La República de Yemen, situada al sudoeste de la península arábiga, limita con Arabia Saudita al norte, con Omán al este, con el golfo de Adén y el mar Arábigo al sur y con el mar Rojo al oeste. Es el país árabe más pobre y, por si eso fuera poco, es el escenario de una cruenta guerra civil e internacional que ha causado uno de los peores desastres humanitarios de la historia. La guerra ha provocado más de 110.000 muertos y 3,6 millones de desplazados. El 80% de sus 30 millones de habitantes sobrevive gracias asistencia humanitaria internacional. La hambruna amenaza a gran parte de la población: según la Agencia de la ONU para los Refugiados, más de 7,4 millones de personas necesitan asistencia nutricional, incluidos 2,1 millón de niños y 1,2 millones de mujeres embarazadas o lactantes que sufren desnutrición moderada o severa. A esta situación hay que sumar una epidemia de cólera, el dengue y el COVID-19. ¿Pero cómo es que se llegó a una catástrofe de tal magnitud? Para responder esta pregunta debemos hacer un poco de historia.

Una historia convulsa

La desintegración del Imperio Otomano luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial derivó en la independencia del Reino de Yemen en el norte del país bajo un gobierno hereditario teocrático en manos del imanato zaidí y en la constitución de un protectorado británico en el sur. En 1962 estalla una guerra civil en el reino del norte cuando las fuerzas republicanas y nacionalistas árabes cercanas a la línea del líder egipcio Gamal Abdel Nasser derrocan al imán Mohamed al Badr. Egipto y la URSS apoyaron a los republicanos, mientras que Arabia Saudita, Jordania y EEUU apoyaron a los monárquicos. Nasser envió más de 70.000 soldados a Yemen del Norte y su compromiso en este conflicto terminó afectando el desempeño de las Fuerzas Armadas egipcias en la Guerra de los Seis Días de 1967. La guerra culminó en 1970 con la victoria republicana y la proclamación de la República Árabe de Yemen. 

Mientras en el sur se desarrollaba una guerra de guerrillas para expulsar a los colonialistas británicos que finalmente se retiraron en 1967. Como consecuencia de ello llegó al poder el Partido Socialista de Yemen y se proclamó la República Democrática Popular de Yemen de carácter marxista-leninista y alineada con la URSS, la República Popular China y el resto de países del bloque socialista.

A diferencia de lo que ocurría en Alemania, Corea o Vietnam, las relaciones entre ambos Yemen fueron relativamente amistosas; habiendo incluso varias tentativas de unificación. Durante la década de 1980 hubo importantes avances en ese sentido y la caída de la URSS aceleró el proceso de unificación que culminó con la unidad de ambos países en 1990. No obstante esto, enseguida estallaron las diferencias pues los acuerdos firmados no fueron cumplidos por el Norte, la reforma agraria fue desmontada y el laicismo acordado no fue implementado. En 1994 el Sur se subleva e intenta la secesión desatándose una breve pero cruenta guerra civil que culmina con la victoria del Norte. El analista Iñaki Urrestarazu considera que se trató más bien de una “invasión en toda regla del Sur por parte del Norte para liquidar todos los vestigios del socialismo, con importantes matanzas de militares y civiles, expulsando a miles de funcionarios y militares de sus puestos de trabajo y privatizando de nuevo las tierras”. El mismo autor señala que el líder del Norte Ali Abdullah Saleh “para poder salir victorioso de esta contienda tuvo que echar mano de todas las fuerzas reaccionarias de la región, como Arabia Saudita, y las fuerzas imperialistas con EEUU a la cabeza, y tuvo que reactivar el yihadismo integrista nacional e internacional forjado en la guerra de Afganistán”. Saleh, que era presidente de Yemen del Norte desde 1978, fue electo como primer mandatario del Yemen unificado en 1999 y utilizó su poder para consolidar un régimen autocrático monopolizando el gobierno durante los años venideros con el apoyo de EEUU y Arabia Saudita.

En 2004 hace su aparición el movimiento insurgente chiíta zaidí Ansar Allah (partidarios de Dios), también conocidos como Hutíes por el nombre de su líder fundador, el clérigo Husein Badrudin al-Huthi. En ese año los Hutíes se levantan en armas contra el régimen de Saleh acusándolo de aplicar una política de discriminación hacia los zaidíes y de ser un lacayo de Israel y los Estados Unidos. A fines de 2004 las fuerzas de Saleh mataron a al-Huthi. Ansar Allah continuó con la lucha armada hasta que en 2010 se llegó a un cese al fuego. Los Hutíes tienen su base territorial y social en la provincia norteña de Saada, que limita con Arabia Saudita.

La guerra actual

En 2011, al calor de la llamada “Primavera Árabe”, se produjeron en Yemen importantes protestas y movilizaciones pidiendo el fin de la represión, de la corrupción y de la pobreza y la salida del poder de Saleh. El 3 de junio de ese año, fuerzas rebeldes tribales atacan el Palacio Presidencial. Al día siguiente, 4 de junio, Saleh se trasladó a Arabia Saudita para recibir tratamiento médico por sus graves heridas; quedando encargado de la presidencia el vicepresidente Abd al-Rab Mansur al-Hadi. Finalmente en noviembre de 2011 se llega a un acuerdo entre la oposición y el gobierno por el que Saleh abandona la presidencia a cambio de garantías de inmunidad para él y sus colaboradores. Hadi asume entonces como presidente. En febrero de 2012, Abd al-Rab Mansur al-Hadi resultó elegido presidente en unas elecciones en las que fue el único candidato y en las que contó con el apoyo tanto del partido del régimen, el Congreso General del Pueblo, como de la mayoría de los partidos de oposición. Los Hutíes boicotearon las elecciones y no se incorporaron al nuevo gobierno de concentración. No obstante ello, aceptaron tomar parte en la Conferencia de Diálogo Nacional apoyada por Naciones Unidas. Pero mantuvieron sus milicias armadas, se convirtieron de hecho en el gobierno de Saada e incluso expandieron el territorio bajo su control. A su vez los enfrentamientos entre los Hutíes y sectores islamistas sunnitas del Ejército continuaron.

En septiembre de 2014 los Hutíes se apoderaron de Saana, la capital de Yemen, dejando a Hadi como presidente nominal pero sin poder real. En enero de 2015 surgieron nuevos enfrentamientos y Ansar Allah puso a Hadi y al gobierno bajo arresto domiciliario, ante lo cual Hadi dimitió. El 6 de febrero los Hutíes establecieron un Consejo Revolucionario presidido por su líder Abd al Malik al-Huthi, hermano de Husein Badrudin al-Huthi. Un mes después Hadi escapó a Adén, la antigua capital de Yemen del Sur, y en un discurso televisado declaró que la toma del poder por los Hutíes era ilegítima y que seguía siendo el presidente constitucional del país. En marzo Ansar Allah inicia una ofensiva y toma Taiz, la tercera ciudad de Yemen, y llega a las afueras de Adén. El día 25 Hadi huye hacia Arabia Saudita y solicita la intervención militar de éste país.

El 26 de marzo de 2015, Arabia Saudita y los demás estados que forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo (Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y Kuwait) inician la Operación “Tormenta Decisiva” mediante bombardeos aéreos contra Ansar Allah. A su vez, forman parte de la coalición internacional Egipto, Jordania, Sudán, Marruecos y Senegal. Los argumentos que utilizan los saudíes y sus aliados para intervenir en Yemen se basan en el principio de defensa propia del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y en la Carta de la Liga Árabe para defenderse de la agresión Hutí y de la amenaza de Al Qaeda y del Estado Islámico. Sostienen que las milicias Hutíes no respondieron a las advertencias del Consejo de Cooperación del Golfo, los Estados árabes y el Consejo de Seguridad, que violaron el derecho internacional y que acumulan armamento pesado en las fronteras de Arabia Saudí.

Las verdaderas razones políticas y estratégicas para la intervención militar son muy distintas. En primer lugar Riad considera que los Hutíes son apoyados por Irán, su principal rival regional, y en tal sentido constituirían una amenaza militar en sus propias fronteras. Además, existe el temor a que un régimen de Ansar Allah impulse el levantamiento de la minoría zaidí del Reino, concentrada en la región de Najrán, lindera con las gobernaciones yemeníes de Saada. Por otra parte, se encuentran las razones geopolíticas, a saber: el control del estrecho de Bab-el Mandeb. Dicho estrecho es una vía natural de navegación que separa Asia de África a través del mar Rojo y el golfo de Adén y conecta el mar Rojo con el mar Mediterráneo a través del canal de Suez. Constituye un cuello de botella estratégico para el tráfico de petróleo proveniente del Golfo Pérsico. Se calcula que el 10% del petróleo transportado por agua pasa por allí. Se estima que en 2018 pasaron por el estrecho 6,2 millones de barriles por día. Resulta evidente pues la importancia que este paso marítimo tiene para los sauditas y también para las potencias occidentales. De hecho EEUU, Gran Bretaña y Francia han estado colaborando con la campaña militar liderada por Arabia Saudita mediante ingentes ventas de armamentos, apoyo logístico e información de inteligencia. Tratan de evitar que Yemen y la costa oriental del estrecho de Bab el-Manded caigan bajo el control de los Hutíes, un movimiento de talante anti-occidental y antiimperialista.

Otros actores intervinientes

Además de los Hutíes y de la coalición liderada por Arabia Saudita, en el conflicto de Yemen intervienen otros actores. En primer lugar, hay que señalar al Consejo de Transición del Sur, un movimiento separatista que busca la independencia de Yemen del Sur y tiene el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos. En un primer momento este grupo combatía del lado de Hadi contra Ansar Allah pero a medida que los intereses de los sauditas y los emiratíes se fueron divorciando también pasaron a combatir contra el presidente. Abu Dhabi ha utilizado esta guerra para expandir su poder geopolítico en la región y establecer bases militares en el Cuerno de África pero teme a la mala imagen internacional provocada por los bombardeos indiscriminados y la catástrofe humanitaria generada. También los Emiratos Árabes Unidos se han alarmado por la escalada de tensión con Irán y buscan concentrarse en su propia seguridad. Sin embargo, los emiratíes han conseguido su objetivo: asegurarse una zona de influencia en la costa sur y occidental de la península Arábiga a través de las milicias que han entrenado y financiado en el sur de Yemen (entre ellas el Consejo de Transición del Sur). Abu Dhabi está interesado en los puertos de ese país, las rutas marítimas y las islas (en especial, Socotra, a la entrada del golfo de Adén). En cambio Riad no ve con buenos ojos al movimiento separatista del sur y su objetivo estratégico sigue siendo la restauración en el poder de Hadi.

Otro actor importante en este conflicto es el partido islamista Al-Islah, rama yemení de la organización salafista Hermanos Musulmanes. Es un respaldo de vital importancia para las fuerzas de Hadi pues constituye el segundo partido del país y cuenta con un importante apoyo entre la población sunnita.

A su vez actúan también en el escenario yemení Al Qaeda y el Estado Islámico. La primera es conocida como Al Qaeda en la Península Arábiga o Ansar al-Sharia. Se trata de la filial más violenta de la organización y gracias al caos reinante en Yemen ha logrado hacerse con el control de algunos territorios, principalmente en la región de Hadramaut (centro del país). El grupo yihadista combate contra todos los demás actores intervinientes en el conflicto. Desde 2009  Estados Unidos realiza una campaña de ataques con drones contra sus miembros. Por su parte, Estado Islámico ha visto en el colapso estatal de Yemen un contexto ideal para expandir su radio de operaciones y crear aquí nuevas provincias para su pretendido Califato. Busca a convertir la guerra civil en curso en un conflicto sectario de sunníes contra chiíes mediante atentados salvajes e indiscriminados contra los Hutíes.

Finalmente hay que mencionar a las fuerzas leales al ex presidente Saleh. A pesar de haber sido acérrimos rivales, los Hutíes y Saleh sellaron una alianza contra Hadi. Gracias a ello la insurgencia zaidí logró ocupar la capital del país y derrocar al presidente. Fueron las fuerzas del Ejército yemení que se mantuvieron leales a Saleh las que les abrieron las puertas de Saana. Pero en 2017 Saleh estaba en tratativas con Arabia Saudita para volver a cambiar de bando y los Hutíes lo asesinaron. No obstante ello una parte del Ejército se mantuvo como aliado de la guerrilla zaidí.

Conclusión

En marzo de 2015 comenzó la operación militar de una coalición de países árabes y musulmanes liderados por Arabia Saudí para restaurar en el poder al presidente del país, Abd al-Rab Mansur al-Hadi, al que la coalición de Hutíes y seguidores del ex presidente Saleh forzó a dimitir. Lo que parecía iba a ser una intervención fácil y rápida, dada la abrumadora superioridad militar saudita, ha desembocado en una caótica guerra que involucra múltiples actores, en un desastre humanitario sin precedentes y en un dolor de cabeza para Riad pues su tropas han sufrido cuantiosas bajas debido a la habilidades guerrilleras de Ansar Allah que se han visto potenciadas por lo montañoso y escarpado del territorio del norte yemení. Los Hutíes se han convertido en una pesadilla para Arabia Saudita por los constantes ataques a sus bases militares, el lanzamiento de misiles sobre su territorio y los ataques con drones a refinerías e instalaciones petrolíferas y aeropuertos.

Con el paso del tiempo las dificultades militares causaron tensiones en la coalición internacional provocando la salida de varios miembros y la necesidad de reemplazar sus soldados con tropas mercenarias. Tensiones que han alcanzado a Arabia Saudí y a Emiratos Árabes Unidos motivadas por diferencias tanto en la estrategia como en los objetivos a conseguir en esta guerra. Para Riad resulta esencial acabar con un movimiento insurgente cercano a Irán que amenaza con expandirse a sus regiones meridionales. En cambio para los emiratíes los Hutíes representan una amenaza mucho menor pues no comparten fronteras con Yemen. A su vez Emiratos Árabes Unidos apoya al Consejo de Transición del Sur para que este logre la independencia de Yemen del Sur y le permita controlar la entrada del mar Rojo y el puerto de Adén.

Por otro lado, el cambio de gobierno en los Estados Unidos (principal aliado y proveedor de armamentos de Riad) significa un nuevo problema para los sauditas. Trump había apoyado sin miramientos a la monarquía y su intervención en Yemen y, además, se había retirado unilateralmente de acuerdo nuclear firmado con la República Islámica de Irán durante la presidencia de Obama. Pero la reciente llegada de Biden a la Casa Blanca cambió la situación. La intención de la nueva administración estadounidense es volver al acuerdo y avanzar a una cierta distención con Irán para estabilizar Medio Oriente y concentrarse en la contención de China. En este sentido el nuevo presidente norteamericano sacó a los Hutíes de la lista de organizaciones terroristas donde habían sido colocados por Trump unos días antes de que terminara su mandato y es partidario de limitar la ayuda militar a Arabia Saudita a lo estrictamente defensivo.

No obstante estos movimientos diplomáticos la guerra sigue día a día y no parece tener visos de terminar en lo inmediato. El final del sufrimiento no está cerca, lamentablemente.

Abrir chat
1
¿Necesita ayuda?
Meridión
Hola, ¿en qué podemos ayudarte?