donde no tenemos una pérdida que impulse a nuestros personajes a la acción —aunque eso no significa que no haya motivaciones— y la construcción de las relaciones que podrían acercarnos a este proceso de identificación queda a mitad de camino. Es decir, que aquello que podría hacer las veces de núcleo “sentimental” está debilitado por varias razones y, en primer lugar, como ya hemos dicho, por la falta de pasado.

Relacionado con lo anterior y bloqueando esta posible «herida», del cuarteto de personajes que protagonizan la obra, solo uno de ellos —Sator, el villano— tiene una interesante historia previa a la cual se referencia semi-pormenorizadamente en la propia película; para todos los demás, y sobre todo para «El Protagonista», la historia comienza con los primeros compases de la cinta y sabremos solo lo que ha de ocurrir de allí en adelante.

Esto, que de algún modo no es casual, sino parte del diseño narrativo que sostiene el film, lamentablemente atenta contra la identificación con nuestro protagonista, debilitando sus posibilidades. Sí, nuestro personaje quiere salvar al mundo; sin embargo, sin un pasado que lo sostenga, sin una razón anclada en su propia historia, todo queda hueco de potencia emocional.

Lo que nos lleva, a mi modo de ver, al segundo de los errores de la película, inscripto en la decisión de dividir lo que podría ser el núcleo emotivo del film en dos historias paralelas —que habrán de cruzarse.

Fiel a su estilo de basarse en tropos y arquetipos familiares a la hora de construir los relatos, las relaciones entre los personajes de TeNeT están fundadas alrededor de dos moldes narratológicos fácilmente reconocibles, en los que no termina de encajar: por un lado, el de la “Buddy Movie” —que va desde Arma Mortal, hasta casi toda la filmografía de Shane Black— y, por el otro, el del interés romántico que es a la vez “activo” y complicación —muy a lo James Bond… una vez más, volviendo sobre caminos ya transitados. En el caso de la “Buddy Movie”, cifrada en la relación del protagonista con Neil (un muy solvente Robert Pattinson), la falta de momentos clave donde hablen de sí mismos, de su historia, sus traumas, deseos o motivaciones, de, una vez más, su pasado —muy necesaria característica de ese tipo de narrativa— en favor de largas escenas donde solo unos detalles salen a la luz, tal vez perdidos entre tanta exposición —uno de los puntos débiles de Nolan… ahora y siempre—, son insuficientes como para que nos creamos, para que “compremos” la peculiar amistad que estos dos personajes están destinados a construir. Un guionista más ducho en exposición y desarrollo se las arreglaría para que ambos estén entrelazados —recordemos al Hans Landa de Tarantino y la primera escena en la cabaña de los La Pedite—, pero Nolan necesita tiempo y enfoque para que esto funcione.

La segunda, más cara al corazón y las sensibilidades de Nolan, tiene que ver con una suerte de triángulo, al que llamarlo amoroso sería excesivo, según creo, que se estructura entre “El Protagonista”, el villano y su esposa —lindo trabajo de Elizabeth Debicki— que, como ya dijimos, toma como base el clásico nudo de las películas de Bond, en que el héroe debe seducir a la compañera del villano para ganar algún tipo de ventaja. Aquí, el cimiento de esa relación no es romántico, sino que se construye en razón de la compasión que “El Protagonista” desarrolla por esta mujer y la búsqueda de alejar a su hijo de la influencia de su malvado padre.

Nobleza obliga, es admirable que Nolan no haya optado por el facilismo de presentarnos este subplot romántico tan remanido; sin embargo, una vez más, que el protagonista sea un espectador o, en el mejor de los casos, un facilitador de los objetivos de la madre, hace que vea un poco esta relación “desde afuera” y la buscada conexión resulte descentrada. Una vez más, si Nolan hubiera decidido manejar este argumento de modo romántico hubiera sido cliché, pero también más identificable desde el punto de vista de la audiencia.

Habiendo dicho eso, se hace obvio que al acometer ambas relaciones desde cero y estar cruzadas por las —hay que decirlo— francamente espectaculares escenas de acción, las pretendidas conexiones están apresuradas, sean incompletas o no toquen al protagonista directamente. ¿Dónde está la apuesta personal? ¿Qué pone en juego como individuo? Hay, sin embargo, una oportunidad perdida de generar esta conexión entre personaje y pasado en la historia de Sator —uno de los pocos flashbacks de la película— que, de haberse aprovechado, haría que la película deviniera una suerte de loop infinito… pero no se dió.

Así, sin “apuestas” más humanas, los lazos emotivos que cruzan al protagonista resultan un tanto evanescentes, pues en lugar de espejar y entrelazar las grandes problemáticas —salvar al mundo— con dilemas más personales —venganza, expiación, cierre—, como Nolan ha hecho con otras películas de su filmografía —sobre todo Inception y, paroxísticamente, Interstellar, en TeNeT se contenta con la amenaza a gran escala como único fin del camino.

Lo que nos lleva a la tercera falla de la película: sin el núcleo emocional que lo contenga, el “high concept” se transforma en puro formalismo… y en un problema. 

Por más impresionantes que sean los efectos de la “inversión” temporal y las escenas que los contienen, sin el ancla emocional, sin buenas relaciones entre buenos personajes, el “high concept” se transforma en pura pericia técnica, pura mojada de oreja que aliena a las grandes audiencias —y no nos engañemos: Nolan es un hacedor de blockbusters, no es David Lynch ni Wes Anderson. Cuando aparece esta “falla”, cuando el núcleo es “tambaleante”, la audiencia se enfoca en otro aspectos del metraje y el mismísimo “high concept” se presenta a un mayor escrutinio por parte del espectador. La duda ante las mecánicas que sostienen ese mundo ficticio —inexplicables, seamos sinceros— nos hace reparar en las explicaciones más de lo que a la película le convendría.

Hablando en criollo: si en el cine estamos más ocupados pensando en cómo funciona un elemento de la historia en lugar de preocuparnos por las peripecias de los personajes… tal vez no todo esté funcionando bien.
Que se entienda: a pesar de estas “fallas”, TeNeT es un espectáculo digno de verse y de un disfrute más que pasajero… es, de alguna manera, el mejor tipo de fallo, el que ocurre cuando la ambición sobrepasa algunas capacidades… Como ya dijo alguien —vaya uno a saber quién—: si vas a fallar, por lo menos que sea en grande.

Paritarias 2021: el desafío de la recomposición salarial en medio de la crisis

La irrupción de la pandemia de covid-19 asestó un fuerte golpe a la ya crítica situación económica argentina. El cierre de miles de empresas y comercios se reflejó en una caída aproximada del 10,8% del PBI en el 2020. A este panorama de por si complicado, debemos sumarle las tensiones inflacionarias que amenazan con sobrepasar la estimación oficial para este año y acercarse al 50%. En este contexto ¿qué podemos esperar de los acuerdos paritarios del 2021? 

Sobre llovido, mojado

A los problemas estructurales y a la crisis económica heredada del macrismo, se sumaron las consecuencias de la pandemia mundial de covid-19. 

La necesidad de preparar el sistema sanitario para enfrentar la aparición de una enfermedad desconocida, implicó adoptar una cuarentena que tuvo implicancias en el nivel de actividad económica. Al igual que en la mayoría de los países, la paralización de ciertas actividades consideradas no esenciales y las restricciones a la movilidad de las personas, generó una ola de cierre de empresas, una importante caída en la recaudación del estado y un fuerte aumento del desempleo y la pobreza.

Tanto desde los sindicatos como desde el estado se buscó desarrollar propuestas a fin de morigerar los efectos económicos negativos de las necesarias medidas sanitarias. Por un lado, en algunos de los rubros más golpeados –como hotelería y gastronomía– empresarios y gremios acordaron reducciones salariales o suspensión de personal a fin de mantener las fuentes de trabajo. A su vez, desde el gobierno, se tomaron una serie de medidas como la prohibición de despidos, la ayuda económica a las empresas para pagar sueldos (ATP) y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). 

Hacia el último trimestre del 2020, las medidas de progresiva flexibilización de las restricciones sanitarias posibilitaron un proceso de recuperación de la actividad económica y el empleo, incluso algunos rubros retomaron el nivel prepandémico. Y en esa etapa final del año, muchos gremios retomaron la discusión por las paritarias, que habían quedado demoradas por el efecto de la pandemia. 

Tomando en cuenta los diferentes acuerdos paritarios firmados a lo largo del año por los distintos gremios se registró un aumento promedio del 32%. La incertidumbre económica y sanitaria influyo en la metodología de negociación entre los sindicatos y las patronales, en donde se destacó el uso de bonos y sumas fijas, así como acuerdos por periodos cortos (menos de un año) y en algunos casos la introducción de un compromiso de revisión de lo pactado.

Año nuevo, problemas viejos

El escenario actual se evidencia complejo, con una economía deprimida donde además no está descartada la necesidad de volver a implementar una cuarentena estricta en el caso de un agravamiento de la cuestión sanitaria por la llegada de un nuevo rebrote. A su vez, este año presentará otras dos particularidades, que probablemente influyan en la discusión paritaria: las elecciones legislativas de medio término en octubre y, por otro lado, el proceso electoral que afrontaran algunos de los más importantes gremios de la CGT, los cuales repercutirán en la posterior renovación de autoridades de la central sindical.

La situación económica parece que seguirá demostrando altos niveles de desempleo y pobreza, así como un nivel de actividad aletargado y un recrudecimiento de las tensiones inflacionarias. Es probable que los gremios más golpeados por la situación sanitaria tiendan a negociar –como en el 2020– la estabilidad laboral de sus representados más que a presionar por mejorar el ingreso. Por otro lado, las actividades que han salido menos afectadas por la pandemia y han logrado consolidar su crecimiento, probablemente si se centren en lo salarial y busquen equiparar los aumentos con la inflación, que por lo evidenciado en los primeros meses de 2021, sobrepasará la estimación oficial establecida para el Presupuesto de este año en 29%.

Las elecciones legislativas que tendrán lugar en octubre son cruciales para el gobierno de Alberto Fernández. En dichos comicios se juega la posibilidad de fortalecer su gobierno mediante el control de la Cámara de Diputados, donde actualmente es minoría, y conservar su dominio en la Cámara de Senadores. La elección, además de ser importante en términos de gobernabilidad, mostrará la fuerza o no de su proyecto de cara a 2023. En ese sentido, una recuperación de la capacidad de compra de los salarios puede influir directamente en el humor social y mejorar las posibilidades electorales del Frente de Todos.

También se desarrollarán elecciones internas en algunos de los gremios más importantes (Alimentación, metalúrgicos, bancarios, ferroviarios, telefónicos, municipales porteños, entre otros), en las cuales se define no sólo la conducción de éstos sino también los representantes que dichos gremios envían a la CGT, situación que definirá cuál de los sectores internos en pugna (“gordos” o moyanistas) quedará al frente de la central obrera. Por lo que las necesidades electorales y la voluntad de poder de algunos de los oficialismos gremiales puede que estimulen la búsqueda de cerrar mejores acuerdos salariales.

El escenario planteado

A la golpeada economía nacional recibida por Alberto Fernández al asumir su cargo presidencial, se le sumaron los efectos –económicos y sanitarios– de la terrible pandemia de covid-19 que azotó al mundo entero. El magro bolsillo de los trabajadores argentinos mira con esperanza las negociaciones paritarias, aunque la actual situación del país anticipa ilusiones limitadas. 

Este es, en el mejor de los casos, el escenario de los trabajadores registrados –tanto públicos como privados–, que son alcanzados por los convenios colectivos y las leyes laborales, pero no debemos olvidar que algunas estimaciones afirman que cerca del 50% de la masa total de trabajadores del país, compuesta por los trabajadores informales (“en negro”), monotributistas y cuentapropistas, no se ve amparada por las mejoras salariales y laborales que surgen de las paritarias.

Finalmente solo quedan preguntas ¿cómo reaccionará la economía argentina este año? ¿lograran alcanzar los salarios al nivel de inflación de este año? ¿podrán los trabajadores mejorar su poder adquisitivo? ¿sufriremos un rebrote de covid-19? ¿qué será del sector de los trabajadores informales?

La sombra del viajero: Presencia de Nietzsche en la filosofía de Carlos Astrada.

Carlos Astrada da a la imprenta su libro Nietzsche, profeta de una edad trágica hacia fines de 1945. Biografía intelectual, exposición de los núcleos conceptuales del pensamiento nietzscheano e interpretación de explícitas proyecciones ético políticas, el ensayo astradiano se inscribe bajo los múltiples registros que atravesaban la vida de su autor, de la cátedra universitaria y la pluma académica a la tribuna política y el ensayo de intervención pública.

Dieciséis años después ve la luz una segunda edición de la obra astradiana. A los mínimos ajustes de estilo se suma una
serie de importantes modificaciones: varios párrafos añadidos y un número nada desdeñable de supresiones, dos capítulos nuevos en la mitad del libro y un extenso capítulo final. El cambio de título y la moderación en el tono de algunos pasajes expresan la torsión que Astrada ha dado a su pensamiento: Nietzsche, profeta de una edad trágica se convierte, en 1961, en Nietzsche y la crisis del irracionalismo.

El interés de Astrada por Nietzsche no principia en 1945. Tampoco en 1943, cuando le dedica un artículo y una disertación radiofónica a su figura y a aspectos de su pensamiento —“Nietzsche, filósofo de la vida” y “Ruptura con el platonismo”, respectivamente, que incluimos en el presente volumen a modo de apéndices—, ni en 1939, cuando pronuncia un ciclo de tres conferencias bajo el título de “Presencia y significado de Nietzsche”. Los primeros rastros de Nietzsche en la obra astradiana hay que buscarlos antes, en los escritos pertenecientes a su período juvenil, «vitalista» (1). En ese momento inaugural, Nietzsche es más una secreta inspiración que un objeto de estudio preciso, a diferencia de lo que ocurrirá hacia la década de 1940. Presencia escurridiza, entonces, que en pocas ocasiones obsequia al estudioso contemporáneo el lujo del nombre pronunciado, y que aparece mediada por otros autores, que la lectura astradiana emparenta con motivo de una serie de problemas metafísicos y ético-políticos: Max Stirner y Jean-Marie Guyau —cultores de la potencia y el despliegue de la vida, sin importar si el pensamiento del primero se resolvía en la apoteosis egoísta del Único y el del segundo en la búsqueda de una convivencia universal que pedía armonía, solidaridad y amor como modos de expandir la vitalidad—; Søren Kierkegaard y Miguel de Unamuno —quienes han intuido el hondo misterio del Absoluto y la trágica trama de la existencia, que descansa sobre un fondo de dolor insobornable, y que rechazan, como Nietzsche, todo sistema filosófico, toda posibilidad de apresar la singularidad de la vida en las seguras mallas del concepto—; Georges Sorel —quien destacó la importancia del «mito» en la conformación de un grupo humano, y cuya filosofía política apuntaba a incentivar un heroísmo capaz de subvertir el sentido declinante y decadente de una civilización dominada por la hipóstasis de la razón—; Georg Simmel y José Ortega y Gasset — lectores de Nietzsche ellos mismos, que plantearon, en la senda del filósofo de Röcken, la dialéctica, irresoluble para uno y con posibilidades de redención para el otro, entre la «vida» y sus «formas».

El joven Astrada despliega una concepción del ser humano cuyos rasgos distintivos son la finitud y la inmanencia radicales, una filosofía para la cual las manifestaciones de las potencias creativas del hombre están por entero atravesadas por la historicidad. El centro orbital de su pensamiento lo constituye la categoría de «vida»: las distintas «formas» u objetivaciones culturales —filosofía, ciencia, arte, religión, ética, política— son productos de la vida, en ellos se plasma y a ellos irriga mientras le son favorables para su desenvolvimiento. Astrada reconoce que trascender las formas que le son contemporáneas, a las que considera ya caducas, implica trascender el modo de producción capitalista y el modo de vida que éste ha configurado. Ello supone, al mismo tiempo, «vitalizar» la cultura, volver a colocar las diversas formas culturales al servicio de la vida. El culto a la «vida», la «voluntad» y el «impulso vital» redunda en esta época en una celebración de lo moviente, de la creación, de las posibilidades siempre abiertas que brinda la acción (2). Más que la búsqueda del nombre Nietzsche, o incluso de nociones a él asociadas —que no faltan, ni el uno ni las otras: el diagnóstico de la «muerte de Dios» y la postulación de un «sentido de la tierra» a conquistar; el «renacimiento del mito» y la «tragedia» como los signos de una nueva época que se abre paso; el «filisteísmo» de los devotos de la «diosa Razón»; la patria como «tierra de los hijos»; la zarathustriana apelación al «instante» en que la vida, henchida de sí, se plenifica en la aspiración del retorno—, lo que debe destacarse al mentar la presencia nietzscheana en la obra temprana de Carlos Astrada es una suerte de figura «rectora» que traza una orientación y tono general, la sombra de un viajero que lo acompaña a lo largo de toda su singladura juvenil y de la cual ya no se desprenderá durante el resto de su trayectoria intelectual (3).

En su madurez, influido por el Heidegger de Ser y tiempo, Astrada realiza un pasaje a la filosofía «existencial». Ello lo conduce a una indagación profundamente personal, que recorta sus perfiles sobre su trayectoria previa. El «existencialismo» astradiano tiene un marcado acento en sus proyecciones prácticas, ético-políticas, y está volcado por entero sobre la vida histórico-fáctica, las concretas condiciones materiales en que el ser humano se halla inserto y su relación con el mundo natural —a partir de la ciencia y sus aplicaciones técnicas. Será fundamental el temprano acercamiento que Astrada realiza entre Heidegger y Karl Marx —a partir de la historicidad, la unidad gnoseológica y ontológica de sujeto y objeto, la dimensión colectiva de lo humano y la primaria orientación práctico-teleológica del Dasein como ser-en-el-mundo— y entre Heidegger y Hans Freyer —a partir del análisis, en clave de sociología filosóficamente fundada, de las «estructuras ónticas» que configuran el mundo contemporáneo: el Estado, la técnica y la economía capitalistas. En la reconstrucción astradiana de las modificaciones en la sensibilidad del hombre contemporáneo que posibilitaron la aparición de la filosofía existencial —a la que reconoce como la «filosofía de nuestra época»—, Nietzsche tiene, junto a Kierkegaard y Schelling, un papel anticipatorio y «precursor». Se comprende así la idea general que estructura Nietzsche, profeta de una edad trágica, escrito al promediar su etapa madura: en Nietzsche pueden encontrarse los anuncios más radicales de un pensamiento prospectivo que coloca al ser humano concreto como principio y fin de toda acción y toda cultura.

En su período tardío, finalmente, Astrada morigera su entusiasmo por la figura de Nietzsche. Destaca las limitaciones del «irracionalismo» frente al proyecto de la Razón dialéctica, que reconoce en Hegel y Marx sus encumbrados exponentes. Enjuicia críticamente el individualismo nietzscheano, de matriz aristocrática, y enfatiza la necesidad de pensar la emancipación en clave colectiva y popular (4). No obstante, y a diferencia de otras visiones marxistas de la época, Astrada lee como un verdadero dialéctico: Nietzsche es una estación ineludible en el pensamiento occidental. Su contribución decisiva y profunda a la conciencia contemporánea radica en la vigorosa crítica de todos los valores —filosóficos, morales, religiosos— que deprecian la vida e impiden el acrecentamiento de las posibilidades del ser humano. Tal es el sentido general de Nietzsche y la crisis del irracionalismo, la reedición de su obra sobre el filósofo de Röcken. El imperativo nietzscheano de «permanecer fieles a la tierra» es el principal aspecto asimilable de una filosofía afirmativa, que irriga la cosmovisión astradiana final: el humanismo activista de la libertad inspirado por Hegel y Marx.

NOTAS

1. Existe un consenso general en torno a la existencia de tres períodos en la obra astradiana. El primero de ellos, «vitalista», se extendería entre los años 1916 y 1927, esto es, desde el primer texto conocido del autor, “Unamuno y el cientificismo argentino” (1916) hasta su viaje a Alemania a raíz de la obtención de una beca por el ensayo “El problema epistemológico en la filosofía actual” (1927). En su estadía europea, hasta 1931, se produce el encuentro determinante con el pensamiento de Martin Heidegger, que ese mismo año publica Sein und Zeit [Ser y tiempo], su obra señera, y a cuyos cursos Astrada asiste. Se abre con ello un período maduro, caracterizado por un pasaje hacia la fenomenología y la «filosofía existencial». Su libro La revolución existencialista (1952), finalmente, oficia de bisagra entre los períodos maduro y tardío. Este último —que se extiende hasta su muerte, en 1970— se caracteriza por un viraje hacia la dialéctica hegelo-marxiana, que Astrada intenta poner en diálogo productivo con su formación previa. Para una introducción insoslayable y ya clásica a la vida y obra de Carlos Astrada, véase: David, Guillermo. Carlos Astrada. La filosofía argentina, Buenos Aires, El cielo por Asalto, 2004.

2. He trazado una interpretación de las principales líneas del pensamiento juvenil astradiano en: “Carlos Astrada. Del ideal anarquista al nacionalismo revolucionario (Estudio Preliminar), en Astrada, Carlos, Escritos Escogidos. Artículos, manifiestos, textos polémicos. Volumen l (1916-1943) (comp. Prestía, Martín) [en prensa].

3. Así lo reconocen sus principales intérpretes: mientras que Alfredo Llanos ha podido afirmar que “el ingrediente nietzscheano en la filosofía de Astrada es de importancia capital […] y le ha servido para fortalecer algunos rasgos distintivos de su obra”, David propone, en un sentido similar, que “en su constituirse como filósofo la frecuentación crítica de la obra de Nietzsche fue dotándolo de una mirada penetrante, de criba e impugnación de la metafísica y la moral occidentales, que, desde su dominio de los saberes propios del más levantado ademán académico, le posibilitará adoptar una posición raigalmente autónoma, libre”. Véase: Llanos, Alfredo. Carlos Astrada, Buenos Aires, Ediciones Temporalidad, 1994, p. 12; y David, Guillermo. Carlos Astrada. La filosofía argentina, p. 142.

4. Véase: Astrada, Carlos. “La escatología del eterno retorno de lo igual: Nietzsche”. En El marxismo y las escatologías, Buenos Aires, Procyon, 1957, pp. 93-116.

Yemen: La peor catástrofe humanitaria del siglo XXI.

La República de Yemen, situada al sudoeste de la península arábiga, limita con Arabia Saudita al norte, con Omán al este, con el golfo de Adén y el mar Arábigo al sur y con el mar Rojo al oeste. Es el país árabe más pobre y, por si eso fuera poco, es el escenario de una cruenta guerra civil e internacional que ha causado uno de los peores desastres humanitarios de la historia. La guerra ha provocado más de 110.000 muertos y 3,6 millones de desplazados. El 80% de sus 30 millones de habitantes sobrevive gracias asistencia humanitaria internacional. La hambruna amenaza a gran parte de la población: según la Agencia de la ONU para los Refugiados, más de 7,4 millones de personas necesitan asistencia nutricional, incluidos 2,1 millón de niños y 1,2 millones de mujeres embarazadas o lactantes que sufren desnutrición moderada o severa. A esta situación hay que sumar una epidemia de cólera, el dengue y el COVID-19. ¿Pero cómo es que se llegó a una catástrofe de tal magnitud? Para responder esta pregunta debemos hacer un poco de historia.

Una historia convulsa

La desintegración del Imperio Otomano luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial derivó en la independencia del Reino de Yemen en el norte del país bajo un gobierno hereditario teocrático en manos del imanato zaidí y en la constitución de un protectorado británico en el sur. En 1962 estalla una guerra civil en el reino del norte cuando las fuerzas republicanas y nacionalistas árabes cercanas a la línea del líder egipcio Gamal Abdel Nasser derrocan al imán Mohamed al Badr. Egipto y la URSS apoyaron a los republicanos, mientras que Arabia Saudita, Jordania y EEUU apoyaron a los monárquicos. Nasser envió más de 70.000 soldados a Yemen del Norte y su compromiso en este conflicto terminó afectando el desempeño de las Fuerzas Armadas egipcias en la Guerra de los Seis Días de 1967. La guerra culminó en 1970 con la victoria republicana y la proclamación de la República Árabe de Yemen. 

Mientras en el sur se desarrollaba una guerra de guerrillas para expulsar a los colonialistas británicos que finalmente se retiraron en 1967. Como consecuencia de ello llegó al poder el Partido Socialista de Yemen y se proclamó la República Democrática Popular de Yemen de carácter marxista-leninista y alineada con la URSS, la República Popular China y el resto de países del bloque socialista.

A diferencia de lo que ocurría en Alemania, Corea o Vietnam, las relaciones entre ambos Yemen fueron relativamente amistosas; habiendo incluso varias tentativas de unificación. Durante la década de 1980 hubo importantes avances en ese sentido y la caída de la URSS aceleró el proceso de unificación que culminó con la unidad de ambos países en 1990. No obstante esto, enseguida estallaron las diferencias pues los acuerdos firmados no fueron cumplidos por el Norte, la reforma agraria fue desmontada y el laicismo acordado no fue implementado. En 1994 el Sur se subleva e intenta la secesión desatándose una breve pero cruenta guerra civil que culmina con la victoria del Norte. El analista Iñaki Urrestarazu considera que se trató más bien de una “invasión en toda regla del Sur por parte del Norte para liquidar todos los vestigios del socialismo, con importantes matanzas de militares y civiles, expulsando a miles de funcionarios y militares de sus puestos de trabajo y privatizando de nuevo las tierras”. El mismo autor señala que el líder del Norte Ali Abdullah Saleh “para poder salir victorioso de esta contienda tuvo que echar mano de todas las fuerzas reaccionarias de la región, como Arabia Saudita, y las fuerzas imperialistas con EEUU a la cabeza, y tuvo que reactivar el yihadismo integrista nacional e internacional forjado en la guerra de Afganistán”. Saleh, que era presidente de Yemen del Norte desde 1978, fue electo como primer mandatario del Yemen unificado en 1999 y utilizó su poder para consolidar un régimen autocrático monopolizando el gobierno durante los años venideros con el apoyo de EEUU y Arabia Saudita.

En 2004 hace su aparición el movimiento insurgente chiíta zaidí Ansar Allah (partidarios de Dios), también conocidos como Hutíes por el nombre de su líder fundador, el clérigo Husein Badrudin al-Huthi. En ese año los Hutíes se levantan en armas contra el régimen de Saleh acusándolo de aplicar una política de discriminación hacia los zaidíes y de ser un lacayo de Israel y los Estados Unidos. A fines de 2004 las fuerzas de Saleh mataron a al-Huthi. Ansar Allah continuó con la lucha armada hasta que en 2010 se llegó a un cese al fuego. Los Hutíes tienen su base territorial y social en la provincia norteña de Saada, que limita con Arabia Saudita.

La guerra actual

En 2011, al calor de la llamada “Primavera Árabe”, se produjeron en Yemen importantes protestas y movilizaciones pidiendo el fin de la represión, de la corrupción y de la pobreza y la salida del poder de Saleh. El 3 de junio de ese año, fuerzas rebeldes tribales atacan el Palacio Presidencial. Al día siguiente, 4 de junio, Saleh se trasladó a Arabia Saudita para recibir tratamiento médico por sus graves heridas; quedando encargado de la presidencia el vicepresidente Abd al-Rab Mansur al-Hadi. Finalmente en noviembre de 2011 se llega a un acuerdo entre la oposición y el gobierno por el que Saleh abandona la presidencia a cambio de garantías de inmunidad para él y sus colaboradores. Hadi asume entonces como presidente. En febrero de 2012, Abd al-Rab Mansur al-Hadi resultó elegido presidente en unas elecciones en las que fue el único candidato y en las que contó con el apoyo tanto del partido del régimen, el Congreso General del Pueblo, como de la mayoría de los partidos de oposición. Los Hutíes boicotearon las elecciones y no se incorporaron al nuevo gobierno de concentración. No obstante ello, aceptaron tomar parte en la Conferencia de Diálogo Nacional apoyada por Naciones Unidas. Pero mantuvieron sus milicias armadas, se convirtieron de hecho en el gobierno de Saada e incluso expandieron el territorio bajo su control. A su vez los enfrentamientos entre los Hutíes y sectores islamistas sunnitas del Ejército continuaron.

En septiembre de 2014 los Hutíes se apoderaron de Saana, la capital de Yemen, dejando a Hadi como presidente nominal pero sin poder real. En enero de 2015 surgieron nuevos enfrentamientos y Ansar Allah puso a Hadi y al gobierno bajo arresto domiciliario, ante lo cual Hadi dimitió. El 6 de febrero los Hutíes establecieron un Consejo Revolucionario presidido por su líder Abd al Malik al-Huthi, hermano de Husein Badrudin al-Huthi. Un mes después Hadi escapó a Adén, la antigua capital de Yemen del Sur, y en un discurso televisado declaró que la toma del poder por los Hutíes era ilegítima y que seguía siendo el presidente constitucional del país. En marzo Ansar Allah inicia una ofensiva y toma Taiz, la tercera ciudad de Yemen, y llega a las afueras de Adén. El día 25 Hadi huye hacia Arabia Saudita y solicita la intervención militar de éste país.

El 26 de marzo de 2015, Arabia Saudita y los demás estados que forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo (Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y Kuwait) inician la Operación “Tormenta Decisiva” mediante bombardeos aéreos contra Ansar Allah. A su vez, forman parte de la coalición internacional Egipto, Jordania, Sudán, Marruecos y Senegal. Los argumentos que utilizan los saudíes y sus aliados para intervenir en Yemen se basan en el principio de defensa propia del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y en la Carta de la Liga Árabe para defenderse de la agresión Hutí y de la amenaza de Al Qaeda y del Estado Islámico. Sostienen que las milicias Hutíes no respondieron a las advertencias del Consejo de Cooperación del Golfo, los Estados árabes y el Consejo de Seguridad, que violaron el derecho internacional y que acumulan armamento pesado en las fronteras de Arabia Saudí.

Las verdaderas razones políticas y estratégicas para la intervención militar son muy distintas. En primer lugar Riad considera que los Hutíes son apoyados por Irán, su principal rival regional, y en tal sentido constituirían una amenaza militar en sus propias fronteras. Además, existe el temor a que un régimen de Ansar Allah impulse el levantamiento de la minoría zaidí del Reino, concentrada en la región de Najrán, lindera con las gobernaciones yemeníes de Saada. Por otra parte, se encuentran las razones geopolíticas, a saber: el control del estrecho de Bab-el Mandeb. Dicho estrecho es una vía natural de navegación que separa Asia de África a través del mar Rojo y el golfo de Adén y conecta el mar Rojo con el mar Mediterráneo a través del canal de Suez. Constituye un cuello de botella estratégico para el tráfico de petróleo proveniente del Golfo Pérsico. Se calcula que el 10% del petróleo transportado por agua pasa por allí. Se estima que en 2018 pasaron por el estrecho 6,2 millones de barriles por día. Resulta evidente pues la importancia que este paso marítimo tiene para los sauditas y también para las potencias occidentales. De hecho EEUU, Gran Bretaña y Francia han estado colaborando con la campaña militar liderada por Arabia Saudita mediante ingentes ventas de armamentos, apoyo logístico e información de inteligencia. Tratan de evitar que Yemen y la costa oriental del estrecho de Bab el-Manded caigan bajo el control de los Hutíes, un movimiento de talante anti-occidental y antiimperialista.

Otros actores intervinientes

Además de los Hutíes y de la coalición liderada por Arabia Saudita, en el conflicto de Yemen intervienen otros actores. En primer lugar, hay que señalar al Consejo de Transición del Sur, un movimiento separatista que busca la independencia de Yemen del Sur y tiene el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos. En un primer momento este grupo combatía del lado de Hadi contra Ansar Allah pero a medida que los intereses de los sauditas y los emiratíes se fueron divorciando también pasaron a combatir contra el presidente. Abu Dhabi ha utilizado esta guerra para expandir su poder geopolítico en la región y establecer bases militares en el Cuerno de África pero teme a la mala imagen internacional provocada por los bombardeos indiscriminados y la catástrofe humanitaria generada. También los Emiratos Árabes Unidos se han alarmado por la escalada de tensión con Irán y buscan concentrarse en su propia seguridad. Sin embargo, los emiratíes han conseguido su objetivo: asegurarse una zona de influencia en la costa sur y occidental de la península Arábiga a través de las milicias que han entrenado y financiado en el sur de Yemen (entre ellas el Consejo de Transición del Sur). Abu Dhabi está interesado en los puertos de ese país, las rutas marítimas y las islas (en especial, Socotra, a la entrada del golfo de Adén). En cambio Riad no ve con buenos ojos al movimiento separatista del sur y su objetivo estratégico sigue siendo la restauración en el poder de Hadi.

Otro actor importante en este conflicto es el partido islamista Al-Islah, rama yemení de la organización salafista Hermanos Musulmanes. Es un respaldo de vital importancia para las fuerzas de Hadi pues constituye el segundo partido del país y cuenta con un importante apoyo entre la población sunnita.

A su vez actúan también en el escenario yemení Al Qaeda y el Estado Islámico. La primera es conocida como Al Qaeda en la Península Arábiga o Ansar al-Sharia. Se trata de la filial más violenta de la organización y gracias al caos reinante en Yemen ha logrado hacerse con el control de algunos territorios, principalmente en la región de Hadramaut (centro del país). El grupo yihadista combate contra todos los demás actores intervinientes en el conflicto. Desde 2009  Estados Unidos realiza una campaña de ataques con drones contra sus miembros. Por su parte, Estado Islámico ha visto en el colapso estatal de Yemen un contexto ideal para expandir su radio de operaciones y crear aquí nuevas provincias para su pretendido Califato. Busca a convertir la guerra civil en curso en un conflicto sectario de sunníes contra chiíes mediante atentados salvajes e indiscriminados contra los Hutíes.

Finalmente hay que mencionar a las fuerzas leales al ex presidente Saleh. A pesar de haber sido acérrimos rivales, los Hutíes y Saleh sellaron una alianza contra Hadi. Gracias a ello la insurgencia zaidí logró ocupar la capital del país y derrocar al presidente. Fueron las fuerzas del Ejército yemení que se mantuvieron leales a Saleh las que les abrieron las puertas de Saana. Pero en 2017 Saleh estaba en tratativas con Arabia Saudita para volver a cambiar de bando y los Hutíes lo asesinaron. No obstante ello una parte del Ejército se mantuvo como aliado de la guerrilla zaidí.

Conclusión

En marzo de 2015 comenzó la operación militar de una coalición de países árabes y musulmanes liderados por Arabia Saudí para restaurar en el poder al presidente del país, Abd al-Rab Mansur al-Hadi, al que la coalición de Hutíes y seguidores del ex presidente Saleh forzó a dimitir. Lo que parecía iba a ser una intervención fácil y rápida, dada la abrumadora superioridad militar saudita, ha desembocado en una caótica guerra que involucra múltiples actores, en un desastre humanitario sin precedentes y en un dolor de cabeza para Riad pues su tropas han sufrido cuantiosas bajas debido a la habilidades guerrilleras de Ansar Allah que se han visto potenciadas por lo montañoso y escarpado del territorio del norte yemení. Los Hutíes se han convertido en una pesadilla para Arabia Saudita por los constantes ataques a sus bases militares, el lanzamiento de misiles sobre su territorio y los ataques con drones a refinerías e instalaciones petrolíferas y aeropuertos.

Con el paso del tiempo las dificultades militares causaron tensiones en la coalición internacional provocando la salida de varios miembros y la necesidad de reemplazar sus soldados con tropas mercenarias. Tensiones que han alcanzado a Arabia Saudí y a Emiratos Árabes Unidos motivadas por diferencias tanto en la estrategia como en los objetivos a conseguir en esta guerra. Para Riad resulta esencial acabar con un movimiento insurgente cercano a Irán que amenaza con expandirse a sus regiones meridionales. En cambio para los emiratíes los Hutíes representan una amenaza mucho menor pues no comparten fronteras con Yemen. A su vez Emiratos Árabes Unidos apoya al Consejo de Transición del Sur para que este logre la independencia de Yemen del Sur y le permita controlar la entrada del mar Rojo y el puerto de Adén.

Por otro lado, el cambio de gobierno en los Estados Unidos (principal aliado y proveedor de armamentos de Riad) significa un nuevo problema para los sauditas. Trump había apoyado sin miramientos a la monarquía y su intervención en Yemen y, además, se había retirado unilateralmente de acuerdo nuclear firmado con la República Islámica de Irán durante la presidencia de Obama. Pero la reciente llegada de Biden a la Casa Blanca cambió la situación. La intención de la nueva administración estadounidense es volver al acuerdo y avanzar a una cierta distención con Irán para estabilizar Medio Oriente y concentrarse en la contención de China. En este sentido el nuevo presidente norteamericano sacó a los Hutíes de la lista de organizaciones terroristas donde habían sido colocados por Trump unos días antes de que terminara su mandato y es partidario de limitar la ayuda militar a Arabia Saudita a lo estrictamente defensivo.

No obstante estos movimientos diplomáticos la guerra sigue día a día y no parece tener visos de terminar en lo inmediato. El final del sufrimiento no está cerca, lamentablemente.

Braden o Perón: La campaña electoral más importante de la historia Argentina.

El libro publicado por Ediciones IFAP y Editorial Columna, cuyo título completo es «Braden o Perón». «El Libro Azul» y «El Libro Azul y Blanco». Los documentos que marcaron la campaña electoral más importante de la historia argentina, reúne dos textos fundamentales para la historia del país en general y del peronismo en particular: el Libro azul, elaborado por el Departamento de Estado de EE.UU. a instancias de su embajador en Buenos Aires, Spruille Braden, donde se acusa a Perón de estar involucrado con el nazismo, y la respuesta de Perón, titulada Libro Azul y Blanco, donde el por entonces joven coronel Perón va a rebatir esas acusaciones.

Los diarios opositores al peronismo reprodujeron en ocasión de su publicación únicamente los párrafos más rimbombantes del documento, donde las acusaciones de nazismo sobre Perón eran más agresivas y espectaculares, pero nunca se había traducido y publicado en su totalidad para el público argentino, por lo cual los lectores del mismo se encontrarán con un material en su mayor parte inédito en español.

La respuesta de Perón va a quedar plasmada en el “Libro Azul y Blanco”, donde él también va a presentar una serie de documentos que van a servir para responder a las acusaciones de Braden. Los lectores podrán acceder a un importante anexo documental, con una serie de recortes de diario, cables de prensa e informes diplomáticos, que se reproducen de forma facsímil y que fueron agregados por el entonces candidato presidencial para sustentar sus argumentos y rebatir las acusaciones recibidas.

A modo de síntesis podemos afirmar que este libro propone dos líneas de lectura: para el que nunca leyó a Perón, busca invitarlo a leerlo, facilitándole su lectura; y para aquellos que ya están acostumbrados a sus textos, ofrecerles un documento inédito en castellano gracias a la traducción completa, por primera vez para esta edición, en un formidable trabajo que estuvo a cargo de Martín Prestía, el valor agregado que ofrece la introducción a cargo de Rannan Rein y una exhaustiva investigación plasmada en notas a pie de página y comentarios a cargo de Jonás Chaia De Bellis.

AntiViral. De estilos y deidades.

Creo haber escuchado alguna vez una lacónica sentencia que rezaba, palabras más, palabras menos: “los creadores hábiles transforman la obsesión en estilo”. Hay una remota posibilidad de que lo haya inventado, aunque es difícil: no creo ser tan ocurrente.

Tal vez un poco exagerada, es cierto, pero difícil sería no estar de acuerdo. En la flexibilidad de lo que entendemos por estilo radicará la potencia y fructuosidad de la aseveración.

Así, el estilo de un creador puede encontrarse en la formalidad, el modo en que se acerca a la construcción de las ficciones que acomete (literatura, música o cine, de lo cual se ocupa esta nota) como también puede hallarse en los temas, en los centros semánticos (de significado, de lo que se pretende decir) que pueblan su obra, incluso en aquellas piezas que no parecerían poder contenerlos.

Por lo general, el estilo más acabado tiende a ser una sumatoria de ambos aspectos: el cómo filmamos (o escribimos, o componemos) y el qué filmamos van de la mano para componer aquello que puede entenderse también como la marca de autor o, más específicamente, su identidad.

¿Qué pasa cuando el estilo no sólo es elección, sino también una herencia? Las herencias, lo sabemos, se eligen. ¿Qué ocurre cuando el vástago de un creador decide seguir los pasos de su progenitor, buscando transitar las mismas aguas? Esa guía podría conducirnos a través de las obras de los Sofia y Roman Coppola, Jason Reitman, Jonas Cuaron y quien nos ocupa en esta humilde nota: Brandon Cronenberg.

¿Será la obra del Cronenmberg chico una continuación estilística y tal vez degradada, de la de su padre o encontrará en sus filmes el espacio para ser original y estampar su propia firma?

Hijo del siempre interesante (a veces muy a su pesar) director canadiense David Cronenberg, Brandon tuvo su muy aplaudido debut cinematográfico en el 2012 con AntiViral.

Sin entrar en el terreno del spoiler inútil, la sinopsis de la película es de una simpleza pasmosa: en un futuro cercano (muy cercano), en el que la llamada “cultura de la celebridad” ha llegado a su estadio máximo, a un summum casi impensable, la gente puede ir a unas clínicas muy boutique a hacerse infectar con las enfermedades que han aquejado a su ídolo/a de turno.

Es decir, por un modesto desembolso podemos sentir en carne propia (ya volveremos sobre esto) los efectos del HPV, herpes, virus estomacal o todo tipo de gripe (el 2012 quedó viejo más rápido de lo que esperábamos) que afecten a nuestra celebridad favorita y “conectar” con ella a un nivel biológico.

Bien podríamos afirmar que, a nivel argumental, este film seguiría la genealogía planteada por el mismo David (reparamos en la palabra “carne”, ¿verdad?). Intentemos separar la paja del trigo.

En primer lugar, este metraje no tiene empacho en utilizar (y podríamos decir: re-utilizar, en el sentido de despojo o degradación del material) la idea ya planteada por David (y las películas del movimiento conocido como “la nueva carne”) de que en sus narrativas deberíamos de ver al cuerpo, a la carne, como recipiente de significado.

Mejor dicho, deberíamos reflexionar en la carne como el marco, el tamiz,  la perspectiva de lectura a través de la cual encontramos, o exploramos, o experimentamos el significado. En otras palabras, todo pasa por nuestro cuerpo y nuestra carne, que está en decaimiento.

A partir de allí, el buen David abre una plétora de temas, a saber: los extremos y peligros de la biología y su experimentación (The Fly, Scanners), el cuerpo como camino al placer a la vez inescapable e insuficiente (Slither, Crash) y, tal vez, el que más nos interese aquí, aquel que percibe a la carne como receptáculo imperfecto de alguna forma del alma humana (o un alma en dos cuerpos, como se propone la película Dead Ringers con un multiplicado Jeremy Irons).

Será en esta lectura de filiación casi teológica donde encontraremos la conexión (y, a la vez, innovación), pues Brandon verá y propondrá al cuerpo como modo de acceder a la divinidad.

Y aquí es donde podemos comenzar a hablar específicamente de AntiViral pues, donde papá Cronenberg parece tener una predilección por las formas de la tecnología en evolución que nos rodea en todo momento, este metraje parece tomar un camino más “espiritual”. Así, si bien existen máquinas en esta fábula (máquinas que empacan, manipulan y finalmente patentan una enfermedad) las reflexiones de la película parecen moverse en una dirección que podríamos calificar de teológica o religiosa.

Lo que nos lleva a una primera interrogación: ¿mediante qué cuerpos aspiramos a conectar con lo divino?

En el mundo de AntiViral las celebridades están representadas a escala divina; por supuesto no en lo que pueden hacer o en su genealogía (nada de semi-dioses por aquí) sino desde la perspectiva de su ubicuidad y la multiplicidad de sentidos que conjuramos en su propia existencia. Aquello que percibimos en su ser biológico.

Como síntoma de una Gestalt que necesita algo de donde aferrarse para encontrar el sentido, en la película (por ahora, solo en la película…) la presencia semántica se pluraliza en ese cuerpo que sale en las noticias, en la PC, en el feed de nuestra “red social” preferida y que es, a la vez, lo que anhelamos, lo que nos falta y aquello a lo que tal vez podremos aspirar.

Ese cuerpo célebre es, o mejor dicho, se construye, como repositorio de varios sentidos… un hueco que llenamos a gusto y piacere. Alguna vez pusimos a la humanidad como todo en ese lugar, otra, a Dios; ahora es el turno de una amalgama pervertida entre ambos.

Y ahora sí, volviendo a la película, será lógico que el modo en el cual nuestro protagonista “vende” la enfermedad a los clientes tiene, con su repetición, con su cadencia, con los momentos las pausas y el objetivo final (compartir, conectar, vincularse) puntos en común con algunas de las formas verbales de la liturgia (un salmo, un rezo, un cántico ritual), sobre todo, aquellas de cariz occidental.

Lo que nos lleva a una segunda reflexión que posee como núcleo, también la conexión con la teología y sus representaciones y que, en este caso, tiene que ver con la ceremonia (o el ritual, si algún ateo está leyendo esta nota en particular) y cómo, en este film, la comunión, el rito (que también es receptáculo de significado) se encuentra lógicamente pervertido, descentrado por los modos formales y por el tema en cuestión.

Así como muy evidentemente había hecho su padre en Crash (con la representación ceremonial de los antiguos accidentes que se llevaron la vida de… sí, acertaron, numerosas celebridades), el Cronenberg joven propone que, en este mundo sediento de vínculo, toda forma del mismo será un reverso oscuro y degradado de las formas mayormente religiosas que conocemos y, como esta divinidad es construida, (y, por así decirlo, “de segunda mano”) los modos de acceder a aquellos también son espejos deformados de ritos y ceremonias ya conocidos.

La comunión será a través de una falla en ese cuerpo divino (o divinizado mediáticamente) pues es a través del “hueco” que permite el virus (recordemos: para que un virus funcione debe de sobrepasar nuestras defensas… sepan leer la metáfora) que se permite, a su vez, nuestra “entrada”, nuestra conexión con la estrella. Dicho de otro modo, es una falla, una grieta en el sistema biológico de esa divinidad manufacturada la que posibilita el tan deseado vínculo. 

Más aún: siguiendo con la idea de la degradación, el cuerpo se ha transformando en mercancía (bueno, Dios también, pero esa es una discusión para unos centenios, si les sobran) no solo patogénicamente sino que, en una no-metáfora mucho más burda, en este mundo existen “carnicerías de famosos” donde por unos cuantos morlacos uno puede comprar medio kilo de milanesa de Kardashian (o cualquier sea la celebridad de turno por estos tiempos… ¿Fede Bal?) para agasajarse. Así, en lugar de la metafórica hostia de la liturgia cristiana, aquí nos podemos comer la carne clonada de nuestros nuevos dioses con un buen vino… o algo que se le parezca.

Para resumir un poco este pantallazo temático del film de Cronenberg hijo: en AntiViral nuestro acercamiento a la divinidad se da a partir de las secreciones del cuerpo, de su decaimiento a manos de un virus o de versiones degradadas (lastimadas, heridas, cercenadas) de las representaciones de esa carne tan anhelada (sí, me pagan cada vez que escribo carne en este artículo).

En relación al terreno formal de la cinta (en el cual, a mi entender, podemos hallar la mayor diferencia entre ambos Cronenberg), cabría señalar dos dimensiones. La primera tiene que ver con el modo en que Brandon utiliza la cámara, ponderando los planos simétricos y una elección de colores pensada específicamente para generar contraste entre la rueda temática y la representación de la misma. Así, con ambientes que navegan entre el blanco y el negro (resaltados por una estética Art Noveau minimalista en la construcción de la mayoría de los sets), las explosiones de color (generalmente el rojo… obvio) y los cambios de ambientación (por otros más sórdidos y oscuros) sirven para reforzar la idea de que este mundo que parece sobrio y controlado casi al punto de lo inhumano, esconde una enfermedad purulenta por debajo… En esa misma línea, la segunda dimensión se refiere a la muy evidente unión entre uno de los aspectos temáticos mencionados más arriba y un aspecto eminentemente formal, pues visualmente encontramos una glamourización (divinización, quisiéramos decir aquí) del cuerpo enfermo, una suerte de intuición “aurática” muy efectiva en el modo de enfoque y de presentación. En criollo: sabemos que las celebridades no son dioses, pero hay algo en las escenas en que se los muestra que recuerda a la pátina de una pintura religiosa… una rendición renacentista del suplicio en los tiempos de la cultura Instagram.

Es en estas reversiones (o revisiones) formales llevadas adelante por Brandon Cronenberg que encontraremos las marcas de personalidad, de forma autoral, de estilo propio; su “firma” que, combinada con una lectura novedosa de la obsesión heredada nos lleva a considerar a una nueva e interesante voz, en un paisaje cinematográfico cada vez más árido.

La Primavera Árabe, una década después.

En los últimos días de diciembre de 2020 se cumplieron diez años del hecho que marcó el comienzo de lo que semanas después comenzaría a conocerse –entre otras denominaciones- como la “Primavera Árabe”. Cuando el joven tunecino Mohamed Bouazizi se inmoló frente al Palacio de Gobierno, el 17 de diciembre de 2010, desató mucho más que una protesta contra la corrupción gubernamental. 

Tras su muerte, el 4 de enero de 2011, las movilizaciones sociales en Túnez generaron que en menos de dos semanas su presidente, Zine el Abidine Ben Alí, dimitiera y se exiliara, terminando con un gobierno que llevaba ya más de veinte años. Pero esto no terminó allí: a lo largo del SOANA, acrónimo utilizado para abordar el Sudoeste Asiático y el Norte de África –vulgar y equívocamente denominado como África Árabe y Medio Oriente-, las manifestaciones y protestas se desplegaron, poniendo en evidencia que la situación en Túnez no era la excepción, sino más bien la regla. 

En Egipto las protestas terminaron también con el gobierno de Mubarak, y en Libia Gadafi fue asesinado tras varios meses de combates. En Siria la guerra civil aún persiste. Pero en el resto del SOANA, los vientos de cambio que esta primavera había levantado rápidamente se apagaron. Diez años después, las problemáticas que aquejaban a las sociedades del bloque regional subsisten, incluso con mayor intensidad. Veamos algunas.

Dependencia política y económica

Entre la Conferencia de Berlín (1884-1885) y el Acuerdo de Sykes-Picot (1916) se definieron para esta región mucho más que sus límites políticos: también se establecieron sus roles dentro del sistema internacional, orientando sus modelos productivos hacia un extractivismo proveedor de las materias primas –principalmente hidrocarburos- que sus colonizadores requerían.

Medio siglo después, los procesos independentistas vieron nacer a unos flamantes estados africanos y asiáticos que traían consigo promesas de igualdad y desarrollo al tiempo que trataban de diferenciarse de los dos grandes bloques en los cuales el mundo había quedado dividido tras la Segunda Guerra Mundial. La Conferencia de Bandung de 1955 fue una clara declaración de intenciones.

Sin embargo, las independencias pasaron a ser en poco tiempo una mera formalidad diplomática, puesto que la continuidad de los acuerdos económicos, las alianzas estratégicas y los conflictos intraestatales configuraron una situación en la que el vínculo pesaba más que la ideología. La llegada de la Primavera Árabe –poco tiempo después de la crisis capitalista del 2008- puso de manifiesto que la participación de las potencias extranjeras en los asuntos de Estado de los países del SOANA era más una necesidad que un inconveniente; y que la financiación a través del endeudamiento a cambio de la imposición de condiciones había desmantelado de forma irremediable los ya frágiles aparatos estatales.

Gobiernos prebendarios y cleptócratas

Los gobiernos que habían propuesto formas alternativas de desarrollo encarnadas por el panarabismo, el socialismo y la reivindicación de las identidades nacionales –cuyo mejor ejemplo fue Gamal Abdel Nasser en Egipto- fueron con el tiempo mutando en su accionar.

El establecimiento paulatino de gobiernos dictatoriales en la región –apoyados, claro está, por las potencias extranjeras- selló el destino de gran parte de los Estados del SOANA: gobiernos nepotistas, caracterizados por ser unipartidistas, prebendarios y cleptócratas, terminaron por configurar Estados bifurcados, con un desarrollo dual en el cual las elites gobernantes acaparaban tanto las ganancias de la producción económica como las coimas y sobornos que los actores transnacionales pagaban para tener exclusividad en determinadas áreas y explotaciones; mientras que el grueso de la población subsistía con poco más que lo estrictamente necesario, sin margen de movilidad social. Estos estados, vampirizados al máximo de las posibilidades, poco tenían para generar aquellas alternativas de desarrollo ideadas por los participantes de Bandung.

Sociedades postergadas

A la segregación espacial generada por este desarrollo dual la acompaña otro fenómeno: la polarización social construida a través de este modelo estatal de exclusión. Para una región cuyo crecimiento poblacional hace que la mayor parte de sus habitantes sean jóvenes, la continua postergación de un gran porcentaje de su sociedad es una problemática compleja, que con la crisis institucional generada a partir de las movilizaciones populares en 2011 tuvo como agregado dos efectos secundarios: el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos y el agravamiento del fenómeno migratorio. 

Sin posibilidades reales, pobreza y marginalidad son características indivisibles para el grueso de las sociedades del SOANA, algo que refleja una situación que cada día se hace más tangible en el resto del mundo: la creciente concentración de capitales en pocas manos, y la consecuente “centrifugación” de personas hacia una exclusión del mercado laboral –formal e informal- y del entramado social mismo sin reinserción en el horizonte. 

Diez años después

Tras la esperanza que desató la primavera, sobre la región se extendió un frío invierno de resignación. Una década después de iniciados los levantamientos populares, la situación general de la región poco ha cambiado: algunos nombres en los principales cargos, una o dos instancias de elecciones “democráticas” y después, el mismo panorama de siempre.

Alain Badiou hablaba –poco después de los atentados en Francia en 2015- de las nuevas prácticas imperialistas: formas novedosas de asegurar la explotación de recursos naturales sin tener que tutelar ni negociar con estados, sino a través del establecimiento de zonas de saqueo no estatizadas: un proceso que iniciaba con la desestabilización de los países a través de métodos directos e indirectos –desde el endeudamiento hasta la financiación de guerrillas- y que finalizaba con el desmantelamiento de los aparatos estatales, quedando el territorio fragmentado en múltiples y pequeñas unidades territoriales controladas por facciones, algo muy similar a lo ocurrido con Irak y, desde el surgimiento de la Primavera Árabe, con Libia. 

Sobre la inexistencia del estado, la facilidad para la obtención de recursos estaba asegurada. Quizás una década sea escasa para obtener conclusiones. Aun así, es necesario contemplar la posibilidad de entender los levantamientos de 2010 como una movilización de cambio genuina que fue sutilmente aprovechada para resignificar y profundizar las dinámicas colonialistas.

Extractivismo urbano, segregación espacial y exclusión social: La ciudad como un campo de batalla.

Las áreas urbanas son el resultado de un proceso histórico de producción social del espacio que se ha transformado y adaptado en función del contexto dominante. Desde sus primeras manifestaciones preindustriales hasta su explosión definitiva a partir del siglo XIX, el crecimiento de los espacios urbanos se convirtió en un indicador en continuo ascenso a nivel global.

En esta misma línea, a partir de las Revoluciones Industriales –con mayor énfasis en la segunda-, este proceso de expansión de las áreas urbanas estuvo vinculado inseparablemente a la idea del progreso, marcando un quiebre y una dualidad epistemológica y geográfica entre “lo urbano” y “lo rural” cuya vigencia es apreciable hasta nuestros días.

Sin embargo, el devenir de “lo urbano”, el desarrollo de las ciudades –que muchas veces nos es presentado como algo naturalizado, fetichizado- no ha estado exento de vaivenes, cuestionamientos y críticas tanto en lo que respecta a su organización territorial como en lo que al bienestar de sus habitantes. La inevitable inserción del factor económico y la llegada de los enfoques críticos a partir de la década de los 70´s, situación coyuntural que había dejado en claro que tras la llegada del neoliberalismo ni la gloria ni la opulencia de las economías y las sociedades podían expandirse sin generar desigualdades, puso sobre la mesa la urgente necesidad de comenzar a repensar y redefinir los espacios urbanos.

Un problema aún más complejo

Hace casi ya cincuenta años, en 1974 para ser específico, Manuel Castells publicaba su libro titulado “La Cuestión Urbana”, en el que ponía de manifiesto todas las contradicciones y las pujas de poder y política que se distribuían dentro de los espacios urbanos. Para el autor, en estos espacios se desarrollaba una dinámica particular, propia de lo urbano, que involucraba entre otras cuestiones a la idea de comunidad y a la posibilidad de conflicto, ordenadas -claro está- por una estructura de clases que opera como motor principal de la producción y reproducción de esta conflictividad dentro de un contexto político y económico signado por una creciente centrifugación de la masa trabajadora, en beneficio de unos actores ahora transnacionales que incrementaban exponencialmente su capital.

En el lapso que nos trae hasta la actualidad, esta cuestión urbana se ha ido profundizando gracias al desembarco de otras dinámicas de tipo económico, vinculadas tradicionalmente a las lógicas productivas de la agricultura, la ganadería, la minería y la explotación hidrocarburífera. De esta manera, el culto al consumo que el capitalismo neoliberal promueve no solo aceleró la extracción de materias primas para satisfacer las necesidades globales, sino que también generó el desarrollo de otro extractivismo, de tipo urbano, para el cual no hay ningún tipo de regulación ni control estatal.

Ese extractivismo urbano (del cual les dejo un texto aquí), trajo consigo una modificación sustancial del perfil de las grandes ciudades: la explosión de la construcción vertical, la gentrificación, la renovación urbana y la marketinización se convirtieron en procesos que simultáneamente se desplegaron sobre los espacios urbanos con un único objetivo, que es el de maximizar las ganancias sobre un espacio que hacía tiempo ya había llegado al límite de sus posibilidades.

Ciudad, ¿para quiénes?

El reciente proyecto del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que implica la rezonificación de los predios de Costa Salguero y Punta Carrasco para habilitar la construcción de torres sobre la costanera norte del Río de la Plata desató una discusión que puso en evidencia una cuestión que lleva tiempo escondiéndose detrás de frágiles maquillajes: ¿para quiénes está pensada la ciudad?

Solapada con la inexperiencia del contexto pandémico en materia de políticas, la promoción de este proyecto deja en claro que si existe una planificación en la ciudad (y esto no es patrimonio exclusivo de Buenos Aires sino de todas las grandes urbes), la única posible dentro de los espacios urbanos está destinada a los beneficios económicos de los grandes actores del mercado inmobiliario. En el camino queda el problema de regular el acceso a la vivienda –hoy imposible- los alquileres, la accesibilidad a los servicios básicos como el agua potable –que se volvió notorio, urgente pero irresoluto al inicio de la cuarentena en las áreas más pobres de la ciudad-, la apropiación de los espacios públicos por parte de los locales y franquicias, la educación, la salud pública, la contaminación y muchos otros más. En el marco de esta nueva cuestión social, la cuestión urbana deja en claro que al momento de pensar alternativas hace falta incluir al espacio como objeto de análisis y planificación, como soporte vital y como garantía para que las áreas urbanas no terminen siendo un reducto inviable de contaminación y hacinamiento tal como Engels –les dejo el texto aquí– supo reflejar en aquella temprana Manchester industrial de 1845.

Medio siglo después, los problemas que David Harvey, Henri Lefebvre o Manuel Castells -solo por mencionar algunos- evidenciaron no sólo no desaparecieron, sino que con la profundización de los mecanismos del capitalismo neoliberal globalizado se agudizaron, generando brechas socioeconómicas y territoriales irreparables, las cuales estallaron con la llegada de la pandemia y hasta el momento no han presentado alternativa o solución en el horizonte próximo. Esta Cuestión Urbana, devenida en cuestión socioespacial es hoy una urgencia que debe ser trabajada y que excede un simple análisis económico.

Enrique Santos Discépolo: Un obrero de la palabra.

2021, año del 120º aniversario del nacimiento de Enrique Santos Discépolo y 70º de su partida física. Digo física porque él fue esencialmente un ser metafísico que supo como pocos absorber e interpretar el dolor del mundo para plasmarlo luego en una obra inconmensurable, hoy bastante olvidada y aún postergada en su justa valoración. Dramaturgo, actor, cineasta, director, compositor y poeta. En todas estas disciplinas se destacó en mayor o menor medida. Pero fueron sin duda las de poeta y compositor sus facetas más ricas. Se lo suele recordar como una persona sufrida y deprimida, haciendo foco en la última etapa de su vida, la de Mordisquito, la de su ferviente militancia política y los ataques que recibió tanto física como verbalmente a causa de sus posiciones políticas durante los años del peronismo. Mucho se ha hablado sobre los boicots que sufrió y la enorme tristeza que lo llevó a la muerte. También se suele relacionar a ese hombre sufrido con su obra. Pero casualmente en esos años Discépolo no se dedicó a componer ni escribir tangos. Se dedicó al cine, el teatro y a la radio. La relación entre su tristeza personal y el dolor de sus personajes no es autobiográfica, al menos en lo que a sus últimos años respecta. Como tampoco existe relación biográfica entre él y sus tangos bufos como: Justo el 31, Chorra, Victoria o Esta noche me emborracho

Enrique Santos Discépolo fue un creador magistral, capaz de sintetizar en tangos de tres minutos historias de amor y redención, de horror y oscuridad, de fe y desesperanza, ironía y comedia. Pero esto no quiere decir que sus letras correspondieran directamente a sus estados de ánimo, ni a sus vivencias. Es innegable que en los personajes que creaba aportaba su cuota de pensamiento, de escepticismo, como así también muchas veces de esperanza. Pero no era un poeta que aguardaba a las musas para sentarse a escribir. Fue un obrero de la palabra. Se sabe que demoró dos años en escribir la letra de Uno, una de sus composiciones más aclamadas. Pero para poder entender mejor de dónde surge este modo tan terrible de escribir y representar a estos personajes, es necesario remontarnos al grotesco criollo, género teatral creado por su hermano y tutor, Armando Discépolo, reconocido dramaturgo. 

El grotesco criollo parte por influencia directa del grotesco italiano creado por el dramaturgo y novelista, premio Nobel en literatura: Luigi Pirandello. Este género se caracterizó por la exageración de sus personajes, —muy apoyados en la lógica de La Comedia del Arte, se destacó por mezclar la tragedia con la comedia y lo absurdo con una profunda carga de existencialismo en sus tramas y en la psicología de sus protagonistas. Pirandello se inspiraba en personas reales de su Sicilia natal para escribir sus obras, individuos comunes y corrientes, como así también características de su entorno y de su tiempo. Esto mismo fue lo que hizo Enrique Santos Discépolo. Fue desde esa misma premisa de la cual partió para crear sus tangos. Todo lo que él volcaba en sus letras provenía de su propia manera de ver el mundo y las personas y personajes que habitaban aquella Buenos Aires de los años 20 y 30. Si bien no fue el único ni el primero en llevar los modos teatrales a las letras del tango —vale citar a Alberto Vacarezza o Roberto Cayol, quienes venían del mundo del sainete—, la hazaña discepoleana consistió principalmente en contar aquellas historias desde la primera persona y dotar a sus personajes de una psicología tan elaborada dramáticamente como ningún otro letrista de la música popular lo logró alguna vez. Algo similar haría desde la literatura el admirado Roberto Arlt, por eso no es casual encontrar similitudes entre personajes de ambos, como los de Erdosain de Los Siete Locos y el protagonista del tango Confesión de Discépolo. Luego encontramos el condimento final de Enrique, que era el estar dotado de una enorme sensibilidad, la cual le permitía transmitir el dolor de aquellos personajes como si él mismo lo estuviera viviendo. No hay frase que sintetice mejor este concepto que la que le dedicara su gran amigo Homero Manzi en el tango que le dedicó junto a Aníbal Troilo poco antes de que Enrique falleciera: 

                  Te duele como propia la cicatriz ajena” (Discepolín, 1951)

Esta frase —que es nada más y nada menos que el elogio a una virtud lo pinta de cuerpo entero. Un artista al cual los dramas humanos no le eran indiferentes. Un hombre de profundos valores morales y espirituales que expresaba su bronca por la injusticia, la traición, la corrupción política y moral de su época. Pero lo hacía con ironía, riéndose muchas veces de lo ridícula de la vida misma, de lo fatal e irremediable de la existencia. Pero él no fue un mero existencialista, en su obra hay un lugar privilegiado también para la redención. Sus personajes siempre buscan ser salvados, se preguntan dónde está Dios, se pelean con Dios, quieren creer en él, no abandonan la fe y hasta el peor de los canallas de sus tangos es tratado con piedad. Estamos hablando de un artista popular que se atrevió a introducir la dramaturgia, el pensamiento y la espiritualidad a un género musical popular de orígenes humildes y logró que millones cantaran sus canciones y silbaran sus melodías. Porque, como si fuera poco, compuso la música de la gran mayoría de sus piezas. Además de poseer un gran talento poético, también lo tuvo para crear las melodías indicadas que acompañaran aquellos versos. 

Desde estas modestas líneas los invito a celebrar a Enrique Santos Discépolo y a redescubrir su tan preciada obra con este, tal vez uno de sus tangos más poderosos: Infamia. En la voz del gran Edmundo Rivero, acompañado por la orquesta del célebre pianista y compositor Héctor Stamponi. 

Infamia (1941)

Música y Letra: Enrique Santos Discépolo

La gente, que es brutal cuando se ensaña,
la gente, que es feroz cuando hace un mal,
buscó para hacer títeres en su guiñol,
la imagen de tu amor y mi esperanza…
A mí, ¿qué me importaba tu pasado…?
si tu alma entraba pura a un porvenir.Dichoso abrí los brazos a tu afán y con mi amor
salimos, de payasos, a vivir.

Fue inútil gritar
que querías ser buena.
Fue estúpido aullar
la promesa de tu redención…
La gente es brutal
y odia siempre al que sueña,
lo burla y con risas despeña
su intento mejor…
Tu historia y mi honor
desnudaos en la feria,
bailaron su danza de horror,
sin compasión…

Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal.
Por eso me dejaste sin decirlo, ¡amor!…
y fuiste a hundirte al fin en tu destino.
Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.
Anoche te mataste ya del todo y mi emoción
te llora en tu descanso… ¡Corazón!

Quisiera que Dios
amparara tu sueño,
muñeca de amor
que no pudo alcanzar su ilusión.
Yo quise hacer más
pero sólo fue un ansia.
¡Que tu alma perdone a mi vida
su esfuerzo mejor!
De blanco al morir,
llegará tu esperanza,
vestida de novia ante Dios…
como soñó.

(Fuente: https://www.todotango.com/musica/tema/160/Infamia/

Siria: 10 años de guerra.

Un poco de historia

El territorio de lo que hoy es la República Árabe Siria posee una historia de más de 16.000 años. A mitad de camino entre Europa, Asia y África ha constituido desde tiempos inmemoriales un estratégico cruce de rutas comerciales y de inmigración. Por esta zona han pasado decenas de civilizaciones: los primeros pueblos mesopotámicos que dieron origen a la escritura y a los asentamientos urbanos más antiguos de los que se tiene noticia (Mari, Ebla y Ugarit), los acadios, los asirios, los egipcios, los hititas, los persas, los griegos, los macedonios, los romanos, los bizantinos, los árabes, los cruzados, los turcos; entre otros.  Esto ha redundado en que, si bien se trata de un país mayoritariamente árabe y musulmán sunnita, Siria cuente con una importante diversidad étnica (kurdos, turcomanos, armenios, asirios, yazidíes) y religiosa (musulmanes chiítas, alauitas, drusos, cristianos de las más variadas iglesias, etc) 

Desde el siglo XVI Siria fue ocupada por el Imperio Otomano hasta que la derrota de éste en la Primera Guerra Mundial implicó, en virtud del Acuerdo Sykes-Picot, el reparto de sus territorios entre Gran Bretaña y Francia. Lo que hoy son Palestina-Israel, Jordania e Irak quedaron en manos británicas. Siria y Líbano fueron para los colonialistas franceses. En 1946 estos últimos se retiraron y los sirios lograron su independencia definitiva.

Entre 1958 y 1961, al calor del auge de las ideas del nacionalismo panarabista, Siria y el Egipto de Gamal Abdel Nasser conformaran las República Árabe Unida. A partir de 1963 la política siria estará dominada por el Partido Baas Árabe Socialista o Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baas en árabe significa justamente renacimiento o resurrección).  Los postulados de este movimiento político son: la unidad de la nación árabe, el antiimperialismo, el antisionismo y la defensa de la causa palestina, el laicismo y el socialismo. En 1972 el Presidente Hafez al Assad impulsa la creación del Frente Nacional Progresista para abrir la participación en el gobierno a otros partidos que acepten el liderazgo del Baas y los principios del socialismo y nacionalismo árabes. En el marco de la Guerra Fría Siria se constituirá en el principal aliado árabe del campo socialista liderado por la URSS. El modelo socio-económico baasista se fundamenta en la reforma agraria y el control estatal de los sectores estratégicos de la economía.

Todas estas políticas desatarán el odio de los sectores más reaccionarios del país y del mundo árabe y, por supuesto también, del imperialismo occidental. La oposición interna será liderada por los “Hermanos Musulmanes”, agrupación retrógrada y fundamentalista de origen egipcio con estrechos contactos con los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses. Al respecto la página web laicismo.org realiza una interesante semblanza de esta organización: a pesar de la retórica de su sentimiento anticolonial contra los británicos, desean el patronazgo del rey Farouk, que dirigía Egipto como títere bajo un régimen colonial dominado por los ingleses. La financiación de esta monarquía hacia estos islamistas comienza ya en 1940. El rey Farouk vio a los Hermanos como útiles para controlar el poder del mayor partido político en el país -el partido secular y nacionalista Wafd- y a los comunistas. Para 1942 los británicos ya habían comenzado de forma definitiva a financiar a la Hermandad. El dinero se canalizaba a través del gobierno egipcio. Este importante acercamiento permitió a los colonizadores buscar divisiones en la misma organización musulmana, como lo harían también contra los otros partidos y el mismo rey utilizando a los HM. Los imperios actúan sobre sus colonias dividiendo a las fuerzas y población del país, en este aspecto esta organización, los Hermanos Musulmanes, se mostraron especialmente útiles. Ya entonces también los veían como muy valiosos para disponer de «tropas de choque» y de «comandos suicidas» en tiempos de disturbios. Los colonizadores europeos y los estadounidenses hoy en día siguen con la mismo táctica militar, utilizando también a los HM y organizaciones próximas, como así han hecho en Siria y Libia, e hicieron en Yugoslavia de nuevo a final del siglo XX en Bosnia.” A su vez, con relación a la actuación de este grupo en Siria, el sociólogo español José Antonio Egido señala que “Los Hermanos Musulmanes declararon una guerra a muerte contra la República siria laica, socialista y antiimperialista. Guerra reactivada a partir de 2011 con consecuencias catastróficas. El 16 de junio de 1979 miembros de los “Hermanos” asesinan a sangre fría a 83 cadetes alauís de la Escuela de Artillería de Alepo. Tratan de asesinar al Presidente Hafez al Assad en julio de 1980 en la ciudad de Hama como también habían intentado asesinar en dos ocasiones al Presidente egipcio Nasser. En febrero de 1982 se levantan también en Hama para tomar el poder. Asesinan a 300 personas entre cuadros locales del Baas y ciudadanos alauís hasta ser aplastados sin contemplaciones por el Ejército. Los mismos “Hermanos” repiten a muchísima escala sus crímenes contra el pueblo desde el 2011 con el apoyo de los servicios especiales de EE.UU, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudí, Jordania, Turquía y Qatar”. 

El inicio de la guerra

El discurso deshistorizado y descontextualizado de los medios de comunicación occidentales respecto del conflicto bélico en Siria se ha afanado en ocultar sus causas reales (dialéctica de clases y de estados) y en presentar la guerra como un enfrentamiento sectario religioso (chiítas-alauitas vs. sunnitas) o como un “levantamiento democrático” contra la “dictadura” del Presidente Bashar al Assad.

La realidad es muy distinta. Es cierto que entre enero y marzo de 2011 se produjeron una serie de protestas motivadas en gran parte por la crisis socio-económica provocada por una intensa sequía que hizo estragos en un país donde el sector agrícola es uno de los pilares de la economía. Ahora bien, como señala Antonio Torres: La inmensa mayoría del país y sus principales ciudades, Damasco y Alepo, no solo permanecieron ajenas a estas manifestaciones de protesta contra el gobierno, salvo excepciones poco significativas, sino que fueron escenario de grandes manifestaciones de apoyo al presidente Al Assad”. 

Lo que ocurrió en marzo de 2011 es que los sectores reaccionarios e integristas (respaldados por los imperialistas occidentales, las satrapías árabes del Golfo Pérsico y Turquía) aprovecharon un contexto marcado por la crisis económica, las protestas y la convulsión generada en la región por la llamada “Primavera Árabe” para lanzarse al asalto violento del poder. En efecto, en aquella fecha comienza la guerra de agresión terrorista contra la República Árabe Siria: “El primer episodio violento tuvo lugar en la ciudad sureña de Daraa en marzo de 2011 cerca de la frontera jordana…Grupos armados asaltaron la sede local del Baas y provocaron disturbios con un saldo de 42 muertos reconocidos por el gobierno…Posteriormente en la localidad de Jesser Al Shougour de 42 mil habitantes, grupos armados de palos y cuchillos asaltaron la sede del servicio de Correos, edificios de las fuerzas de seguridad y la sede del Baas causando la muerte de 82 policías que fueron lanzados al río Orontes tras ser salvajemente mutilados…En la ciudad de Hama siguió en agosto otro levantamiento en el que radicales provistos de armas automáticas y lanzagranadas RPG causaron problemas y obligaron al Ejército Árabe Sirio a intervenir. En Homs el 19 de abril de 2011 el coronel de la policía Abdo Al Khoder al Talaoui es bárbaramente asesinado junto a sus dos hijos y su sobrino…Para finales de 2011 los terroristas son capaces de ocupar el barrio de Homs llamado Bab Amro donde instalan su dictadura contra el pueblo al grito muy revelador de su ideología criminal de “¡Los cristianos a Beirut y los alauís a la tumba!”.

Es así como se inició una guerra que ya lleva 10 años y ha implicado la destrucción de la infraestructura del país, más de 300.000 muertos y 5.000.000 de desplazados y refugiados.

Los grupos terroristas

La miríada de grupos yihadistas y fundamentalistas que asolan Siria desde 2011 tienen como base ideológica el salafismo, es decir, la corriente más oscurantista y retrógrada del islam.  La palabra “salafismo” tiene su origen en la expresión árabe al salaf al salih (“los antepasados devotos”), en referencia a las tres primeras generaciones de musulmanes. Esta corriente defiende una interpretación literalista, textual, rigorista y reaccionaria de las escrituras y enseñanzas de Mahoma. Por su parte, el salafismo político es la versión militante de esta corriente religiosa y se inspira en los principio de los “Hermanos Musulmanes” que ven en la acción política el camino para la instauración de un régimen acorde con su visión del islam. A su vez, el salafismo yihadista es el movimiento terrorista que busca la implantación de un Estado islámico o Califato mediante la violencia y la guerra.

Arabia Saudita (principal aliado occidental en la región, junto al régimen israelí) constituye el respaldo ideológico y financiero de estos grupos. Se trata de una monarquía absoluta, misógina y reaccionaria basada justamente en los principios de una corriente del salafismo llamada wahabismo. Con los ingentes ingresos petroleros el régimen saudí ha venido financiando generosamente con cientos de millones de dólares al  wahabismo salafista para crear escuelas, mezquitas, periódicos y reclutar grupos terroristas a lo largo y ancho de todo el mundo musulmán. Grupos que han sido utilizados por la satrapía saudita y sus patrones norteamericanos para destruir gobiernos y países de línea independiente. Es así que estas hordas de criminales fueron lanzadas primero contra la República Democrática de Afganistán en la década de 1980, en la década de 1990 en Bosnia contra la República Federativa Socialista de Yugoslavia, en 1998-1999 en Kosovo contra la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro), en el mismo período contra la Federación Rusa en Chechenia y el Cáucaso norte y en 2011 contra la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista liderada por Muamar el Gadafi (a quien terminaron asesinando brutalmente) y contra la República Árabe Siria.

El más conocido de estos grupos que ha actuado en la guerra de Siria es el “Estado Islámico de Irak y el Levante” (ISIS por sus siglas en inglés o Daesh en árabe). Financiado por Arabia Saudita y Qatar, se ha caracterizado por la brutalidad de sus métodos: decapitaciones públicas, crucifixiones, ahogamientos, mutilaciones, linchamientos, fusilamientos masivos, violaciones, etc. Otra banda criminal de similares características es el “Frente Al Nusra”, filial en Siria de “Al Qaeda”. El “Movimiento Nour al-Din al-Zenki” es otro de los grupos islamistas, financiado por Arabia Saudita y la CIA. Entre 2014 y 2017 Estados Unidos le entregó misiles antitanque BGM-71 TOW. En Siria también actúa “El Ejército del Islam o Yeish al-Islam”, anteriormente llamado “Liwa al-Islam”, también conocido como la “Brigada del Islam”. Es responsable del atentado en Damasco de julio de 2012, en el que murieron el Ministro de Defensa Dawoud Rajiha, el Viceministro de Defensa Asef Shawkat y el Asistente del Vicepresidente Hassan Turkmani. En diciembre de 2013 (junto a “Al Nusra”) cometieron una masacre contra civiles cristianos, drusos, alauitas e ismailíes en la ciudad de Adra. Por su parte, existe otro grupo terrorista llamado “Ejército Sirio Libre”, formado por desertores del Ejército Árabe Sirio y mercenarios. Es el brazo armado del “Consejo Nacional Sirio” (coalición opositora con sede en Estambul) y tiene el apoyo de Turquía, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Supuestamente moderado y “laico”, ha participado en numerosas ocasiones en acciones armadas junto a las bandas islamistas.

Estos son sólo los grupos más importantes, pero existen muchos más. Integrados en gran parte por terroristas y mercenarios extranjeros: se han llegado a contabilizar 87 nacionalidades diferentes, aunque el país que más yihadistas aporta es Arabia Saudita. En 2013 había en Siria cerca de 248.000 matarifes salafistas.

La cuestión kurda

Los kurdos son un pueblo de origen indoiranio que no posee un estado propio y se encuentra repartido entre los estados de Turquía, Irak, Siria e Irán. Su idioma es el kurdo y son mayoritariamente musulmanes sunnitas. La población kurda de Siria se ha concentrado históricamente en Hasaka, Afrin y algunos barrios de Damasco y Alepo. Gran parte de los kurdos presentes en Siria tienen un origen inmigratorio: son el producto de las diversas olas de refugiados y exiliados que han huído de Turquía por la represión y las matanzas llevadas a cabo por el Estado turco. 

En 1978 se crea el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Turquía. Se trata de una guerrilla que originariamente adhiere al marxismo-leninismo y que emprende la lucha armada contra el régimen turco con la finalidad de lograr un Estado kurdo independiente y socialista. Hasta el año 2000 Siria apoyó política y militarmente al PKK. Iñaki Urrestarazu señala que “Bases del PKK fueron instaladas en el valle de la Bekaa libanés bajo control del gobierno sirio, mientras que Damasco estuvo protegiendo y alojando  al líder del PKK Öcalan desde 1980 hasta 1998. El norte de Siria se convirtió en centro de operaciones y en uno de los mayores viveros del PKK con la complicidad del gobierno de Assad, permitiendo que los kurdos pudieran optar entre hacer  el servicio militar en Siria o luchar en el PKK en Turquía”. En 1998 el gobierno sirio cesa este apoyo debido a las presiones y amenazas militares de Turquía.

Al iniciarse la guerra contra la Siria baasista en 2011 los kurdos se declaran “neutrales”. El Ejército Árabe Sirio se retira de los enclaves con una importante población kurda en el norte del país (Afrin, Kobane y Hasaka) para poder defender las grandes ciudades y confía la defensa de estos enclaves a las milicias kurdas: las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo). Estas organizaciones han luchado contra el ISIS, destacándose en la batalla de Kobane (septiembre de 2014-marzo de 2015).

En 2015 las YPG comienzan a recibir apoyo y asesoramiento militar de los Estados Unidos. La entrada de Rusia en el conflicto en septiembre de ese año decide a los estadounidenses a dar ese paso como una alternativa complementaria a los yihadistas en sus planes de balcanizar Siria y debilitar y derrocar a su gobierno. El ya citado analista español Iñaki Urrestarazu señala que  “La entrada en acción de Rusia, empujó a los EEUU a plantearse la creación en octubre del mismo año, tras la batalla de Kobane, de una alternativa complementaria al ISIS, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Las FDS compuestas básicamente por kurdos de YPG incorporan yihadistas del ESL para crear un combinado con apariencia más universal, más siria, menos kurda,  y poder ir sustituyendo al ISIS en el Este del Éufrates, objetivo territorial marcado por los EEUU para las FDS,  para cumplir las mismas funciones que el ISIS, pero con una cara menos bárbara, con una cara incluso “progresista”.

A partir de aquí las YPG y las FDS con apoyo militar estadounidense irán ocupando territorios y permitiendo la instalación de bases de las fuerzas armadas de Estados Unidos al este del río Eufrates con el fin de privar al gobierno de Damasco de recursos energéticos y agrícolas y balcanizar el país. Es decir, estas milicias kurdas pasaron a actuar como mercenarios al servicio de los imperialistas norteamericanos.

Israel y Turquía

Israel y Siria se han enfrentado en tres guerras (1948,1967 y 1973) y tuvieron en los últimos 70 años innumerables choques, escaramuzas y enfrentamientos menores. El Estado sionista ocupa ilegalmente desde 1967 los territorios sirios de los Altos del Golán. Entre ambos países no se ha firmado un acuerdo de paz y no existen relaciones diplomáticas. Siria no reconoce la existencia del Estado de Israel. Además, el gobierno de Damasco constituye un bastión del nacionalismo árabe, un apoyo inquebrantable a las resistencias palestinas y libanesa y el principal aliado de la República Islámica de Irán.

Por todo ello, la eventual caída del gobierno del Baas sirio y su reemplazo por los lacayos islamistas de la OTAN o la destrucción y balcanización del la República Árabe Siria constituirían triunfos de primera magnitud para el régimen israelí y consolidarían aún más su hegemonía e impunidad en la región. En virtud de esto, a pesar de declararse neutral en la guerra que sufre Siria desde 2011, el Estado de Israel ha realizado incontables ataques aéreos contra el Ejército Árabe Sirio y sus aliados iraníes y libaneses. Además, el gobierno israelí ha prestado ayuda económica, militar, logística y médica a los terroristas que atacan Siria.

Por su parte, Turquía (país miembro de la OTAN) ha efectuado una constante injerencia en el conflicto sirio. El Presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su “Partido de la Justicia y el Desarrollo” adhieren a una orientación islamista y son muy cercanos a los “Hermanos Musulmanes”. A su vez, Erdogan emprendió en los últimos años una política exterior cada vez más agresiva basada en los presupuestos del neo-otomanismo, es decir, la búsqueda de extender la influencia de Turquía en los países y regiones que antiguamente formaban parte del Imperio Otomano.  En función de todo esto, el gobierno turco se involucró desde el comienzo de la guerra contra Siria apoyando a los “rebeldes”. Por ejemplo, el grupo “Ejército Sirio Libre” ha recibido entrenamiento y apoyo militar desde y en territorio turco. También el régimen de Erdogan se dedica a reclutar, alojar, entrenar, armar y transportar miles de mercenarios para que combatan en Siria. A su vez, el ejército turco ha permitido el tránsito a través de la frontera de integrantes del ISIS y el tráfico de petróleo que dicha organización terrorista realiza para financiar sus actividades criminales. Además, Turquía brinda asistencia militar, logística y económica al “Frente Al Nusra”.

Como si todo esto fuera poco, desde 2016 Ankara ha lanzado cinco operaciones militares en distintas localidades del norte de Siria con la finalidad de desalojar de la frontera a las milicias kurdas de las YPG (cercanas al PKK) y crear una “zona de seguridad”. Actualmente las fuerzas turcas ocupan aproximadamente el 5% del territorio sirio. El territorio controlado por Turquía en Siria abarca las ciudades de Afrinal-BabAzazDabiqJarabulus y Rajo y los puestos de observación en la provincia de Idlib.

Los aliados de Siria: Irán, Hezbollah y Rusia

Desde el comienzo de la guerra la República Islámica de Irán ha proporcionado apoyo financiero, técnico y militar a Siria para repeler la agresión terrorista. El respaldo militar incluye el despliegue de asesores y de tropas en el terreno. Estas tropas pertenecen principalmente al “Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica”, que constituye una rama de élite de las Fuerzas Armadas iraníes creada para defender el sistema islámico poco después de la Revolución de 1979. También se encarga de las operaciones militares en el extranjero a través de su “Fuerza Quds”. Esta fuerza ha tenido una destacada actuación en Siria luchando y derrotando a los terroristas de ISIS y otros grupos yihadistas. Su jefe, el General Qasem Soleimani, fue vilmente asesinado por los Estados Unidos el 3 de enero de 2020 en Bagdad. Fue la venganza de la camarilla gobernante estadounidense por su liderazgo y heroica actuación apoyando a la Siria baasista y contribuyendo de manera esencial a la derrota de ISIS.

Hezbollah es un partido-milicia libanés chiíta de carácter antisionista y antiimperialista fundado en 1982 como respuesta a la invasión israelí del Líbano e inspirado por la Revolución islámica iraní. Es uno de los partidos políticos más importante del pequeño país árabe y cuenta con representación parlamentaria y con varios ministros en el gobierno libanés. A su vez tiene un importante brazo armado que incluso ha llegado a humillar a Israel en la guerra del Líbano de 2006. Hezbollah es un histórico y fiel aliado de Siria e Irán.

Desde el 2012 Hezbollah ha intervenido en la guerra de Siria apoyando a las fuerzas gubernamentales enviando a sus milicianos a luchar en el terreno junto a las fuerzas sirias e iraníes contra las hordas yihadistas. Cientos de sus militantes han caído en combate durante el conflicto.

Por su parte, Rusia es un tradicional aliado de la República Árabe Siria, alianza que viene de la época soviética. Hafez al Assad, Presidente sirio entre 1971 y 2000 y padre del actual, era un militar de la aviación que había recibido adiestramiento y educación en la Unión Soviética. La URSS apoyó diplomática y militarmente a Siria en sus guerras contra Israel. En 1971 sirios y soviéticos firmaron un acuerdo por el que estos últimos podían utilizar como base naval para su Armada el puerto de la ciudad siria de Tartús. Esta base fue heredada por Rusia luego de la disolución de la URSS y posee una importancia estratégica para la potencia euroasiática pues es su única base en el Mar Mediterráneo y un activo importante a la hora de proyectar poder en el Medio Oriente.

Rusia es un aliado vital para Siria. Es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y dicha posición le ha permitido vetar las resoluciones anti-sirias patrocinadas por las principales potencias occidentales. Además tras la experiencia de la guerra civil libia, donde las resoluciones de la ONU fueron sobrepasadas por el accionar de la OTAN, el gobierno ruso decidió proteger la soberanía siria. Moscú ya no está dispuesto a permanecer impasible cuando un aliado histórico es destruido por los imperialistas occidentales. Asimismo la Federación Rusa ve en la guerra terrorista contra Siria una amenaza contra su propia seguridad pues en el país árabe hay un gran número de terroristas yihadistas de nacionalidad rusa (generalmente originarios de las regiones de Chechenia y Daguestán), lo cual representa un peligro para las regiones rusas de población musulmana. Se debe tener en cuenta que aún permanecen activas pequeñas células terroristas en el Cáucaso norte como rescoldo de la guerra de Chechenia.

En este sentido y a petición del gobierno sirio, Rusia inició su intervención militar anti-terrorista el 30 de septiembre de 2015. Esta operación consiste básicamente en una campaña de bombardeos aéreos contra las fuerzas terroristas y ha sido invaluable para Siria pues ha permitido que las fuerzas patriotas pasen a la ofensiva y recuperen el territorio perdido: al iniciarse la actuación militar rusa gran parte del país había caído en manos de los diversos grupos yihadistas y en la actualidad el gobierno legítimo controla la mayoría del territorio y prácticamente ha ganado la guerra.

Conclusión

Entre 1989 y 1991 cayó el muro de Berlín y desaparecieron la URSS y el campo socialista que ésta lideraba. EEUU alcanzó el paroxismo de su poder: el mundo bipolar posterior a la Segunda Guerra Mundial había trocado en unipolar. Los estadounidenses gozaban de un poder sin límites ni contrapesos para hacer y deshacer a su gusto. Enseguida pusieron manos a la obra: efectuaron la “Operación Tormenta del Desierto” contra el Irak baasista de Saddam Hussein, liquidaron la República Federativa Socialista de Yugoslavia, expandieron la OTAN hacia las fronteras de Rusia incorporando países que habían formado parte del Pacto de Varsovia y ex repúblicas soviéticas, en 1999 bombardearon Serbia para desgajar la región de Kosovo y construir allí un “estado” títere que albergue la mayor base militar estadounidense en territorio extranjero, en 2002 invadieron Afganistán, en 2003 arrasaron Irak violando olímpicamente la legalidad internacional y en 2011 bombardearon Libia y ayudaron al derrocamiento y asesinato de Muamar el Gadafi. También en 2011 los imperialistas occidentales, los reaccionarios árabes, Turquía e Israel lanzaron la agresión contra la República Árabe Siria. Ya en 2002 éste país había sido colocado en el “eje del mal” por George W. Bush. Después de invadir Irak y destruir Libia, le tocaba el turno al gobierno baasista, antiimperialista y panarabista del Presidente Bashar al Assad. Su liquidación implicaba barrer con el último escollo existente para el control total de Medio Oriente y preparar el terreno para atacar a la República Islámica de Irán. Pero el mundo ya no era el de la década de 1990: China había emergido como nueva superpotencia económica, tecnológica y militar y Rusia se había recuperado de la debacle que implicó la disolución de la URSS. Es decir, a esta altura el mundo se encontraba a las puertas de una reorganización del Sistema Internacional, pues había surgido un grupo de potencias emergentes que buscaba lograr una nueva distribución de poder para poner fin a la hegemonía occidental encabezada por los Estados Unidos. Esta es la razón profunda por la que los agresores de Siria están siendo derrotados, además de la resistencia heroica de su pueblo. En su impotencia y ya que no pueden vencer militarmente se han propuesto ahogar económicamente al país y privarlo de los recursos necesarios para su reconstrucción mediante sanciones financieras y el saqueo de sus pozos petroleros al este del Éufrates. No pueden aceptar que el orden mundial está cambiando y que la impunidad de la que gozaron desde la caída de la URSS se desvanece. Un nuevo mundo está naciendo en Siria: un mundo multipolar.

TeNeT: Ser y pérdida.

  

Pocos directores tienen sus obsesiones tan a flor de piel como Christopher Nolan.

Ya desde su film presentación —que no el primero—, Memento, seguido por la remake de la película Insomnia, y apoyado por la taquillera tríada que significó The Prestige, Inception e Interstellar, Nolan se caracteriza por poner en jaque las estructuras narratológicas básicas, los puntos de apoyo ya pautados y la pretendida linealidad que cimienta nuestra experiencia a través de un trabajo de deconstrucción de las coordenadas del espacio y, fundamentalmente, el tiempo.

Por supuesto, no se trata del único director con un interés particular por la estructuración de los devenires transitorios del relato. Ahí está Tarantino y sus pletóricos flashbacks. También Woody Allen, quien le debe mucho crédito de la seminal Annie Hall al editor de la misma, quien aseveraba que no había mucha historia allí, pero que “barajando el mazo” podía darse una alquimia única. En las manos de Nolan, sin embargo, el tiempo deja de ser una herramienta para generar interés, sorpresa o misterio —como es habitual—, para recuperar una suerte de subjetividad propia de la experiencia humana —no percibimos el tiempo linealmente, lo sabemos, solo lo ordenamos así para hacerlo inteligible— y transformarse en un artefacto maleable y cambiante a partir de los filtros de la experiencia, la memoria o el deseo.

Por eso TeNeT parecía la película ideal para poner toda la carne al asador y demostrar sus habilidades. Con un plot a medio camino entre la sci-fi y el relato de espías —que ya había transitado con mucho éxito en Inception—, la idea del ataque de un futuro en ruinas sobre un pasado que es el responsable del mismo —cataclismo mediante a piacere— a través de la “inversión” de la temporalidad subjetiva, tanto de objetos como de personas —¡que las cosas van pa’trás, hombre!—, TeNeT era fértil no solo para explorar la formalidad de la dirección del buen Chris, sino también para promover la reflexión en torno a esos temas.

Sin embargo, falla… y, creo yo, acá está lo interesante de este artículo, la falla no está donde la mayoría cree encontrarla, sino en el corazón emocional de la obra.

Para que se entienda, se ha planteado a Nolan como un director frío, tal vez demasiado enamorado del artificio a la hora de contar una historia. Sin embargo, nuestra clave de lectura es que la pericia, la forma de estructurar sus historias a través de la no-linealidad, los saltos entre temporalidades y la disrupción del devenir, por así decirlo, son un síntoma, una demostración extrema y metafórica de un proceso muy humano, a saber: la pérdida.

La pérdida de nuestro centro emocional destruye nuestra capacidad de ordenar la narrativa de nuestra vida, ya sea en uno u otro aspecto, transformando nuestra experiencia en caos. Para Nolan, la pérdida “hecha carne” en las personas que nos rodean, en las personas que amamos, es el motor de la disgregación de los pilares que sostienen nuestros procesos cognitivos en la concatenación de eventos que configuran nuestra narrativa personal; o, más exactamente, la narrativa personal de todos sus personajes.

Sin mencionar la tríada obvia de la que hablé más arriba, incluso películas que no le pertenecen íntegramente como la ya indicada Insomnia o las de la franquicia de Batman —sobre todo la primera— poseen flashbacks que se relacionan con una pérdida que “marca” a los personajes y “descalabra” su mundo. Para Nolan, sin la persona querida, todo lo que queda es un caos de memorias, recuerdos y sueños que, según Borges, son mitad recuerdo y mitad olvido; un rompecabezas que tenemos que armar.

Esto tiene una doble función a la hora de entender el relato. En primer lugar, la pérdida es una emoción fácilmente identificable —todos hemos perdido a alguien— que hace que, aún presentada con trazos gruesos —las esposas e hijos que se pierden en las narrativas de Nolan son poco más que arquetipos funcionales— de algún modo entendamos y apoyemos a los personajes. En segundo lugar, nos hace creer que existe un pasado más allá de los bordes de la película: estos personajes han vivido, han tenido relaciones profundas y, sobre todo, han errado, haciendo que podamos sentir, sopesar y entender su “gravitas”, su peso en cada uno de los flashbacks. En cada uno de los recuerdos que vemos, intuimos la presencia de muchos más…

Lo que nos lleva de nuevo a TeNeT, donde no tenemos una pérdida que impulse a nuestros personajes a la acción —aunque eso no significa que no haya motivaciones— y la construcción de las relaciones que podrían acercarnos a este proceso de identificación queda a mitad de camino. Es decir, que aquello que podría hacer las veces de núcleo “sentimental” está debilitado por varias razones y, en primer lugar, como ya hemos dicho, por la falta de pasado.

Relacionado con lo anterior y bloqueando esta posible «herida», del cuarteto de personajes que protagonizan la obra, solo uno de ellos —Sator, el villano— tiene una interesante historia previa a la cual se referencia semi-pormenorizadamente en la propia película; para todos los demás, y sobre todo para «El Protagonista», la historia comienza con los primeros compases de la cinta y sabremos solo lo que ha de ocurrir de allí en adelante.

Esto, que de algún modo no es casual, sino parte del diseño narrativo que sostiene el film, lamentablemente atenta contra la identificación con nuestro protagonista, debilitando sus posibilidades. Sí, nuestro personaje quiere salvar al mundo; sin embargo, sin un pasado que lo sostenga, sin una razón anclada en su propia historia, todo queda hueco de potencia emocional.

Lo que nos lleva, a mi modo de ver, al segundo de los errores de la película, inscripto en la decisión de dividir lo que podría ser el núcleo emotivo del film en dos historias paralelas —que habrán de cruzarse.

Fiel a su estilo de basarse en tropos y arquetipos familiares a la hora de construir los relatos, las relaciones entre los personajes de TeNeT están fundadas alrededor de dos moldes narratológicos fácilmente reconocibles, en los que no termina de encajar: por un lado, el de la “Buddy Movie” —que va desde Arma Mortal, hasta casi toda la filmografía de Shane Black— y, por el otro, el del interés romántico que es a la vez “activo” y complicación —muy a lo James Bond… una vez más, volviendo sobre caminos ya transitados. En el caso de la “Buddy Movie”, cifrada en la relación del protagonista con Neil (un muy solvente Robert Pattinson), la falta de momentos clave donde hablen de sí mismos, de su historia, sus traumas, deseos o motivaciones, de, una vez más, su pasado —muy necesaria característica de ese tipo de narrativa— en favor de largas escenas donde solo unos detalles salen a la luz, tal vez perdidos entre tanta exposición —uno de los puntos débiles de Nolan… ahora y siempre—, son insuficientes como para que nos creamos, para que “compremos” la peculiar amistad que estos dos personajes están destinados a construir. Un guionista más ducho en exposición y desarrollo se las arreglaría para que ambos estén entrelazados —recordemos al Hans Landa de Tarantino y la primera escena en la cabaña de los La Pedite—, pero Nolan necesita tiempo y enfoque para que esto funcione.

La segunda, más cara al corazón y las sensibilidades de Nolan, tiene que ver con una suerte de triángulo, al que llamarlo amoroso sería excesivo, según creo, que se estructura entre “El Protagonista”, el villano y su esposa —lindo trabajo de Elizabeth Debicki— que, como ya dijimos, toma como base el clásico nudo de las películas de Bond, en que el héroe debe seducir a la compañera del villano para ganar algún tipo de ventaja. Aquí, el cimiento de esa relación no es romántico, sino que se construye en razón de la compasión que “El Protagonista” desarrolla por esta mujer y la búsqueda de alejar a su hijo de la influencia de su malvado padre.

Nobleza obliga, es admirable que Nolan no haya optado por el facilismo de presentarnos este subplot romántico tan remanido; sin embargo, una vez más, que el protagonista sea un espectador o, en el mejor de los casos, un facilitador de los objetivos de la madre, hace que vea un poco esta relación “desde afuera” y la buscada conexión resulte descentrada. Una vez más, si Nolan hubiera decidido manejar este argumento de modo romántico hubiera sido cliché, pero también más identificable desde el punto de vista de la audiencia.

Habiendo dicho eso, se hace obvio que al acometer ambas relaciones desde cero y estar cruzadas por las —hay que decirlo— francamente espectaculares escenas de acción, las pretendidas conexiones están apresuradas, sean incompletas o no toquen al protagonista directamente. ¿Dónde está la apuesta personal? ¿Qué pone en juego como individuo? Hay, sin embargo, una oportunidad perdida de generar esta conexión entre personaje y pasado en la historia de Sator —uno de los pocos flashbacks de la película— que, de haberse aprovechado, haría que la película deviniera una suerte de loop infinito… pero no se dió.

Así, sin “apuestas” más humanas, los lazos emotivos que cruzan al protagonista resultan un tanto evanescentes, pues en lugar de espejar y entrelazar las grandes problemáticas —salvar al mundo— con dilemas más personales —venganza, expiación, cierre—, como Nolan ha hecho con otras películas de su filmografía —sobre todo Inception y, paroxísticamente, Interstellar, en TeNeT se contenta con la amenaza a gran escala como único fin del camino.

Lo que nos lleva a la tercera falla de la película: sin el núcleo emocional que lo contenga, el “high concept” se transforma en puro formalismo… y en un problema. 

Por más impresionantes que sean los efectos de la “inversión” temporal y las escenas que los contienen, sin el ancla emocional, sin buenas relaciones entre buenos personajes, el “high concept” se transforma en pura pericia técnica, pura mojada de oreja que aliena a las grandes audiencias —y no nos engañemos: Nolan es un hacedor de blockbusters, no es David Lynch ni Wes Anderson. Cuando aparece esta “falla”, cuando el núcleo es “tambaleante”, la audiencia se enfoca en otro aspectos del metraje y el mismísimo “high concept” se presenta a un mayor escrutinio por parte del espectador. La duda ante las mecánicas que sostienen ese mundo ficticio —inexplicables, seamos sinceros— nos hace reparar en las explicaciones más de lo que a la película le convendría.

Hablando en criollo: si en el cine estamos más ocupados pensando en cómo funciona un elemento de la historia en lugar de preocuparnos por las peripecias de los personajes… tal vez no todo esté funcionando bien.
Que se entienda: a pesar de estas “fallas”, TeNeT es un espectáculo digno de verse y de un disfrute más que pasajero… es, de alguna manera, el mejor tipo de fallo, el que ocurre cuando la ambición sobrepasa algunas capacidades… Como ya dijo alguien —vaya uno a saber quién—: si vas a fallar, por lo menos que sea en grande.

Paritarias 2021: el desafío de la recomposición salarial en medio de la crisis

La irrupción de la pandemia de covid-19 asestó un fuerte golpe a la ya crítica situación económica argentina. El cierre de miles de empresas y comercios se reflejó en una caída aproximada del 10,8% del PBI en el 2020. A este panorama de por si complicado, debemos sumarle las tensiones inflacionarias que amenazan con sobrepasar la estimación oficial para este año y acercarse al 50%. En este contexto ¿qué podemos esperar de los acuerdos paritarios del 2021? 

Sobre llovido, mojado

A los problemas estructurales y a la crisis económica heredada del macrismo, se sumaron las consecuencias de la pandemia mundial de covid-19. 

La necesidad de preparar el sistema sanitario para enfrentar la aparición de una enfermedad desconocida, implicó adoptar una cuarentena que tuvo implicancias en el nivel de actividad económica. Al igual que en la mayoría de los países, la paralización de ciertas actividades consideradas no esenciales y las restricciones a la movilidad de las personas, generó una ola de cierre de empresas, una importante caída en la recaudación del estado y un fuerte aumento del desempleo y la pobreza.

Tanto desde los sindicatos como desde el estado se buscó desarrollar propuestas a fin de morigerar los efectos económicos negativos de las necesarias medidas sanitarias. Por un lado, en algunos de los rubros más golpeados –como hotelería y gastronomía– empresarios y gremios acordaron reducciones salariales o suspensión de personal a fin de mantener las fuentes de trabajo. A su vez, desde el gobierno, se tomaron una serie de medidas como la prohibición de despidos, la ayuda económica a las empresas para pagar sueldos (ATP) y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). 

Hacia el último trimestre del 2020, las medidas de progresiva flexibilización de las restricciones sanitarias posibilitaron un proceso de recuperación de la actividad económica y el empleo, incluso algunos rubros retomaron el nivel prepandémico. Y en esa etapa final del año, muchos gremios retomaron la discusión por las paritarias, que habían quedado demoradas por el efecto de la pandemia. 

Tomando en cuenta los diferentes acuerdos paritarios firmados a lo largo del año por los distintos gremios se registró un aumento promedio del 32%. La incertidumbre económica y sanitaria influyo en la metodología de negociación entre los sindicatos y las patronales, en donde se destacó el uso de bonos y sumas fijas, así como acuerdos por periodos cortos (menos de un año) y en algunos casos la introducción de un compromiso de revisión de lo pactado.

Año nuevo, problemas viejos

El escenario actual se evidencia complejo, con una economía deprimida donde además no está descartada la necesidad de volver a implementar una cuarentena estricta en el caso de un agravamiento de la cuestión sanitaria por la llegada de un nuevo rebrote. A su vez, este año presentará otras dos particularidades, que probablemente influyan en la discusión paritaria: las elecciones legislativas de medio término en octubre y, por otro lado, el proceso electoral que afrontaran algunos de los más importantes gremios de la CGT, los cuales repercutirán en la posterior renovación de autoridades de la central sindical.

La situación económica parece que seguirá demostrando altos niveles de desempleo y pobreza, así como un nivel de actividad aletargado y un recrudecimiento de las tensiones inflacionarias. Es probable que los gremios más golpeados por la situación sanitaria tiendan a negociar –como en el 2020– la estabilidad laboral de sus representados más que a presionar por mejorar el ingreso. Por otro lado, las actividades que han salido menos afectadas por la pandemia y han logrado consolidar su crecimiento, probablemente si se centren en lo salarial y busquen equiparar los aumentos con la inflación, que por lo evidenciado en los primeros meses de 2021, sobrepasará la estimación oficial establecida para el Presupuesto de este año en 29%.

Las elecciones legislativas que tendrán lugar en octubre son cruciales para el gobierno de Alberto Fernández. En dichos comicios se juega la posibilidad de fortalecer su gobierno mediante el control de la Cámara de Diputados, donde actualmente es minoría, y conservar su dominio en la Cámara de Senadores. La elección, además de ser importante en términos de gobernabilidad, mostrará la fuerza o no de su proyecto de cara a 2023. En ese sentido, una recuperación de la capacidad de compra de los salarios puede influir directamente en el humor social y mejorar las posibilidades electorales del Frente de Todos.

También se desarrollarán elecciones internas en algunos de los gremios más importantes (Alimentación, metalúrgicos, bancarios, ferroviarios, telefónicos, municipales porteños, entre otros), en las cuales se define no sólo la conducción de éstos sino también los representantes que dichos gremios envían a la CGT, situación que definirá cuál de los sectores internos en pugna (“gordos” o moyanistas) quedará al frente de la central obrera. Por lo que las necesidades electorales y la voluntad de poder de algunos de los oficialismos gremiales puede que estimulen la búsqueda de cerrar mejores acuerdos salariales.

El escenario planteado

A la golpeada economía nacional recibida por Alberto Fernández al asumir su cargo presidencial, se le sumaron los efectos –económicos y sanitarios– de la terrible pandemia de covid-19 que azotó al mundo entero. El magro bolsillo de los trabajadores argentinos mira con esperanza las negociaciones paritarias, aunque la actual situación del país anticipa ilusiones limitadas. 

Este es, en el mejor de los casos, el escenario de los trabajadores registrados –tanto públicos como privados–, que son alcanzados por los convenios colectivos y las leyes laborales, pero no debemos olvidar que algunas estimaciones afirman que cerca del 50% de la masa total de trabajadores del país, compuesta por los trabajadores informales (“en negro”), monotributistas y cuentapropistas, no se ve amparada por las mejoras salariales y laborales que surgen de las paritarias.

Finalmente solo quedan preguntas ¿cómo reaccionará la economía argentina este año? ¿lograran alcanzar los salarios al nivel de inflación de este año? ¿podrán los trabajadores mejorar su poder adquisitivo? ¿sufriremos un rebrote de covid-19? ¿qué será del sector de los trabajadores informales?

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